First Experience ღ Capítulo II

15 mayo 2016

First Experience ღ Capítulo II


Reencuentro.

Pasado un mes, Kiseop se olvidó de aquella aventura con el chico gatuno; mas no podía olvidar su nombre y es que el parecido con el suyo hacía recordarlo a cada momento.

Después de ese hecho, se dedicó a indagar sobre esa supuesta enfermedad, sólo por curiosidad. Lo que encontró fue una gran y vil mentira, y se sintió engañado, malogrado y toda palabra que terminara en "ado", omitiendo las cosas buenas y bonitas.

Cayó bajo y eso sólo era parte de su ingenuidad y confianza con personas que a veces ni siquiera conocía. Y no podía hacer nada. Eso quedó en el pasado y lo hecho, hecho está. Es muy, pero muy poco probable que se encontraran nuevamente en algún lugar.

El planeta es grande, ¿no?

Así es como se hayaba de nuevo en el centro comercial y no hizo caso a su necesidad de ir al baño antes de salir de casa, otra vez. Juró que no volvería a olvidarse, pero se mentía, siempre terminaba por hacerlo.

—Mamá, tengo que ir al baño.

—¿De nuevo, hijo?

—¿Cómo que de nuevo? Mamá, soy mayor y puedo ir a cualquier lugar si se me da la gana —habló molesto y urgido.

—Ya, ya. Sólo espero que no te demores tanto como la otra vez.

—Por supuesto que no —dijo sarcástico y después para sí mismo —. Ya no está la persona que me lo impedía —salió de la tienda y fue rápidamente al baño público de varones.

Estaba extrañado de las pocas personas que se encontraban ahí. Siempre, siendo el último día del mes, el centro se aglomeraba de gente, mas ésta vez no. En todo caso, no era tanto de su incumbencia y sólo sabía que debía mear, así que fue directo a los privados, pero todos se hayaban ocupados.

—Obligado a usar el urinario —suspiró pesado.

Recorrió con la mirada todos los disponibles y no quería volver al de la otra vez. Sería recordar cosas muy malas. Habían disponibles en los rincones y decidió por la del lado derecho. Los segundos pasaron y se permitió relajarse ante la sensación conocida de alivio. Cuando terminó, y justo cuando disponía irse, alguien le habló a su lado.

—Hola, tanto tiempo sin vernos.

Kiseop no se había percatado de la presencia al urinario de al lado y volteó lentamente la cabeza para encontrarse con el que menos se esperaba. Puso su cara más asustada, haciendo reír al otro.

—No soy un fantasma.

—¡Claramente lo eres! —chilló Kiseop —. Yo sólo vine con mi madre y...

—Bla, bla, bla. Todavía me acuerdo de eso —dijo sin importancia.

Kiseop vio esto como una oportunidad de salida —. Entonces, hola y adiós —rápidamente movió sus pies hacia su salvación. Sin embargo, el llamado de AJ, lo detuvo —. Debo irme.

—Sólo quería agradecerte por lo de la otra vez.

¿Agradecerle? ¡¿Agradecerle?! ¡Si fue engañado!

—Eres un mentiroso y un manipulador —sentenció Kiseop, dando la vuelta y acercándose más a AJ quien aún estaba meando —. Tú no tienes una maldita enfermedad y me utilizaste para darte placer.

Tampoco se había percatado de los hombres que entraban y salían del baño. Se olvidó de su alrededor y sólo concentró su furia en el chico.

—¿No te da vergüenza que te escuchen los demás?

Kiseop confirmó con sus ojos, que todos le tomaban atención de lo que decía. En efecto, lo habían escuchado. Se maldijo por dentro. Otra desgracia a su lista en su vida hasta el momento.

—Me da vergüenza ajena —molestó AJ.

—¡Eres tan exasperante! —Kiseop dijo con rabia y se encaminó a su salvación, versión dos punto cero, pero de nueva cuenta fue detenido por el chico. Ésta vez lo agarró del brazo y viendo que uno de los cubículos estaba desocupado, lo atrajo con él y cerró la puerta con seguro —. ¡¿Qué haces?! —reclamó.

—Aquí podemos hablar tranquilamente de tus inquietudes, pequeño —AJ cruzó sus brazos y apoyó su peso en la puerta.

—Pero si sólo quieres pervertirme.

—¿Qué? Yo no hablé de placeres ahí afuera —señaló detrás de la puerta.

—Eres un maldito y estaba en lo cierto con lo de manipulador.

—Cada quien hace lo que puede —sonrió —. Y ahora que ya ofreciste placer, lo quiero ahora.

Kiseop abrió la boca tanto impactado como sorprendido por la tanta confianza que se había tomado AJ.

—¡Pero que desubicado!

—Uy, eso sonó como a una niña.

—¡No lo soy!

