El Favorito del Jefe ღ Capítulo V

15 mayo 2016

El Favorito del Jefe ღ Capítulo V


—En serio, conejo, no sé que le encuentras a ese chico —dije exasperado de tanta conversa con respecto a Kibum.

Y es que desde que lo contraté, Onew se puso empalagoso conmigo y me daba las gracias todas las veces que podía, tanto así que casi no pasaba en su oficina y siempre me tenía los nervios de punta. Aún esperaba su respuesta, pero entró una llamada al teléfono.

—¿Señor Choi? —y ahí estaba él. Onew más emocionado con escuchar esa voz.

Rodé los ojos —. Diga.

—El gerente general de la empresa Stark U.S. está esperándolo en recepción.

—Bien. ¿Hace cuánto llegó?

—Hace veinte minutos, pero...

—¡¿Cómo que hace veinte minutos?! Eso tenías que haberlo avisado a mi asistente en cuanto llegó —dije furioso.

—Oye, cálmate —se alertó mi amigo —. Algo tiene que haber pasado que...

—Cállate —le amenacé —. Sólo Kibum, hágalo pasar y lo espero en mi oficina apenas me desocupe —escuché un suspiro pesado.

—Está bien —cortó la llamada.

El muy pendejo debería de saber que los tratos con otras empresas son de inmediata exclusividad y que no deberían de hacerse esperar mucho tiempo. Todo cansado, me tiré sobre la silla y tocándome la sien porque ya me dolía la cabeza siendo temprano.

—Eres muy duro con él —el come pollo cruzó los brazos y frunció el ceño. Como si eso me fuera asustar.

—Yo diría que he sido muy blando porque lo tengo a tu cargo.

—Él comenzó hace unos días y...

—Y ya debería de saber que hacer —lo miré furioso —. Ahora vete que quiero estar a solas con el gerente general.

—Claro, tú mandas —Onew levantó las manos en resignación y cuando estaba por salir, llegó el señor de Stark U.S. —. Bienvenido, señor —mi amigo saludó sonriente.

—Buenos días, Sr. Jinki.

—Espero tenga una buena estancía hasta el momento.

—Lo tengo. Con el bombazo de abajo, me quedaría en recepción todo el día.

Lo miré sorprendido. Oh, no. ¿Otro más?

—¿Cierto? —sonrió aún más Onew —. Es una de las mejores contrataciones hechas en el año.

—Espero sigan así.

—Así lo haremos.

—El Sr. Jinki se iba, ¿verdad? —espeté molesto.

—Oh, sí —rió —. Lo siento y los dejo —se despidió y entró en el ascensor para desaparecer tras las puertas metálicas.

—Señor —me acerqué a él y le saludé con la mano. La verdad es que no sabía su nombre, porque cambiaban personal casi todos los años; dependiendo de como quiere evolucionar la empresa.

—No nos conocemos. Soy Max Stark y siempre vengo que puedo. Tú padre siempre es el que me atiende, ¿qué le ha pasado?

—Está demasiado enfermo. Es una recaída de larga duración —dije triste —. Pero, ¿Stark? ¿No debería ser el jefe? —cuestioné confundido.

—Y más con su edad, es peligroso —sonó preocupado y lo aprecié —. Soy el hermano menor del jefe.

—Ah, ya entiendo. Y sí, es por eso que he decidido tomar las riendas de ésta gran empresa —lo guié para que tomara asiento.

—Eres un buen hijo. Es difícil que un futuro heredero quiera seguir las mismas riendas del padre.

—Soy el único y éste es como mi deber —comenté mientras iba a mi asiento —. Entonces, ¿qué lo trae por aquí?

—Antes de que vayamos a la seriedad y cualquier nuevo proyecto futuro entre nosotros, espero pueda contestar a mi pregunta.

—Adelante, Sr. Stark.

—¿Contrató al chico de abajo?

—¿El recepcionista? Sí.

—Es un buen prospecto —sonrió ampliamente. No quería entrar en un tema del cual no sabía que decir. Quizás ellos, y me refiero con mi amigo incluido, tienen una vista diferente de la mía que sólo reconoce a ese chico siendo lo que es, un chico.

—Le diré algo. Sólo está contratado porque el Sr. Jinki me obligó.

—Fue una muy buena decisión —dijo muy seguro y me dio la impresión de que lo conocía de antes.

—¿Lo conoce, Sr. Stark? —mi curiosidad podría tener frutos.

—Por supuesto. Ha trabajado con nosotros una vez de recepcionista también.

—¿En serio? —de pronto toda la laguna que tenía en la cabeza, podía completarla con este caballero. Claramente sabía que estuvo trabajando en esa empresa  —. Y cómo fue en su trabajo —pregunté desinteresado.

—Es muy bueno. Además de saber cinco idiomas, es muy bueno con las matemáticas. Incluso le asignamos el puesto de gerente general en Finanzas por un mes, mientras nuestro empleado estaba ausente por accidente automovilístico.

—Impresionante. ¿Y cómo lo hizo? ¿Todo bien?

—Más que bien, diría que increíblemente espectacular. Manejó el asunto con los primeros consejos que le fueron dando los compañeros y de ahí no hubo quien lo detuviera. Debíamos reconocer que ese puesto era suyo, pero...

—Pero qué —lo observé detenidamente.

—Se negó.

Eso no me lo esperaba de Kibum. Digo, aquí siempre ha sido todo altanero, grosero y ha hecho lo que se le venga en ganas; como en el atraso de su hora de llegada. Lo sigue haciendo y Onew no le toma importancia.

