First Experience ღ Capítulo I

15 mayo 2016

First Experience ღ Capítulo I


¡La primera y nunca más!

Kiseop corrió rápidamente hacia los baños públicos del centro comercial más conocido en Corea. Se estaba aguantando desde el momento que salió de casa y no había dicho ninguna palabra a su madre. Sin embargo, siguió como si nada y la señora de casi alta edad no parecía desistir de seguir comprando.

Ya era mucha la necesidad que tenía y pidió permiso a su madre para ir al baño, mientras miraba ropa para renovar su clóset. Hacía lo mismo cada fin de mes.

Como el centro era muy visitado, era obvio que encontraría los baños de varones atestado de gente. Intentó buscar en cada puerta a ver si estaba alguno desocupado, pero no había ninguno disponible. No le quedó más opción que esperar que alguien desocupara un urinario. A penas vio salir a uno, se dirigió de inmediato para bajarse el cierre y relajarse ante la sensación de alivio que esto causaba.

Se prometió nunca más salir de casa sin antes mear.

Se permitió disfrutar, cerrando los ojos, sin darse cuenta que alguien lo estaba mirando; tanto que después de un par de minutos, se dio cuenta que se había tomado mucho tiempo y sintió una presencia. Abrió sus ojos lentamente y giró su cabeza hasta encontrarse con un chico a su lado izquierdo, mirando su pene insistentemente.

Qué mierda, fue lo que pensó y de inmediato se guardó su cosa para irse y olvidar lo raro que fue eso. Lo que no se esperó es que el chico con cara de gato lo detuviera tomándole de la muñeca, mientras "simulaba" mear.

—Espera.

—¿Qué?

—Me tienes que ayudar.

—¿Acaso no sabes mear solo? —se burló Kiseop.

—No, no es eso. Sólo... —y el chico dirigió la mirada hacia su entrepierna y Kiseop, de curioso, también lo hizo.

Grande fue su sorpresa al encontrarse con eso todo grande ante sus ojos y en la mano zurda del chico.

—¡Qué mierda! —expresó nuevamente espantado y en voz alta que todos los que aún se encontraban en el lugar lo miraron extrañados.

—¡Shh! —le regañó el chico —. Quiero que nadie sepa.

—Eso deberías de haberle dicho a otra persona. Y lo lamento mucho pero yo no te puedo ayudar.

—Pues deberías.

—¡Pero si yo no hice nada! —el chico tapó su boca con la mano diestra. Quizá la que uso para sacarse el pene y eso le dio tremendo asco a Kiseop —. ¡Puaj! —tosió y de repente sentía el asco desde el estómago y sentir la necesidad de vomitar.

—Dios... —el chico blanqueó los ojos —. ¿Me vas a ayudar o no? —susurró.

—No es mi culpa.

—Claro que lo es —alzó una ceja.

Kiseop hizo lo mismo. ¿Cómo sería su culpa, si él ni siquiera le había hablado y menos tocado? Después de unos segundos y tras analizar la situación, entendió todo.

—Oh... No, no, no. Yo no puedo con esto. No soy gay... —chilló y se tomó la cabeza como si tuviera un dolor de cabeza.

—Gracias por tanta conversa y dato, pero quiero que me ayudes con esto —señaló a su compañero de vida.

—¿Y por qué no lo haces tú?

—Porque solo no puedo. Necesito ayuda para esto.

—¿Acaso es una clase de enfermedad? —el chico asintió —. ¿Siempre hay alguien quien te ayude con eso? —siguió cuestionando.

—¿Puedes parar de preguntar tanto y sólo actuar? ¡Por favor! —se quejó en voz baja.

La mente de Kiseop se debatía en que si debía ayudar al chico o no; incluso llegó a pensar que se trataba de alguna cámara oculta de esos programas donde te agarran con las manos en la masa, aunque sería con las manos en el... Mejor no pensarlo. Miró a todos lados para cerciorarse de que a su alrededor se encontrara con gente normal y corriente.

Kiseop achinó los ojos —. Demasiado normal —se dijo.

