El Favorito del Jefe ღ Capítulo VIII

15 mayo 2016

El Favorito del Jefe ღ Capítulo VIII


Me encuentro en la situación más incómoda de toda mi vida.

A lo lejos veo como la madre de Choi y el mismísimo jefe, me observan detenidamente mientras conversan. Yo por supuesto que tengo que seguir contestando las molestosas llamadas y agendando más citas para él. De todas formas es genial porque ya tiene otro mes sin descanso.

He hecho bien mi trabajo, ¿no?

Río malicioso ante lo que sería el último día listo para completar el mes siguiente, pero aún me siento intimidado ante esas miradas escudriñadoras. ¿Qué debo hacer en este momento? Bueno, que más, sólo tranquilizarme y no pasarme películas de lo que podría ser una conversación normal y corriente entre madre e hijo, y que han mirado inconscientemente.

Cuando entre las llamadas solicitadas de la empresa, y las posibles citas del subsiguiente mes, veo a la madre de Choi marcharse pero también veo a Choi de pie y pensando quien sabe qué cosas. Eso no debería de preocuparme, ¿cierto? Así que sigo con lo mío.

La mañana ha pasado lenta y aburrida para mi gusto. Curiosamente las llamadas han cesado y claramente es porque les he otorgado citas a los mismos clientes durante este mes y el próximo. De pronto recibo la primera llamada de la tarde y con pereza contesto.

—Choi International.

—Señorito, lo veo en mi oficina en unos minutos y de paso me trae las citas del próximo mes que de seguro ya tiene preparado.

—Claro —cortó sin la educación que lo caracteriza —, jefecito.

Muy furioso me levanto del asiento e ignoro a la persona que se acercaba justo al mesón. Me encuentro con Taemin en el camino y le pido por favor, cómo se debe, para que me reemplace por unos instantes en recepción. No se hace problemas a pesar que es uno de los encargados de Recursos Humanos de la empresa y, para que estamos con mentiras, parece otro recepcionista más. En una de esas, también empezó en ese cargo.

Al subir al ascensor, me mentalizo para la próxima batalla de palabras de mierda que sé que habrá.

—¡Maldito código! ¿Por qué conmigo no funciona? ¡Si es el número que me dijo Taemin! —ingreso por novena vez los dígitos pero ese alguien que me solicita lo hace por mi desde el interior de la oficina. También es un maldito y mi mirada de escarmiento no parece surtir efecto en él. Sólo llego a sentarme muy desganado frente a su escritorio.

—¿Trajo lo que pedí?

—Aquí está —le entrego los oficios y dispongo a retirarme cuando...

—Espera.

—¿Mm?

Carraspeó antes de seguir hablando —. Quiero hacerte una pregunta.

—¿Es sobre mi vida, la de su amigo o una cita? —bromeé con lo último y Choi se puso pálido. Reí porque creo haber acertado —. ¿Entonces es una cita?

—No es exactamente una —dijo titubeando—. Me obligaron, es todo —suspiró pesadamente.

—Oh... Tu madre, supongo —al afirmar, comprendí las miles y millones de miradas en un segundo luz hacia mi posición en recepción durante su conversación —. ¿Y?

—¿Cómo que "y"?

—No creo que quieras que acepte de inmediato cuando nos llevamos terriblemente mal.

—Sólo por ésta ocasión podrías hacerlo —me dice esperanzado.

—¿A cambio de qué?

—¿Cómo que "a cambio de qué"?

—Vamos Choi, no creerás que iré gratis a donde quieras que me vas a llevar.

Después de aquella propuesta hecha por el jefe, no me pude rehusar. Claramente no es sexo porque yo no vendo mi cuerpo, de ninguna manera. Pero si hablamos de dinero, es otra cosa, y es que con el sueldo de recepcionista no es rentable para mi vida diaria.

La cosa es que acepté y recalcó unas cuantas veces que sería esta misma noche. Antes de irme, llamó una última vez que no me olvidara y que tendría que estar a la hora acordada y al lugar acordado.

No sé por qué está tan nervioso. Ni que fuera a presentar su novio a la familia, y vean lo bien contradictorio de todo porque jura eternamente ser heterosexual. En fin.

La noche llegó tan rápido que al parecer estaba llegando tarde a la cita y yo creo que de ésta, Choi me rebajará un cincuenta por ciento del dinero estipulado en un disque contrato que hizo en la oficina para cumplimiento de ambas partes. Lo tengo confinado a un papel que no podrá incumplir de todas formas, porque yo lo haré al pie de la letra.

El taxi llegó a la dirección y me encuentro ante una inmensa mansión. Dios, ellos si que saben gastar el dinero muy bien. Y pensar que algunos estamos en unos pequeños departamentos y apenas nos abastecemos.

Toco el timbre y a la puerta llega una persona un poco más alto que yo y de edad mayor. Muy educadamente me hace ingresar a los grandes patios, sabiendo que soy el invitado sorpresa. Y que sorpresa...

