Libertad de Amarnos ღ Capítulo Único

28 mayo 2016

Libertad de Amarnos ღ Capítulo Único


Han pasado un par de meses y nuestra relación ha ido... bien. Lo hemos ocultado bastante y todo parece normal entre la gente que nos rodea: nuestra madre y el instituto.

Cuando mi madre vio que nuestra relación de hermanos había mejorado después de esos grandes impaces, era la más feliz del mundo. Pero el hecho de mantener en secreto lo que había pasado, y sigue pasando, me deja un poco intranquilo. No así para mi hermano que se lo toma de lo más natural y eso me frustra un poco porque sigue pensando como un pequeño niño... como en éste momento en específico.

Ahora caminamos por lo pasillos del instituto y mientras él me abraza de los hombros, muy meloso me susurra al oído que quiere tener sexo en los baños: su fantasía después de algunos días.

No encuentro nada de meloso esto pero para él, lo es.

—AJ, ¿puedes dejar de decir estupideces? —le murmuro.

—Bueno, ¿es que no puedo tener fantasías contigo en cualquier lugar donde mi imaginación vuela?

Paré en seco y dije entre dientes —. Hermanito —recalqué serio —, estamos en el instituto.

Él observó a su alrededor como todos los chicos y chicas nos miraban espectantes. Seguíamos siendo populares, aunque más AJ por su "proeza" de acostarse con dos en casa —lo cual me sigue molestando—. Sin embargo, no le parecía importar lo que dijeran. Eso me fastidiaba y se lo hice saber un millón de veces.

AJ alzó ambos hombros —. Ellos piensan que es una conversación cariñosa entre hermanos.

—Es que no lo entiendes. Antes caminábamos uno al lado del otro, sin abrazos ni nada. Estás siendo, además de cariñoso, muy evidente.

—Entonces qué quieres, ¿que vuelva a las andanzas? —dejó de abrazarme y su mirada caló en los míos mostrándome furia en ellos.

—Eso benificiaría a tu estatus de popular —dije en medio broma pero él no parecía tomárselo del mismo modo.

—Estás bromeando.

—Piénsalo. Tú eres el que más cuida su imagen aquí porque yo ya pasé a ser el romántico y pendejo de los dos.

—No puedes estar hablando en serio —replicó atónito.

—Así no pensarán que eres homosexual.

—Kiseop, ¿crees que eso me importa?

—Debería.

—Contigo no se puede hablar. Me voy —enrrumbó hacia su clase con las manos en los bolsillos.

—Adiós, hermanito —grité por lo alto.

Evidentemente, las personas cercanas que intentaron escuchar nuestra conversación, afirmaban un posible quiebre en la relación de populares. Quizá no están tan equivocados. Y es que con esa broma, también quería tomar distancia entre los dos.

Me alegro de no tener la misma edad y topar en las mismas clases. Me adentré a la mía y me senté bruscamente en el asiento.

—Hey, cuidado —cauteló mi amigo.

Y aunque nadie lo podría creer, tengo un amigo real dentro de todo este show.

—¿Qué pasa ahora?

Nuestro ojos toparon y se comunicaron sin interrupciones. Él era bastante perceptivo y sabía lo que podría o no pasarme.

—Tu hermano, ¿verdad?

—Debo confesar que a pesar de que nos conocemos poco, me conoces mucho.

Rió —. Piensas que eres un enigma pero, en realidad, eres tan fácil de leer. ¿Por qué fue?

—Por una cosa estúpida —hice una mueca.

—¿Acaso te quiere en la cama?

Esa pregunta muy inocente de su parte, punzó mi estómago brotando unos nervios que ni mi cara podía controlar porque se me notaba el impacto de la misma. Mi corazón latió desesperado, me sudaban las manos y sentí la gota correr por mi frente.

—¿Kiseop? —me tocó el hombro —. Oye, que estoy bromeando.

—Por supuesto —y a pesar de ser una, no podía estar ahí.

Soohyun era perceptivo y creo que lo era demasiado.

—Profesora, ¿puedo salir? Me siento mal.

—Pero si acabamos de empezar.

—Por favor —supliqué y dio resultado.

—Está bien. Asegúrate de ir a la enfermería.

—Lo haré —me fui sin darle explicaciones a mi amigo pero ya hablaríamos.

Me decidí por ir al baño para refrescar mi rostro. De seguro con eso me relajaría.

Me impresiona lo que Soohyun dice porque puede no saber lo que pasa y con cada cosa que habla, acertando inconscientemente, me pone aún más nervioso.