—¿De qué hablas? —el chico interrumpió.

—Nada —tosió y volvió a su posición de meado nuevamente —. Entonces, ¿cómo te ayudo? —miró nuevamente a su alrededor —. ¿Saco mi...?

—¿Qué? —el chico rió —. Créeme que eso gatilló a esto, pero quisiera que me tocaras y, preferentemente, que sea directamente a mi pene. Si me entiendes, ¿no?

—¡Nada de eso! —siseó enojado —. Yo no puedo tocar algo que no sea mío.

—Tienes que hacerlo.

—¿Y si me retracto?

—Dios —el chico gatuno miró al techo —, dame paciencia y tolerancia.

En menos de cinco segundos, el desconocido guardó su cosa dentro de los pantalones, muy adolorido porque llevaba minutos que aún no le daba la atención requerida. Tomó el brazo de Kiseop y lo arrastró, a pesar de tanta protesta, hacia los baños privados. Cerró la puerta tras de sí y luego tapó la boca del lindo chico porque aún seguía hablando. Mas bien, reclamando.

Kiseop entró en pánico. Pensaba que quizá lo violaría y ultrajaría su virginal agujero. Movió su cabeza frenéticamente, negándose a tal cometido. Además, ¿no le importaba las personas que lo vieron entrar juntos? ¿Había hecho este tipo de cosas anteriormente en un baño público?

—Si lo he hecho antes y no me importa lo que piensan los demás, si eso responde tus dudas. No te voy a violar tampoco.

Se sintió aliviado después de escuchar eso. Pero tal vez era psíquico con loco violador incluido. Trató de hablar y el chico sólo lo ignoraba mientras bajaba el cierre y dejaba salir su miembro al aire.

—Hace lo tuyo y saldrás muy rápido de aquí.

Kiseop negó.

—Lo estás haciendo difícil, chico. ¿Cómo te llamas en todo caso? —le dio la oportunidad de hablar, cediendo un poco su mano.

—Kiseop, pero...

—Kiseop. Bonito nombre, muy parecido al mío —sonrió el chico —. Por cierto, soy Jaeseop. AJ estaría bien para conocerme. Digo esto para que no reclames y no te sientas tan "incómodo" —¿Incómodo? Que estúpido, pensó Kiseop —. Ahora, tócame.

Mierda... No le quedaba más que acatar los términos del extraño para poder salir pronto del lugar.

—Está bien —balbuceó contra la palma de AJ.

—Buen chico —sonrió ladino.

—Hey, que no soy...

—Cállate y trabaja —le detuvo el otro.

Kiseop blanqueó los ojos y tanteó lentamente el camino hacia el pene del chico. Cuando lo hubo tocado con sus dígitos, le dio una sensación de asco tremenda. Se preguntaba si es que a él siempre le iban a pasar cosas extremas y extrañas como éstas. Lo odiaba.

Aguantando la respiración y todo reclamo, tomó el miembro en su mano diestra. Eso estaba muy duro para no haber tenido actividad por largos minutos. Cuidadosamente hizo movimientos de adelante atrás y sentir como iba creciendo aún más.

¡Dios! 

—Maldición —siseó.

AJ ya había sacado la mano de la boca de Kiseop y así poder afirmarse en ambos laterales del pequeño baño, y disfrutar de la rica sensación que le daba esa mano suave y delicada. Kiseop se sentía morir y lo peor es que no había respuesta satisfactoria del chico, creyéndo que lo estaba haciendo desastrosamente mal.

De reojo miró a AJ.

—Qué.

—Nada —tragó saliva y volteó para no verlo e incluso cerró sus ojos. Toqueteó la punta sintiendo como salía el presemen —. Es extraño que te guste este tipo de cosas —comentó.

Aumentó el movimiento de su mano y AJ siseó excitado. Lo estaba haciendo bien y por dentro se gritaba: ¡Sí, Kiseop! ¿Qué tal eso, A-JO-TA? ¡Soy el maestro en esto!

