El Favorito del Jefe ღ Capítulo VII

15 mayo 2016

El Favorito del Jefe ღ Capítulo VII


—No puedo creer que me hayas convencido de esto.

Onew me pidió de rodillas para venir a la fiesta que había propuesto su Taemin. Que bocaza la del chico y que servicial para hacerle una fiesta al nuevo personal. Aunque nadie me lo crea, lo comencé a odiar porque estaba siendo muy influyente en mi amigo y supuestamente trabajo es trabajo y su relación es otra. Pero se empeñan en juntar las dos cosas.

Así es como llegamos al club Octagon atestado de gente bailando y bebiendo. El calor era insoportable, casi irrespirable, que me daba náuseas.

—Vamos, que es por allá.

Nos dirigimos al lado izquierdo del lugar, mirando nuestro alrededor. Nunca en mi vida entré en un club nocturno. Para fastidiarme más, Onew llamó a Taemin para saber si es que habían ido todos. Todos. Incluyendo el señorito Kibum. Creo que en vez de relajarme, ésta noche sería un martirio.

—¡Llegamos! —gritó muy feliz mi amigo al llegar al lugar.

Los chicos se levantaron espantados como si esto fuera una clase de regaño. Saludaron cordialmente y me sentía avergonzado por un momento. Esto no era lo mío. Igualmente saludé y les dije que estuvieran tranquilos, que era una fiesta de bienvenida y podían hacer lo que quieran... excepto degradar mi autoridad. Onew me desaprobó, mientras les decía a todos que podían llamarlo sólo Jinki en éstas circunstancias.

—... dieciocho, diecinueve y veinte. ¿Y Kibum? —Onew preguntó extrañado.

—¿Se refiere al rubio? —habló uno de los chicos.

—¿Rubio? Es de pelo castaño —cuestionó mi amigo.

—No, se acaba de cambiar el color de pelo.

¿Qué? ¿Otra vez? Ahora, además de ser modelo de pasarela, se creía un idol.

—Miren, ahí está —dijo una chica.

Con mi amigo observamos hacia la pista, piso abajo, y entre tanta gente se veían bastante personas rubias. Efectivamente, entre la multitud pudimos diferenciar a Kibum y con su nuevo color de pelo. Además de eso, se lo cortó un poco más. Miré a mi amigo y podría jurar que se le caía la boca por los suelos. Yo... no sabía qué decir al respecto, a mi me sigue pareciendo un normal y corriente chico. Podría decir que es rídiculo porque estaba bailando excelentemente bien y el círculo que lo rodea, lo acompañaba sin importar quién era en realidad.

A pesar de ser problemático, aquí parecía encajar bien. Me pregunto si alguna vez ha trabajado en un antro sin ponerlo en sus datos laborales.

—Debo ir abajo. Ya vuelvo —dijo de repente Onew.

—¡Oye! ¿Y Taemin? —me espanté. Mi amigo es muy hormonalmente explosivo y no quería tener que interferir en un problema con el chico Lee.

—A la mierda por hoy —corrió escaleras abajo y fue tan rápido que encontró a Kibum sin problemas. Ni siquiera pude detenerlo.

—¿Y Taemin? —volví a preguntar y la misma chica que nos señaló al señorito, dijo que había ido por más tragos —. Sólo espero que no los encuentre tan juntos —murmuré.

La música había cambiado y tocaron una muy conocida: Trouble Maker.

—Dios mío, Onew, no hagas ninguna tontería.

Yo conocía a mi amigo y cuando hayaba una oportunidad en bandeja de plata, lo tomaba sin importar qué.

Sin embargo, al verlos bailar tan juntos me sentí raro. Onew nunca me había invitado a un lugar como éste, del cual él hiciera de las suyas. Siempre me pareció normal en su traje. Lo peor de todo es que a Kibum no parecía importarle el hecho hormonal de mi amigo y le siguió el juego.

No quise ver más. Los novatos se acercaron a la ventana y observando todo el baile.