—Maldición... —golpeé el lavamanos.

—¿Por qué maldices?

Escuché esa voz conocida a mi espalda. ¿Cómo puede haber tanta coincidencia ahora, cuando antes nunca lo hubo? Pues él parecía adivinarlo todo también.

—Ah, tú.

—¿Ah, tú? Que manera de recibir a tu hermano.

—No estoy para escuchar tus chistes, AJ.

—¿Qué pasa? —calmó su voz.

—Me siento mal... Creo que volveré temprano a casa.

—Quieres que te lleve —preguntó asustado y me agarró de la cintura.

—Me sé el camino de vuelta —alejé sus manos —. No debería tener estos acercamientos aquí.

—Estamos solos.

—Pero aún estamos en el instituto.

—Siempre andas preocupado de que nos vean —refunfuñó.

Lo miré furioso desde el espejo —. Es obvio. Nos pueden descubrir.

—A mí no me...

—A tí no te importa pero al que juzgarán es a mí.

Seguíamos observándonos a través del espejo y en su rostro se notaba la furia contenida.

—Tienes razón —afirmó descontento —. ¿Tu ingeniosa idea sigue en pie?

Abrí mis ojos enormemente. No pensé que lo que dije se lo tomaría tan mal y... quería detenerlo pero la tortura de seguir con esto no me dejaría tranquilo, y prefería dejarlo ir para estar bien conmigo... aunque me doliera.

—Si es lo que quieres —bajé la mirada y abrí el grifo para mojar más mi rostro.

—Lo haré —dijo sin titubear —. Y lo haré porque tú me lo pides —escuché sus pasos hasta cerrar la puerta.

¿Qué tipo de infierno era éste? El sentimiento del dolor a no ser correspondido era muchísimo menor al de sentir que te dejan y me destrozó. No creo ser exagerado pero me dolía horrores y esto, aunque no lo quería, lo veía venir.

Es así como durante unas semanas no llegamos juntos al colegio y, en vez de estar con él en los pasillos, me reunía con Soohyun en la entrada, trayecto del día y salida, y sabía que era por la supuesta discusión de hermanos.

Soohyun estaba equivocado y lo agradecía.

Reconocía el hecho de que somos hermanos, que somos de sangre y que lo pasado era más que un capricho de ambos.

Jaeseop salía temprano de casa y las veces que nos encontrábamos, era con una chica en sus brazos. Lo miraba de reojo y simulaba no sentir nada, lo que era todo lo contrario. En casa volvimos a lo de antes: él durmiendo en la cama matrimonial y yo en el sofá.

Era viernes y finalmente un relajo después de tanto ajetreo, y lo será en las próximas semanas ya que me graduaré.

—¡Mamá!

—¡Aquí, hijo! —como siempre, ella se encontraba en la cocina.

—Mamá, he sacado nota máxima en tres pruebas —sonreí como Huasón.

—¡Eso es excelente!

—Felicitaciones —escuché el sarcasmo de AJ mientras aplaudía.

No hablamos por semanas y ahora quiere fastidiarme. De seguro.

—Gracias —y, por supuesto, yo no iba a ser irrespetuoso —. Bueno, iré a ducharme y ver si puedo tomar una pequeña siesta.

—¿Estás enfermo, hijo? —mi madre se acercó y me inspeccionó.

—No, sólo me duele un poco la cabeza. Ya sabe, lo exprimí mucho por hoy.

Ella rió —. Así es. Mereces un descanso —y me dejó ir no sin antes darme un beso en la frente.

Pasé por el lado de AJ sin siquiera mirarle, ni decir una palabra, porque no se lo merecía. Desde el momento en que me enteré de sus nuevas andanzas, me decepcionó. Pero es lo que me busqué.

Recogí un poco de mis cosas, incluyendo mi Ipod, para relajarme en la bañera. Ese era mi momento especial y único. También recurrí a mirar al horizonte como lo hacía antes: son mis métodos de meditación.

Y uno de ellos fue interrumpido por AJ al golpear la puerta.

—Qué quieres.

—¿Podemos hablar?

Rodé los ojos. ¿Acaso me estaba tomando el pelo? ¿Acaso no puedo tomar mis momentos con tranquilidad?

—¿Tiene que ser ahora?

—Es aquí o lo es en la habitación. Tú decides.

Ay, no. La habitación era lo bastante grande como para querer perseguirme y hacerme suyo en... ¡Idiota! Que cosas pienso.