—Claramente no lo eres. Diría que eres mucho mejor que eso —AJ se lamió los labios, mientras observaba a Kiseop de pies a cabeza —. Te ves mejor con el pelo ondulado como la otra vez —trató de tocarle el cabello, pero el otro se alejó —. El liso igual te queda bien, aunque me gusta más la primera opción.

Kiseop se sonrojó ante tanto halago hacia su persona, incluido con un escalofrío espinal cuando AJ lo miraba detenidamente. Quizá se lo hubiera esperado de una chica, la chica que le gustaba, en cambio lo recibía de un chico que conoció sólo una vez y en circunstancias totalmente extrañas.

—Bueno, yo me arreglé para salir, no para agradarle a alguien como tú —sacó su lengua en burla.

—Mmm... Esa lengua apetitosa —sonrió ladino.

—¡Ya deja de decir esas cosas y sale de mi camino! —lo empujó lo más que pudo, pero era imposible. El chico era muy fuerte para su... ¿edad? ¡Ni siquiera sabía su edad! —. Apuesto que eres un pendejo que se arranca de su mamá por el secreto que tiene.

AJ sorprendido por la declaración, se echó a reír.

—¿En serio lo crees? —volvió a reír —. Es el mejor chiste que he escuchado en mi vida —limpió sus pocas lágrimas con los dedos.

—Yo no le veo lo gracioso. Hasta me creerán pedófilo y me meterán a la cárcel.

—Espera, estás hablando demás. Te puedo asegurar que soy mucho mayor que tú.

—Confírmalo —AJ blanqueó los ojos, sacó su billetera y de él, extrajo su identificación. Se lo pasó a Kiseop y éste lo tomó ocultándose para que no viera su reacción.

No podía creérselo... En realidad AJ era mayor que él. Veinticinco contra veinte; una gran diferencia. Kiseop tragó saliva y por ahora, mentiría y diría que tiene veintiseis.

—Es verdad, tienes mucha edad, pero no tanto como la mia —volteó y le entregó el documento —. Tengo veintiseis, ¿qué te parece?

—Me parece mentira. Muéstrame tu identificación —exigió.

—No me puedes obligar.

—¿Y cómo yo te pasé el mio?

—De ingenuo —sacó su lengua en burla.

—Somos dos entonces. La otra vez lo fuiste tú. Además, si vuelves hacer eso, te pondré contra la pared y cumpliré con mi cometido, Kiseop.

El corazón de Kiseop bombeó considerablemente porque sabía que AJ hablaba en serio. Se ruborizó y se sintió extraño, pues, de alguna forma y en su mente retorcida, es lo que quería. Ni siquiera sabía cómo explicar esa sensación confusa, porque nunca antes estuvo con alguien. Ese gato era un maldito por lograr confundir su mente y eso no le gustaba ya que le traería dolores de cabeza.

—Ya, lo siento. No tengo mi billetera aquí, así que no podré mostrártelo —alzó los hombros.

—Entonces deduciré que tienes entre... veinte y veintitres.

—¡Bingo! —dijo con fingido entusiasmo —. Ahora déjame salir.

—Oh, no. Yo vine por algo aquí y pienso conseguirlo.

—Bueno, suerte con eso —trató de salir y al intentarlo, se vio acorralado contra una de las paredes del baño y sintiendo todo el peso corporal del otro en su espalda —. ¡Idiota!

—Shh... —susurró en su oído —. En realidad no vine para nada de esto y sólo te encontré de casualidad —rió y dejó libre a Kiseop —. Tengo novia por si no lo sabías.

¿Novia? Eso no se lo esperaba Kiseop. Sin embargo, todo era tan confuso y ahora más. ¿Por qué pedirle eso y besarle la primera vez? Besar a un chico era de una magnitud considerable a su parecer.

—¿En serio? —no recibió respuesta —. ¿Entonces por qué me pediste que te besara y todo lo demás? —ni siquiera se había movido del lugar dónde lo había acorralado y era mejor así, pues no quería mostrar su rostro que había tomado color como el de un tomate.

—Era... necesidad. No te deberías sentir mal.

—No, claro. Por supuesto que no —dijo rabioso —. Me hiciste hacer una cosa que nunca había hecho en mi vida y me robas mi primer beso —se dio la vuelta para mirarlo —. Es para no sentirse mal —dijo sarcástico.

AJ comprendió que el chico frente a él, estaba muy molesto. Está bien, se equivocó en decirle que tenía novia, pero era una cosa necesaria para que el tema quedara en un final definitivo. Se sentía estúpido y mala persona por haberlo obligado, pero ante tanta belleza no se podía resistir. También pensó que quizá ya... tenía experiencia en algo, mas se equivocó y lo había jodido completamente.

—Lo siento —y sólo eso pudo decir.