Por otro lado, AJ debía reconocer que el chico no lo hacía nada de mal y se lo imaginaba en una sesión personal perfecta de masturbación en la habitación de su casa. Eso le excitaba aún más. Miró el perfil de Kiseop y también reconoció que tenía bonito rostro y hasta atrayente para él. Arremetió contra su mano, sintiendo como estaba cerca del final, pero no le daría el gusto... aún.

¡Por fin! Vamos que tú puedes, Kiseop se animó después de sentir como el otro quería ya correrse.

—Kiseop —llamó al aludido, sin embargo, sólo escuchaba —, me gusta que me miren mientras termino —no era cierto pero quería recordar esos ojos marrones una vez más.

—No puedo. Es asqueroso.

—Vamos, que tú también haces esto y a la perfección.

—Por supuesto que no. Yo... —debía mentir —. Yo tengo novia.

—Mentiroso —jadeó ante la habilidosa mano de Kiseop que quería apurarse —. Mírame y terminaré ahora.

Kiseop suspiró pesadamente y acumuló todo el valor del cual lo caracterizaba. Lentamente volteó su rostro y abrió sus ojos despacio. Se encontró con la incomodidad misma del momento al ver los ojos contrarios y lo agitado que estaba ante cada toque. Se contradecía si es que estaba bien hacer esto y volvía al pensamiento inicial: sólo estaba ayudando y eso está bien, ¿no?

AJ miraba el sonrojo que se formó en las mejillas de Kiseop. Era por tener que hacer algo que un desconocido le pedía inaudítamente. Observó esos labios carnosos y apetitosos. Mentiría si no quisiera probar de ellos.

—¿No piensas terminar? —le regañó Kiseop.

—Aún falta algo.

—¿Otra cosa más? Pareces un niño que le negaron cosas —bufó.

—Quiero un beso.

—¿Qué? ¡No! ¿Cómo te atreves a pedirme algo semejante?

—Que sólo es un beso —se acercó peligrosamente y Kiseop retrocedió casi tropezándose con el retrete, y para evitarlo, chocó contra uno de los laterales del baño, golpeándose la cabeza.

—¡Maldición! —se sobó y se lamentó haber gritado, pues los hombres afuera lo escucharían y no quería rumores de ningún tipo.

—Shh...

—Lo sé, lo sé —lo miró de reojo —. Eso no me lo esperaba y no me lo espero en la eternidad de lo que me queda de vida. ¿Te queda claro?

—Eres un chico muy retraído. ¿Acaso no disfrutas de lo que la vida te da? Placer es uno de esos y no está definido, cualquiera puede darla.

—Claro, por supuesto, para ti es fácil porque eres gay.

—¿Y qué más da? Aún si no fuera gay, te quiero besar igual. ¿Puedo?

—No.

AJ sin hacer caso, se acercó nuevamente.

—Joder, no de nuevo. ¿Querías ayuda? Te la estoy ofreciendo como buen samaritano y con mi manuela, ¿y así me pagas? ¿Con un beso? No, no, no. Yo no debería estar aquí sino afuera disfrutando de un exquisito helado de chocolate y fresas junto a mi madre. ¡Si sólo vine a mear, demonios! —dijo ya todo frustrado.

—Vaya, esto te afecta demasiado, ¿eh? —Kiseop asintió —. Okey... Te doy una opción. Me masturbas, nos besamos y esto termina pronto: simple. ¿Aceptas?

—Todo menos el beso.

—Entonces no terminaremos nunca. Yo puedo aguantar lo que sea, con tal de conseguir lo que quiero.

—¡Recién nos conocemos! Me la estás poniendo difícil, AJ.

—Véelo del lado bueno, ahora somos más cercanos.

—Aish... —ayuda, era ayuda, ¿no? —. ¡Está bien! —aceptó a regañadientes.

—Bien —sonrió triunfador —. No me dejes de mirar y sigue moviendo tu mano maestra —halagó. A Kiseop no le quedaba más que obedecer.