—Que bien baila ese chico —fue uno de los comentarios —. Podría decirse que parece un idol de verdad.

Mi curiosidad fue tan inmensa que miré de reojo el acercamiento entre los dos. ¿Mis ojos me traicionan al ver un beso? Creo que no. Sólo espero que eso Taemin no lo vea porque no quiero un problema en el trabajo. Kibum baila bien pero muy provocativo y se deja tocar por cualquiera... Mi idea de esto es que es un cualquiera. Mas encima, el bobo de mi amigo le sigue la corriente en esa bajeza.

—Eres un maldito, Onew.

—¿Por qué? 

Escuché esa menuda voz dentro de la sección VIP y se me heló la sangre. ¡Diablos! Todos seguían mirando hacia abajo mientras yo lo hacía al rostro desconcertado de Taemin.

—Nada, cosas mías —le atiné a decir —. Chicos, siéntense, que llegó el trago —sólo esperaba que me hicieran caso y no lo logré hasta darles una mirada autoritaria al cual accedieron a obedecer de inmediato.

—¿Y Onew?

—Jinki fue al baño. Dijo que ya volvía —mentí.

Los novatos cuchicheaban y veían con lástima a Lee. ¿Acaso ellos sabían de la relación? ¿Qué esto no era secreto nacional? Quizá me esté pasando películas pero igual debo de cerciorarme de que no sepan nada porque va contra las reglas de la empresa. Y lo peor, es que yo se los permití.

Maldita la música que no terminaba nunca y... Para que digo más, justo finalizó y esperando lo que yo creo que debe de ser, irán al... ¿baño?

Mil imágenes pasaban por mi cabeza y entre ellas la peor: sexo. ¡Debía impedir esto!

—Iré al baño. Con permiso —salí cascando del sector y pregunté en dónde se encontraba tal sitio.

Cuando estuve frente a la puerta, tragué saliva. No quería encontrarme con una escena de sexo frente a mis ojos. Asi que boté aire y entré fugaz. Miré cada cubículo y nada. Menos mal... ¿Entonces dónde estaban? Busqué por los alrededores y justamente los encontré a ambos bebiendo sus tragos mientras reían. Pero si estos se escabullen como quieren. Tal para cual.

—¡Por fin los encontré!

—Oh, amigo mío —me abrazó Onew —. ¿Viste nuestro baile?

—Sí, espectacular —rodé los ojos para luego mirar a la sonrisa burlona del señorito —. ¿Por qué no vas arriba? Taemin llevó los tragos hace poco.

—Por supuesto. ¿Vamos, Kibum?

—Cla...

—No, tengo que hablar con él y luego iremos arriba. Tú sólo ve, ¿okey?

—Está bien —dijo extrañado y fue camino a la sección VIP.

Esperé hasta que se alejara un poco más y miré al señorito muy furioso —. ¿Qué pretendes?

—Que pretendo de qué. Sólo estaba bailando.

—Exacto. Eso de bailar tan cerca de mi amigo cuando está su novio aquí, ¿lo encuentras ético?

—No, pero aquí se baila y se toma, uno no se queda sentado escuchando conversaciones de negocios y menos para aburrirse. ¿Acaso tú querías bailar conmigo?

—¿Qué? ¿Estás loco?

—Entonces por qué tan ofuscado.

—Sólo veo por el bien de mi amigo.

—Vaya, lo estás haciendo bien —bebió el resto de su trago.

—Preferiría que estuviera con Taemin antes que tú.

—En verdad, me siento muy ofendido —aduló sarcástico —. De todas formas, no pretendo nada con él.

—Pues eso no se veía a primera vista.

—Sólo era una baile, ¿qué tiene de malo?

—Que tal vez lo engatuces.

—Pues eso es problema de él, no tuyo. Él es mayorcito para saber lo que es bueno y malo, y si para sus ojos yo soy bueno. Bien por los dos.