—Está bien —me levanto y seco parte de mi cuerpo. Fui a abrir la puerta y ahí se encontraba viéndome con unos enormes ojos —. Pasa —dije y le di la espalda para reincorporarme a la bañera nuevamente.

Tiene que haber sido una gran impresión el hecho de que lo haya recibido completamente desnudo, olvidándome de que estaba nuestra madre. Más tarde me regaño por eso.

AJ seguía parado ahí y con los ojos posando sobre mí.

—Entra y cierra la puerta —él asintió —. No pretendas timidez cuando me has visto desnudo muchas veces.

—¿Y qué pasa con el hecho de que han pasado semanas sin... tocarte?

—Eso no es tema —corté —. ¿De qué quieres hablar?

—Es sobre lo que has visto y oído en el instituto.

—Soy ciego y sordo ante eso. No me interesa.

—¿Debo recordarte que tú lo sugeriste?

—Sí y me alegro tanto de que me hicieras caso —dije irónico —. Que obediente de tu parte: hacerle caso al hermano mayor, fíjate.

Soltó un aire pesado —. No te entiendo, Kiseop.

—Por supuesto que no. Lo bueno de todo esto es que me hizo comprender y replantearme de que esto era simplemente un capricho y, por qué no decirlo, un experimento para tí —quiso hablar pero lo detuve —. Si lo fue, debo decirte que eres una excelente persona de sentimientos. Tienes unos labios y lengua enloquecedores y tus caricias me hicieron estremecer y querer más, sabes explorar cada rincón del cuerpo y eres un semental de primera —lo miré de reojo —. Lo tienes todo, Jaeseop. No tendrás problemas futuros.

—No sé que pensar al respecto —dijo anonadado.

—Agradécemelo. Fui el primer hombre en tu vida sexual y de confianza, por lo que puedes confiar en mi opinión.

—Piensas mucho en tí, pero no en mí.

—Claramente. ¿Sabes por qué? Porque al momento de estar contigo traicioné la razón: esa que me decía que tuviera decencia, respeto por la sangre, y dejé guiarme por el corazón: débil, inocente e ingenuo. Y fue una decisión que me tortura cada día aunque haya disfrutado contigo cada noche y sólo por nuestra madre, AJ.

Lástima es lo que sentía por mi hermano porque no sufrió tanto como yo y menos tomaba conciencia del asunto.

—Pero no te preocupes, me queda poco para salir del instituto. Lo que resultará un alivio para tí porque pienso mudarme.

Después de tomar un gran respiro, de haberme desahogado de estas palabras, volví a mirar a Jaeseop con los ojos aguados y tragándose sus sollozos por el... ¿dolor? Pero era la verdad y la verdad realmente duele.

—Ahora vete —dije por último.

Él salió del baño sin rechistar y muy demacrado... aunque no tanto como yo.

Me tomé unos minutos más en el baño y en vez de relajarme, me dejó gusto a poco por la interrupción.

Cuando regresé a la habitación, él estaba acostado bocabajo en su cama. Yo fui directo al sofá y escuché un sollozo medio fuerte. No podía creer que esto pasaría en serio: verlo llorar más que cuando se disculpó por ultrajar nuestra cama matrimonial, eso me destrozaba a pesar de ser el malo de la película. Así que me dirigí hasta la orilla de la cama y posé mi mano en su espalda.

—No llores, por favor.

—¿Acaso el hombre no puede llorar?

—No seas tonto, yo también lo hice y no es malo.

—Esa vez te dolía porque pensaste que no eras correspondido y fue todo lo contrario. Sin embargo, ahora te quieres ir y dejarme solo —volvió a sollozar.

—No lo veas de ese modo —froté su espalda —. Míralo por el lado positivo de que encontraré un trabajo bueno y podré ayudar a ambos. Sobre todo para tu último año y por si quieres ir a la universidad, también te ayudaré.

—Te irás —recalcó.

—El rubro no está por estos lares y tendré que mudarme para estar cerca el trabajo. Viajar desde aquí es mucho ajetreo y sería más cansador para mí.

No escuché palabras de él y pensé que estaba durmiendo, así que esperé unos minutos más y me levanté despacio para no despertarlo.

—No te vayas —me agarró de la muñeca.

—Es mejor dormir para calmar las emociones, hermano.

—No me gusta que me digas hermano.

—Eso es lo que somos.

—Me importa un carajo.

Tiró de mi y me acercó a él. Me abrazó tan fuerte como si con esto me convencería de quedarme y no dejarme ir. Yo pienso que es ahora cuando comprende cuanto me destrozaba sus arrebatos bruscos y que dolía por dentro.