El interior está decorado simple pero bien elegante que mis ojos quedan satisfechos ante tanta belleza de lugar.

Si digo que no he ido a otras casas de tamaña magnitud, sería una total mentira. La gran mayoría de eventos empresariales en donde trabajé, se hacían en casas de los jefes y, por supuesto, siendo yo que sé varios idiomas, servía de traductor. Eso sí, no perdía la oportunidad de encontrar alguna belleza caminante extranjera. Bienvenidos eran todos los hombres más atractivos del mundo y eso me excitaba de sobremanera. Con esto no quiero decir que era un pervertido de ley, con mirar no había pecado.

—¡Querido, bienvenido! Encantada de tenerte en mi casa.

Si, claro: casa. Debería de ser más modesta y decir: mansión. Seguro que va a mi departamento y se desmaya por lo pequeño que es.

Sonrío —. Gracias, Sra. Choi, por haber invitado a este simple plebeyo.

—¡Que cosas dices! Además, no somos del todo desconocidos.

¿Uhm? ¿Cómo es que me conoce? Sería sólo por la visita que hizo a la empresa. Sinceramente, no conozco de nada a la señora, lo cual me resulta extraño que ella si sepa algo de mi. 

Ambos caminamos por los pasillos hasta llegar al living. Dios mío, nunca había estado tan impresionado por todo esto. Pero creánme que es espectacular porque... todo el lugar está decorado con fotos de Choi.

Me largo a reír y la Sra. Choi no logra entender muy bien el por qué.

Son fotos de cuando era bebé. Incluso son collage de los años cumplidos con todas sus fotos de bebé, y ya crecidito, alrededor de las mismas. Yo no sabía que las tradiciones seguían igual que antes. A la vez, es fascinante porque yo nunca los había visto mas que en televisión.

A este punto, detengo mi risa cuando veo llegar a Choi muy sonrojado y molesto.

—¡Mamá! ¿No se supone que sólo venía a comer? —nos echa a ambos del living y nos dirige a lo que sería el comedor.

—Ay, hijo. No es malo mostrar el orgullo de la casa.

—Por supuesto, a mis espaldas.

No quise comentar nada pues tendré esta cartita bajo la manga para cualquier ocasión.

Los aperitivos parecían estar listos sobre la mesa. A pesar de que la mansión es muy lujosa y todos los alrededores, el comedor no lo era bastante. ¿Es que acaso no reciben visitas? Era una mesa pequeña en comparación a lo que me imaginaba como de 30 personas. Incluso me salieron las palabras inconscientemente, a lo que la Sra. Choi respondió que le gustaba visitar casas que ser visitado.

Raro.

Nos sentamos en los puestos dados por la dueña de casa. Claramente el asiento principal sería para el señor de la casa. La madre de Choi lo fue a buscar rápidamente.

Supe por las noticias y diarios que el Sr. Choi estaba pasando por un período muy desalentador. No sé si tendrá una enfermedad grave o es que la vejez ya está haciendo de las suyas. Por lo que escuché del Sr. Jinki, es que era sólo un resfriado y si cedió el puesto a Minho era porque también estaba cansado por tanta actividad en la empresa. Entonces creí eso, pero ahora lo veré con mis propios ojos.

Tuve la mala suerte de sentarme junto a Choi y no me importa, si no fuera que en algún momento voy a estirar la lengua y él de seguro me golpeará las canillas. ¡Ya lo veo venir!

Vemos ingresar al Sr. Choi en silla de ruedas y diré esto de nuevo: ¡Dios mío! A pesar de las muchas cosas dichas por muchas personas, se ve perfectamente bien. Muy bien arreglado como antaño, incluso no se le ve ni pizca de estar enfermo. ¿Qué demonios?

Lo sitúan en el lugar principal, me observa y sonríe.

A pesar de todo lo que pude haber dicho y hecho, éste es mi afortunado momento porque siempre quise conocer al gran empresario del país, y me avergüenzo un poco porque soy tonto. Lo saludo educadamente y casi efusivo. Choi me agarra del brazo para que me vuelva a sentar y con una extrañeza en su rostro.

—¿Cómo estás, hijo? —sonríe más.

—Bien, ya sabes —responde Choi.

—No te hablo a ti, Minho. Le hablo a él —me señala y me siento un poco raro. ¿Por qué me dirá "hijo"? ¿Por costumbre?

Choi y yo nos miramos brevemente y respondo a la velocidad de la luz que estoy bien y que soy su gran admirador, y muchas cosas más que el mismo hijo pródigo evitó que dijera al tapar mi boca. El Sr. Choi sólo rió e invitó a servirnos de lo que su chef preparó.

Era exactamente comida italiana. ¡Mi favorita! No sé si ellos sabían mis gustos o fue el destino que nos volvió a reunir.

Así de exagerado.