—Mi amigo será muy ingenuo al acercarte a ti —apreté su brazo muy fuerte para que entendiera lo que le diría —, pero estoy yo para cuidarlo. Te advierto que no quiero problemas porque te puedo echar a patadas de la empresa cuando se me plazca y no me dará lástima como en la entrevista, ¿entendiste?

A pesar de mis palabras y del que haya tomado su brazo de esa manera, no se le veía el miedo en sus ojos. ¿Es que acaso no sentía nada y le importaba un carajo?

—Supuestamente lo personal no afecta en el trabajo. ¿Omitiendo una de tus reglas? Me parecería extraño de tu parte —se soltó de mi agarre —. Me iré para no arruinar su fiesta privada, Sr. Choi.

Así o más neutro, lo vi irse entre la gente aglomerada en la salida. No me sentí mal al decirle todas esas cosas, pues estoy acostumbrado a ser autoritario en todo momento. ¿Por qué le tendría una pizca de compasión a ese señorito?

Volví junto al grupo y automáticamente mi amigo me preguntó por él cuando yo quería más que ni recordar ni quién era.

—Se fue, dijo que se sentía mal por mucho trago.

—¿Estás seguro? —insistió de nuevo.

—Que sí, hombre. Ahora sólo disfruta de la fiesta.

No muy convencido de lo que dije, volvió a sorber de su trago. Era obvio que desconfiara de mi porque sabe como soy, lo que digo y lo que afecto en las personas. Quizá me haya arrepentido de algunas cosas dichas pero todas fueron ciertas desde mi punto de vista.

Como la fiesta pasó rápido, también lo fue la semana entrante.

Era de esperarse que el señorito haya acatado mis reglas y del rubio pasó a un color cobrizo que se le veía bastante bien y normal, por sobre todas las cosas. Contestaba las llamadas con el buen servicio al cliente e incluso a nosotros, con mi amigo, nos saludaba con una pequeña reverencia y nada más. De pronto sentí un poco de lástima.

Suspiré profundamente y eso no pasó desapercibido por mi amigo.

—Tal parece que te arrepientes de haberle dicho algo a Kibum.

—¿Qué? Yo no le he dicho nada.

—Pues no te creo. Ya no es el mismo energético chico de la semana pasada y hasta tú estás "tranquilo" y no te ha hecho enfadar. ¿Qué pasó realmente?

—Nada, Onew.

—Sería nada si es que Kibum no dejara de hablarme. Ya no responde cuando le hablo. ¿Lo amenazaste? Porque te conozco y sé que eres capaz de eso y mucho más.

Ya me sentía fastidiado el escuchar cada reclamo de mi amigo desde la mañana y deseaba que fuera la noche para volver a casa y descansar. Ese fastidio aumentaba con el hecho de haber aceptado a ese chico en la empresa. Estaba astiado.

—De seguro le dijiste que no se me acercara y...

—¡Basta! —ya no podía soportar tanto y menos de Onew —. ¿Te puedes callar aunque sea por éste maldito día? —grité y observé su impresión —. ¿Por qué todo tiene que ver con ese tal Kibum? ¡¿Acaso no te puedes concentrar en el trabajo?!

—Minho, no es para tan...

—Cálllate. Me tienes harto con tus críticas y más por ese chico. ¿Acaso no somos amigos, Onew? ¿Tenemos que estar siempre discutiendo por él? Permití aceptarlo en la empresa porque, está bien, ha trabajado en muchas empresas y la mayoría lo han calificado de muy bueno en ellas, pero ahora tengo que soportarlo por defenderte a ti y tu relación con Taemin. Eso es algo que no está permitido aquí, lo sabes, y lo permití también.

—Oye, tranquilo —tocó mi hombro mientras agaché la mirada como si yo fuera el regañado —. No sabía que pensabas de ese modo y sé que te he sacado de quicio por esto pero... darle una oportunidad a Kibum no ha sido malo. Sabes que él es y será bueno para la empresa.

—Estoy estresado, es todo.

—¿Por qué no descansas hoy?