Me recordaba el momento en el que al abrazarlo le decía que todo estaba bien y que no me importaba que haya tenido sexo en nuestra cama matrimonial. Pero esto no estaba así de bien... También lo abracé y entregué de mi, todo mi amor por él aunque somos correspondidos de mala manera.

—Te quiero, Jaeseop.

—Eso me duele.

—¿Por qué?

—Porque antes me amabas.

Suspiré —. Ahora es distinto.

Con mi cabeza apoyada en su pecho, escuchaba los frenéticos latidos de su corazón: en él oía el miedo... ¿Que si traiciono la razón una vez más para hacer una última vez lo que ambos queremos? Su cuerpo y el mío se llamaban entre sí y era tan notorio en este momento.

—Mírame, AJ —y tan obediente como siempre, lo hizo.

Lo besé levemente pero él me agarró y era tan intenso, desesperado, necesitado como la primera vez. Me tragué las ganas de decirle: Era besarme, no comerme, idiota. Qué más daba. Lo abracé del cuello y me aferré tanto a él como para fundirnos y volver a ser uno.

*     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *      *     *     *

Han pasado las últimas dos semanas desde ese encuentro. Un encuentro que no tuvo sólo una vez, sino muchas más y sin descanso. Donde Jaeseop idolatraba mi cuerpo como si fuera una escultura perfecta entre sus manos, donde fue explorando cada parte de mi cuerpo y consiguió que cada una mis sensaciones estuvieran al máximo.

Dios, como iba a extrañar ese momento donde nos olvidamos del mundo, sobre todo de nuestra madre. Ni siquiera quise pensar en si nos habrá escuchado, porque además de hacer el amor, fue sexo duro e intenso.

Bueno... las cosas estaban hechas y de seguro me iré al infierno con esto.

Me encuentro en el baño, arreglándome para mi graduación. Estoy nervioso y el estómago se me encoge de la ansiedad. Tengo que respirar, me repito varias veces, porque tengo que preocuparme de la graduación y del discurso. Sí, un discurso que por unánime, se decidió que representara a la generación de éste año.

—Mamá, ya me voy —ella se encontraba haciendo el desayuno.

—Espera, hijo.

—Tengo que llegar temprano.

—Sólo será un momento, lo prometo.

—Está bien.

Los dos nos sentamos en la mesa del comedor, suspiré y me preparé para el típico discurso de madre/padre a hijo/a egresado.

—Kiseop, hoy serás el estudiante de tu generación con mejores calificaciones de la clase. Me alegra muchísimo que hayas terminado con grandes honores y espero, y así pienso que será, que lo sigas haciendo para con tus trabajos.

—Mamá...

—Déjame terminar. Esto es importante —impresionado por su actitud, me quedé callado nuevamente —. Así como tu futuro trabajo, también espero que tu vida sentimental no tenga problemas.

—Simplemente no he encontrado la persona ideal...

—A eso es lo que voy —carraspeó un poco —. He descubierto que... mis dos hijos son homosexuales.

Se me heló la sangre en el instante que escuché eso. ¿Cómo podría saber eso? ¿En qué momento? El mundo de los hijos perfectos de la madre, debe estar derrumbándose a sus pies y nos está arrastrando con culpa y aún más de mi.

—¿Qué? Mamá, está pensando cosas que no...

—Aún no termino.

—Pero mamá...

—Que me dejes hablar —alzó la voz.

La miré asustado —. Okey —nunca la había visto en ese estado. Tenía lágrimas desbordando de sus ojos y eso me apenaba y destrozaba.

—En un principio me desconcertó. No lo fue tanto cuando los acostumbré a dormir juntos desde pequeños y eso conllevó a que vivieran más unidos, que se quisieran y... demasiado —nos miramos directamente a los ojos —. Lo sé, hijo.

Reí sarcástico —. Mamá, ¿se le safó el tornillo?

—Por supuesto que no —tomó mi mano —. No me preocupa, ¿sabes por qué? —negué con la cabeza —. Porque Jaeseop y tú, no son hermanos, querido.

Ahora, más que helarme la sangre, me congelé. ¿Por qué decirme esto? ¿Por qué?

—Ésta es una culpa que llevo por años. Yo encontraba que no era momento de decirles y te lo digo a tí porque eres mayor y más comprensivo que Jaeseop, que es impulsivo y niñato de mente.

—¿Y qué quiere que le diga?