Ni loco se aproximaría a AJ. Si el chico quería algo, debía hacer todo el trabajo. Así esperó la cercanía del otro y de sólo pensar lo que tenía entre manos le tenía nervios y asco. ¿Cómo se sentiría el beso? Fue la pregunta que rondó por su mente justo cuando sentía la respiración cerca. Cuando sintió los labios levemente sobre los suyos, pensó que no estaba mal. Luego, el chico demandó a uno más fogoso al cual no quería ceder y no pudo evitarlo mucho tiempo, pues ya estaba disfrutando de esa sensación placentera.

Quebrantó una orden: no cerrar los ojos, pero eso no le importó a AJ porque estaban disfrutando ambos. Sus lenguas se unían jugosas, queriendo más del otro. Kiseop se perdió en esa sensación no asquerosa que experimentaba.

Kiseop aumentaba de vez en vez su mano, gánandose gemidos y suspiros en su boca.

—Aumenta —pidió AJ —. No pares.

Como buen estudiante, así lo hizo hasta sentir como su mano se impregnaba de esa esencia ya conocida por el hombre. No resultó asqueroso después de todo y menos con la distracción del beso.

—Uff... Eso fue espectacular —expresó el chico gatuno alegremente.

—Yo pien... —no alcanzó a decir más pues alguien golpeó la puerta del baño, espantando a ambos.

—¡¿Por qué demoras tanto, idiota?! —reclamó un señor del otro lado.

—¡¿Acaso no puedo masturbarme tranquilamente con mi novio?! ¡Jódete!

El señor no dijo más y se fue blanqueando los ojos. Gays, suspiró resignado.

—¡Oye! —Kiseop le pegó con su mano impregnada en el chaleco deportivo color azul de AJ —. ¡Ups! Lo siento —buscó papel higiénico para limpiar pronto o sino quedarían manchas —. Eso fue estúpido de tu parte.

—Soy una persona sin vergüenza —alzó los hombros —. Y deja eso —quitó el papel de las manos del angelito —, me iré a casa ahora —se limpió el rastro que quedaba en su pene y luego lo mandó a guardar a su pantalón.

Después de eso, Kiseop no sabía que hacer: si dar las gracias o irse de ahí. ¿Dar las gracias por su primera experiencia? Ni de joda.

Respiró profundamente para relajarse y enfrentar lo que se venía: gente tirándole tomates recriminándolo que era gay y que cedió muy fácil.

AJ se acercó lentamente a su oído y le susurró:

—Espero que se vuelva a repetir, ángel —besó su mejilla y salió primero.

¿Qué se supone que era eso? No se lo esperaba ni de broma. ¿Encontrarse nuevamente?

La pregunta quedó latente en su cabeza adolorida de tanta actividad en tan pocos minutos...

*     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *      *     *     *

Saliendo del lugar, Kiseop se encontró con su madre que lo estaba esperando hace mucho.

—Querido, ¿pasó algo? —preguntó preocupada.

—¿Algo como qué? —cuestionó asustado. Quizá ya sabía su sucio secreto.

—Te demoraste mucho y decidí buscarte, y esperarte.

—Mamá —Kiseop se tocó la sien —, ya soy grande y no creo que te hubieran permitido entrar de todas formas. ¿Qué quieres? ¿Que te diga todo con lujo de detalles? —la madre asintió —. Fui a mear, y como eso no era suficiente, me dieron ganas de cagar. ¿Contenta?

—¡Que asqueroso! —golpeó el brazo de su hijo —. Ya sabía lo que venía de esa boca sucia. Yo no crié a un hijo así. ¿Qué le pasó al Kiseop de antes? Tierno, amoroso, respetuoso y...

La madre de Kiseop siguió hablando y hablando en todo el camino a casa, diciéndole sus miles de virtudes pasadas, las malas del presente y lo que se esperaba en el futuro.

Él... Él sólo pensaba en el momento vivido en un baño público, bajo una puerta donde no estaba al ojo crítico y con un chico desconocido que lo hizo vivir su primera experiencia en la vida homosexual. Nunca se olvidaría de su nombre. Jaeseop, el chico gatuno.
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