—No te preocupes por mi, que aunque esté estresado, no estoy tan cansado como para finalizar el día —sonreímos y el saber que él comprendía cada una de las cosas que dije, me sentí más aliviado.

Por suerte nos encontrábamos en el ascensor, sin nadie en el interior y sin ninguno que subiera en el proceso. Llegamos al piso donde se bajaba Onew y nos despedimos, ya llegaría el momento de encontrarnos a la hora de almuerzo seguramente. Cuando llegué a mi piso correspondiente, me dirigí directo al sofá. Las discusiones son agotadoras y me sentía medio ido.

En eso suena el teléfono y corro de inmediato a responder.

—¿Sí?

—Sr. Choi —era el señorito —, la Sra. Choi está esperando en recepción. Le dije que pasara directamente pero dice que la venga a buscar.

—Claro, voy en un...

Cuando escucho del pitido del corte telefónico, me impacté. No iba a volver a llamarlo pues suponía que estaría molesto y más me molestaría en molestarlo porque sería muy molestoso.

Supongo que me entienden.

Llegué al piso inferior y ahí estaba mi madre tan espectacular como siempre con su pelo negro y largo hasta la cintura, su traje favorito de color vino y con sus tacos de casi quince centímetros que la hacen ver más alta que yo, y por sobre todo, su edad oculta tras ese kilo de maquillaje que la hacen ver más joven.

—Hola, madre —la veo levantarse del asiento y claramente me ha superado por unos tres centímetros —. ¿Qué haces por aquí?

—Hijo, venía a hablar contigo. Tu padre está muy preocupado porque no has ido a casa a visitarlo.

—Mamá, tengo mucho trabajo que hacer por aquí. Estoy a cargo de la empresa, ¿recuerdas?

—Oh, ya lo sé. ¿Cómo han estado las nuevas contrataciones?

—Bien... —miré a todos lados por si alguien nos observaba —. Mamá, subamos a mi oficina para platicar.

—Lo haría pero tengo que irme ya.

—Qué. ¿Tan pronto?

—No puedo dejar a tu padre solo.

—Él tiene una enfermera, mamá —rodé los ojos.

—Sí, pero mi presencia hace falta ahí —dijo gruñona.

—Ya, entonces ve y cuídalo, de paso le mandas saludos de mi parte y que iré en cuanto tenga todo en orden por aquí.

—Por supuesto, querido —sus ojos se dirigieron hacia el mesón de recepción —. Es muy educado ese chico. ¿Es un nuevo empleado?

—Sí —también miré a esa dirección y el señorito no hacía más que contestar llamadas y atender a las personas —, es la contratación inesperada.

—¿A qué te refieres?

—Sólo serían veinte pero Onew me convenció a que se quedara aquí. Sabe cinco idiomas y trabajó una vez como Gerente General de Finanzas —y yo no sé por qué le estaba diciendo todo esto a mi madre —. En todo caso, eso no le interesa a usted, sólo a mi padre.

—Ay, que malo eres conmigo —hizo su típico puchero para convencerme de lo contrario pero ya la conozco bien. Al ver que no surte efecto en mi, chasquea la lengua —. Mejor me voy, mal hijo —se dirigió hacia la salida pero algo la detuvo —. Ahora que veo al chico detenidamente, se me hace conocido a alguien... pero no recuerdo muy bien.

¿Es que el señorito es conocido por todos? Ya lo pensaba en serio.

—A quién.

—No lo sé. Es mejor que lo invites para tener la certeza de...

—¿Qué? ¡¿De ninguna manera?!

—Vamos, hijo, ayúdame con la investigación.

—No me digas que te convertirás en el Inspector Gadget.

—¿Por última vez? Dime que sí —otra vez iba a empezar con sus ñinerías.

No me quedó más que aceptar y la pregunta del millón rondó por mi mente: ¿Por qué lo conocía mi madre? Y aunque pareciera muy tarde en procesar, ¿por qué la gente de aquel club también lo conocía? Y una que me complicaba: ¿Cómo lo invitaría?
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