No mostré entusiasmo del mismo pero estaba deliciosamente bueno que mi paladar degustaba una y mil veces el sabor y la saliva salía por montones. Acompañado de un vino que debe ser muy de antaño y que no quería probar porque soy fácil... Fácil de emborrachar.

—Entonces que ya sabemos que estás bien y que eres mi gran admirador —habló por fin el Sr. Choi —, ¿sigues trabajando aún en Stark U.S.?

—Supongo que mamá ya te habrá dicho que trabaja en la empresa —se interpuso Minho.

—Todos sabemos que es cierto, pero quiero oírlo de él.

La Sra. Choi miró molesta a los dos porque quedó como la evidente soplona.

—Yo... duré un año en la empresa. Hubiera seguido de no ser por algunos problemas en los últimos meses.

—Algo así supe —aseguró el Sr. Choi —. Te fue muy bien en el sector de finanzas.

—Creo que los números son lo mío —sonreí.

—Hiciste crecer las estadísticas de la empresa lo cual impresionó a los grandes empresarios.

—Ajá. Aunque eso me haya costado el trabajo —suspiré.

—Las cosas pasan por algo y me alegro que hayas tomado esa decisión —miró directo a los ojos y es como si supiera todo de mi. Y más que eso, de lo sucedido —, porque así pudiste llegar a la empresa para crecer económicamente las estadísticas, ¿verdad?

Todos quedamos en silencio pues... realmente lo que Choi quería hacer de mi no era precisamente alguien de alto rango, sino más bien un auxiliar de servicios.

—Papá, él tiene otro puesto y es súper alto también...

—Soy recepcionista —interrumpí, ganándome una patada en la canilla como ya lo imaginaba.

—¿Cómo? —expresó molesto el padre de Choi.

—Teníamos que contratar personal y se cumplió como dijiste con 20 personas. Como era la última persona en entrevistar, lo hice y...

—Lo hizo el Sr. Jinki —corregí y recibí otra patada.

—¿Ahora mandas a tu amigo a hacer tus labores?

—No, papá. Sólo fue en esa ocasión.

—Y quizás otras que estés ocultando.

—¿Me dejas continuar? —todos callamos —. La cosa es que tiene grandes aptitudes que no sabíamos en dónde posicionarlo.

—Casi me deja de... —Choi tapó mi boca en un intento desesperado. Fruncí el ceño, porque en realidad él debería de ser sincero con su padre.

—Y como su asistente ya estaba cerca de la jubilación, decidí despedirla con todos los pagos legales correspondientes y más. Ascendí a la Sra. Lee como mi asistente y le di el puesto al Sr. Kim en recepción.

El Sr. Choi tenía una cara de desconcierto, al momento que logré safarme de la mano de Choi porque me estaba ahogando.

—Que bien, hijo. Hiciste todo bien. En serio —abrió ampliamente los ojos simulando impresión —. Eres un idiota porque deberías haber puesto al joven presente directo a ser tu asistente.

—¿Pero cuándo ha visto a un hombre ser asistente de otro hombre?

—¿Cuándo has visto a un hombre ser recepcionista de una empresa? —dijo el Sr. Choi en burla —. Piensa un poco futurista, hijo. Todos necesitan trabajo, de lo que sea, pero que también sustente sus necesidades y creo que a Kibum deberíamos igualarle el sueldo al que tenía en Stark U.S. —que lindo. ¡sabe mi nombre!

—¿Estás loco?

—Loco y enfermo —admitió —. El lunes deberías de hacer los cambios correspondientes: Sra. Lee vuelve a recepción y Kibum será tu nuevo asistente.

—Pero papá...

—No hay "pero". Quiero que esto se cumpla también.

Choi cae rendido a las palabras de su padre y me observa, preguntándose que tengo de especial: soy encantador. 

—Gracias por su hospitalidad, Sr. Choi.

—No hay de qué, hijo —ensancha su sonrisa a no más poder.

—¿Terminaron ya? —sorprendió por fin la Sra. Choi —. Me aburren sus conversaciones de negocios, pero felicitaciones por Kibum y su ascenso —también sonrió.

—Gracias, Sra. Choi.

Dado que no sabía a que venía, se aprovechó la celebración por mi ascenso para el día lunes próximo. Brindamos todos con champagne hasta casi las 11 de la noche. Por respeto al descanso del Señor y Señora Choi, decidí irme un poco más temprano de lo que realmente me quedo en una casa lujosa. Choi decidió ir a dejarme y se notaba la frustración en su rostro.

—Vamos, Choi, relájate. Prometo no molestarte demasiado en el trabajo.

—Sé que no lo harás —miró de reojo —.

—¿Entonces qué es lo que te preocupa?

—Otras cosas que no son de tu incumbencia.

Callé, pues respetaba su privacidad a pesar de todo. No hubo más cruce de palabras que las de la dirección al departamento y al bajarme, sólo una despedida y ver como el auto desaparecía a gran velocidad en una esquina.
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