—No me digas nada. Lo importante es que lo sé todo y más que enojada, estoy tranquila de que hayas quedado en buenas manos. Ahora ven aquí —me levantó de la silla y me abrazó fuertemente. Era uno del que me daba consuelo y me libraba del que creía era un pecado —. Aunque Jae tenga las características que nombré y otras malas, él es un buen chico y se nota el cariño que tiene por tí.

—Gracias, mamá —pero aún me quedaba una duda —. ¿Quién es hijo tuyo?

—Jaeseop —por dentro me apenaba el hecho no ser sangre de ésta mujer hermosa y de buenos ánimos, pero quedaba más que claro que yo comprendería mejor la situación que AJ —. Yo soy tu madre porque soy la que te crié y te vi crecer, ¿entiendes?

—Por supuesto, mamá. Te quiero tanto —ahí la abracé más que nunca y lloré. Ella me decía que llorara todo lo que tenía que llorar porque después de eso venía la sanación y lo nuevo en mi vida. 

—Ya, hijo, que no es la despedida.

Reí —. Sí, lo sé. Lo siento —secó mis lágrimas con su típico pañuelo —. ¿Quién le contará de esto?

—No sé... La verdad que no quiero decirle nada hasta que salga del instituto.

—¿Me dejarías explicárselo?

—¿Podrás?

—Confie en mí —le sonreí —. Entonces, ¿puedo irme?

—Ahora sí, nosotros iremos después. Al mediodía, ¿verdad? —afirmé.

Una parte de mi alma estaba dolida por la noticia pero sin duda estaba más tranquila y en paz. Sólo me quedaba conversar con AJ y creo que será difícil porque no hemos vuelto a hablar desde entonces.

La mañana transcurrió normal. Las clases se organizaban para una entrada y salida limpia, mientras que yo, por el título de popular, memorizaba partes de mi discurso.

En fin, ya era hora y todos nos ubicamos: los egresados adelante, los profesores y demás personas que conformaban la institución en el medio y en la parte trasera, los familiares.

Después de unas presentaciones y discurso del director, venía mi turno. Respiré profundamente y, frente al podio, comencé con el discurso. Hablé de cosas concisas de algunos profesores y rector; de mi amigo Soohyun y de los que conocí a lo largo de mi aventura hasta la graduación.

—Para finalizar, me gustaría agradecer a mi madre por su comprensión, su confianza, su apoyo y decirle que... con sus palabras me ha aclarado una cosa importante y me ha aliviado los pesares que traigo conmigo desde hace meses —la busco a la distancia y nos sonreímos —. También agradecer a la persona que me ha acompañado hasta el día de hoy y que le falta un año para conseguir su cometido. Ese es Jaeseop. Te quiero mucho, hermano. Gracias a todos.

Con aplausos volví a mi asiento y me alegré de haberlo hecho bien. Ahora se venía lo último y me sentiría libre.

—¡Aleluya, hermanos! —gritó feliz Soohyun cuando terminó el evento.

—Me avergüenzas —bromeé.

—Hay que disfrutar de nuestra libertad.

—La que se termina en dos meses porque toca trabajar.

—Ay, no me lo recuerdes. Será peor, lo sé, pero quiero descansar y viajar por lo menos.

Rodé los ojos —. Bueno, como ya tienes tus panoramas, yo tengo las mías y las comenzaré desde ahora. Nos vemos después.

—Así será —nos dimos el tipíco saludo de manos y se fue junto a su familia.

A mí me costó encontrarlos unos diez minutos.

—¡Hijo, felicitaciones! —ella me apretujó que casi sentí ahogarme.

—Mamá, gracias —le dije al oído —. Si hago algo, ¿no te va a incomodar? —me alejó de ella para darme un beso en la frente y negó con la cabeza.

—Los dejo, voy a saludar a unos conocidos.

Cuando la vi perderse entre la gente, tomé valor y como AJ no quería iniciar conversación, comenzaría yo.

—Entonces...

—Felicidades —dijo y sonrió.

Hice lo mismo pero estaba inquieto —. Gracias —solté un aire pesado y volví a respirar —. ¿Sabes? Agradezco los momentos y creo que a tu lado fueron los mejores.

—Pienso lo mismo, sólo que se interpuso el hecho de que somos hermanos —hizo una mueca.

—¿Qué pasaría si... eso no fuera cierto? —observé detenidamente su reacción y cuando me miró... Dios mío, es como si con sólo su mirada me desnudara y volvía a sentir el cosquilleo de poder hacer algo.