—Ya me lo esperaba —desilucionado, se hizo paso y quiso abrir la cerradura. AJ no lo dejó ——. Por favor, déjame salir.

—Discúlpame.

—Ya escuché tu disculpa, AJ. Ahora déjame ir.

—No quiero que te vayas mal.

—Estoy muy bien.

—No te mientas.

—¿Y qué te importa? ¡Ya déjame ir! —hizo un movimiento forzoso que no dio resultado pues estaba nuevamente contra la pared frente a frente con el mayor —. ¡Idiota, estúpido, mald...! —ante tanto arrebato, fue besado a la fuerza y no quería que esto fuera por este camino. Así no creían que eran las cosas y no deberían de ser. Le golpeó el pecho y lo brazos, mas el otro parecía no sentir ni una milésima de dolor.

Después de tantos forcejeos y de ruidos raros al exterior del cubículo de los cuales los extraños hombres se preguntaban que es lo que estaba pasando ahí y si sería una pelea, Kiseop terminó por rendirse ante los labios expertos del mayor. Lo único que conseguía con esto era confundirlo más y más, odiarse por ser tan fácil el permitir que lo besara.

—Esto no debería ser así... —dijo Kiseop dolido cuando logró separarse —. Esto me confunde y no sé que hacer —admitió y comenzó a llorar.

—Maldición, la jodí de nuevo —siseó AJ —. Kiseop —tomó el rostro entre sus manos y lo miró a los ojos —, esto no es malo. Tú crees lo que dice la gente y generalizas mucho. Esto es normal, ante mis ojos, lo es y sé que para ti será difícil en un principio, pero no te irá mal, ahora la gente tiene una mente más abierta y ya ven estas posibilidades como cotidianas en la vida diaria.

—Exacto, es simple para ti que no vives en una familia dónde siempre se es juzgado —sollozó —. Con esto ya confirmé que tenían razón.

—¿Acaso lo has demostrado? ¿Has salido con alguien? ¿Te han visto con alguien? —Kiseop negó —. Entonces no debería de preocuparte, pequeño —limpió sus lágrimas con los pulgares.

—Desde que te conocí, todo está revuelto en mi cabeza. Quizá no es malo pero sí raro.

—Sólo te voy hacer una pregunta, pequeño, y quiero que seas sincero.

—Está bien...

—Aunque te obligué, ¿te gustó lo que hicimos la otra vez? —AJ esperaba ansioso la respuesta. 

Por una parte, le gustaría que fuera afirmativa porque sin querer, el chico le había interesado desde el día en que lo encontró en ese baño lleno de hombres y en que su mirada se había fijado sólo en él. Por otro lado, y aunque le hiciera feliz, no podía estar con él así de confundido como estaba y no quería hacerlo más. Para su sorpresa, Kiseop asintió.

El pequeño era muy ingenuo tal vez, pero también era sincero y eso apreciaba en una persona.

—Kiseop, ésta es la segunda vez que nos vemos y créeme que me has cautivado. No eres el primero, pero sin duda el más especial y lamento decirte que será la última vez que me verás —le sonrió tristemente —. Lo sabes, ¿verdad?

Kiseop comprendió y sabía el por qué de esa decisión.

—Lo sé —apartó las manos del otro de su rostro —. No me queda más que decirte que gracias por esto, aunque también te odio. No te conozco más que un día del mes pasado pero me siento dolido, de verdad —el pecho parecía reventarle en mil pedazos —. ¿Ahora puedo irme? —AJ no dijo nada y no se movió de su lugar —. AJ, por favor.

—Tengamos una última vez —eso los pilló de sorpresa a ambos. Tanto a Kiseop porque no entendía a qué se refería, como a AJ por pedirlo.

—¿A qué...? —Kiseop enarcó una ceja.

—Esta vez déjame tocarte.

Ahí entendió Kiseop —. No —exclamó —. ¿Estás demente? Esto es nuevo y necesito pensar, y tú no pareces ayudar.

—Con esto podré ayudarte a definir a que lado perteneces, pequeño.

—AJ, en serio estás hablando como si yo fuera una clase de elegido y esto es la realidad, y no es tan rosa como lo pintan.

—¿Confías en mi o no? —AJ se cruzó de brazos.

—Después del mes pasado y con lo de hoy, claramente no.

—Antes era mi satisfacción, ahora es la tuya; te lo debo y tengo que devolver el favor. Es así de simple.

Kiseop se cobraría ese favor de otra manera: saliendo del lugar. Llevaba más de treinta minutos o más y eso debe de estar preocupando a su madre. Lo que proponía AJ, le hacía dudar más que antes y eso tampoco le gustaba.

Entonces, ¿qué respondería ante tal petición? ¿Aceptaría o dejaría esta experiencia en el olvido y para no recordarlo nunca más?
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