—Te agarraría y te besaría sin importar nuestro alrededor.

—Hazlo.

—¿Qué? —lo dejé boquiabierta.

—Hazlo —dije nuevamente.

—Está mamá aquí, todas estas personas y...

—A mí no me importa —lo agarré de la nuca y le planté un beso con el cual no podía dudar. Se aferró a mi cuerpo y yo al de él.

No me imagino la cara de poema que tenían todos los que nos conocían. No eran mi problema, yo me fijaba solamente en AJ.

—Qué es esto. ¿Una clase de rebeldía? —me susurró sobre los labios.

—Llévame a casa —exigí y él sonrió.

Camino a casa, le conté el error que cometí al haberle pedido tal estupidez y como me sentía en ese proceso. Él, de igual manera, se sinceró conmigo y admitió no haberse acostado con ninguna chica y le creí totalmente. También hablamos de lo que me había contado mi madre y quedó tan atónito como yo. A pesar de eso, él estaba feliz.

—Así que podemos hacer todas las cosas que queramos —decía mientras me lamía el cuello y nos quitábamos la ropa encaminándonos a la habitación.

—No todas, porque mamá puede escuchar —desabroché la camisa perfecta que amoldeaba su cuerpo.

—Ahora estamos solos. Todo lo que yo quiera.

—Está bien —como quería complacer cada una de sus fantasías, lo llevé directo al baño, cerrando la puerta tras nosotros —. Sé que no es el instituto pero por aquí podemos empezar —reí juguetón y nos adentramos en la bañera. Dejé correr el agua de la ducha y mi vista se deleitó con su cuerpo mojado.

—Creo que estabas esperando esto —me acercó a él —, ¿pero no crees que es muy peligroso?

—Podemos hacerlo —lo besé —. Podemos arrodillarnos.

—Claro. Por supuesto —rodó los ojos.

Unos cuantos besos, unas cuantas caricias y ya tomamos nuestros ritmos. Él deseaba agarrarme, sostenerme entero, y yo quería que así fuera. Entregándome por completo a su lengua que recorría mi cuello y mi torso electrificándome el cuerpo, me dejé llevar por esa sensación de calor agradable que me incitaba a pedir más de él.

Nos arrodillamos y Jaeseop me preparaba para el siguiente paso que me desesperaba. No demores tanto, le dije y él sonreía malvadamente porque sabía de mi impaciencia. Sentí sus dedos revolotear en mi interior y yo mismo movía las caderas ante el deseo de estar completo.

—Apúrate.

—Tranquilo, mi ángel.

Desesperado por tanta tardanza, por fin pude sentir su miembro tocar mi entrada y en mi interior. ¿Qué más podía pedir? Esto es lo que el destino quiso para mí: tener a mi lado a alguien que complementara conmigo. Una pieza justa de mi puzzle de vida.

Dejé de pensar, olvidé lo que es el cansancio, mi cuerpo se volvió sensitivo y activo: quería sentir más a AJ. Más rápido, más profundo, errático pero que cuando pasaron los minutos, se volvió lento, tranquilo, relajado e intentando disfrutarlo por más tiempo en vez de acortarlo. De algo bruto a algo más cariñoso, a algo más conocido... algo más de pareja y eso me encanta.

—Jae... —supliqué.

—Sí, estoy listo.

Nuevamente volvió a sus estocadas enterrándose tan dentro de mí que con unas más, mi cuerpo y yo gritamos del éxtasis en ese instante; sintiendo como AJ lograba lo mismo, sintiendo el calor de su esencia.

Pienso que con él, todos estos momentos serán parecidas a la primera vez. A distinto modo a pesar de que nuestros cuerpos se conocen.

No me aburriría de esto.

Agitados y bañados en sudor y agua, nos sentamos frente a frente en la bañera.

—Te amo —habló él primero.

—Yo te amo más —y era la verdad y estaba permitido.

De repente, alguien golpeó la puerta bruscamente. Esa persona debe ser...

—¿Mamá? —ambos gritamos espantados.

Decir que nuestras caras era del todo chistosa cuando salimos del baño mientras mamá nos regañaba, tironeó nuestras orejas como cuando éramos pequeños. Eso, en vez de asustarme, me hizo sonreír al recordar aquellas palabras de que seguía siendo su hijo a pesar de todo.

Y Jaeseop... Bueno, Jaeseop se fue castigado a la habitación, pero en la noche tendríamos nuestro momento para estar juntos y más que nada, nuestra libertad de amarnos.
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