—Me impresiona un poco —el Sr. Stark me miró con el entrecejo fruncido —. Pues digamos que aquí llegó toda una diva de modas —abrí los ojos un poco —, ya sabe.

—Ah, te refieres a eso —rió —. Es su estilo.

—En las empresas no se permite eso —me enserié ante su tranquilidad.

—Eso era un antigüo reglamento de las empresas. Ahora todo es más liberal. Claro, tu padre no ha cambiado nada al respecto y tú pareces seguir el mismo camino —enfatizó.

—Así es como deben ser las cosas —prendí mi laptop y preparé lo necesario en el escritorio.

—Por supuesto —dijo resignado —. Diré, por última cosa, que si lo asciendes a Finanzas, tu empresa crecerá muchísimo económicamente. Le conviene, joven Choi.

—Gracias por su consejo y lo tomaré en cuenta, señor. ¿Comenzamos?

—Claro, adelante.

Preparamos nuestros documentos y empezamos con los ideales y tratados que quería la empresa Stark U.S. con nosotros. Esto... tomaría una o dos horas y esperaba no distraerme con futuros llamados del chico. Además, ¿por qué Nicole no contestaba las llamadas? Eso tendría que solucionarlo después de esta reunión.

*     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *      *     *     *

Después de la reunión, que no esperaba tomara más de dos horas, me tomé unos minutos de relajo. Nadie molestó durante ese tiempo y lo agradecía con creces. Entonces, llegó el momento de la verdad: pelear nuevamente con Kim Kibum. Tecleé los números correspondientes a recepción y me hizo esperar hasta el quinto tono.

—Choi International.

—Sólo Kibum, espero no haya ido al baño mientras lo llamaba.

—Fueron sólo cinco tonos. ¿Quiere que atienda a la gente? Pues eso es lo que hago, señor —dijo esto último con fastidio.

—Tenemos que hablar. Suba de inmediato.

—Estoy atendiendo a las personas.

—Pero que testarudo —resoplé.

—No hay quién haga el reemplazo —buen motivo.

—Yo me encargo de eso —corté y llamé a la asistente de Onew. 

Cinco tonos, más de cinco y no contestaba. Quizás ella si necesitaba ir al baño. Llamé a la oficina del conejo y lo hizo al tercer tono.

—Come pollo.

—Qué quieres —se oía agitado. Fruncí el ceño.

—Necesito que la Srta. Lee haga reemplazo en recepción para hablar con la diva fashionista.

—Está... ocupada —y en eso escucho un gemido. ¿Qué mierda?

—Onew, no me digas que estás...

—Amigo, me estás arruinando el momento —dijo para después soltar un suspiro de frustración.

—¡Oh, dios mío! —menos mal que no lo tenía al altavoz —. Ella se irá despedida en cuanto la vea frente a mí, te lo juro, ¿me entiendes?

—¿Qué? No, no, no. Es la otra opción cuando el chico no me toma la atención requerida.

—¿Sabes? No puedo hablar contigo y menos así. Dile que vaya a recepción, AHORA —corté la llamada antes de escuchar otros de esos sonidos.

A mi amigo me lo imaginaba de todo, menos en una oficina y con su propia asistente. ¿Y de qué me impresiono? Así es Jinki, lo hace en cualquier lugar, puaj. Sólo espero que esto no lo sepa mi padre, me ahorcaría por permitir algo semejante.

Después de veinte minutos, escucho la llegada del ascensor, sin embargo, no se abren las puertas. Me acerco lentamente e ingreso el código. Ya me hubiera imaginado quien era.

—¿Problemas con el ascensor? —digo burlón ante la cara de desesperación del señorito.

—Esta maldita máquina que no me hace caso —lo señala. De seguro ya sabe que es muy ególatra y sin respeto. Bien hecho, máquina.

—Por algo será y es mejor que evite ese vocabulario ante mi —advertí —. Pase y siéntese.

No dijo nada. Aún con su cara más enojada, era atractivo. Ya me imagino a todos los empleos que pasó y quedaron cautivados con él. Pienso que hasta logró convencer al Sr. Stark para estar en el puesto de Finanzas por el mes.

—Bien. ¿Quién fue a reemplazarlo?

—La Sra. Lee. Y deja de tratarme como un señor, que no lo soy. ¿Cuántas veces tengo que decírtelo?

—Yo tampoco lo soy y en cambio tengo que aguantar ser nombrado así.

—Es diferente. Eres el jefe.

—Y, debo recordarle, que estamos trabajando, por lo cual las condiciones son distintas y se debe respeto hacia los de mayor autoría. Ahora, explíqueme por qué me avisó la llegada del Sr. Stark con veinte minutos de atraso.

—No fue mi culpa. Su asistente nunca contestó y suponía que estaba ocupado.

—Aquí no sirve suponer, Sr. Kim, aquí se actúa en el momento porque las transacciones y las acciones crecen a medida de lo que uno apure las negociaciones —la verdad es que no quería verlo de frente y me fui al sofá.

—¿No sería mejor que me vieras a los ojos mientras hablamos?

—No, si yo quiero. Usted está bien ahí y yo aquí. Siga respondiendo mis preguntas.

—No ha seguido con el cuestionario —sonrió ladino. Ni siquiera volteó a verme.

La luz que entraba en la oficina hacía definir más sus facciones y un brillo especial en sus ojos. Perfección, pero jodido.

—¿Trabajó en la empresa Stark U.S.?

—Eso debería de saberlo por el curriculum y por el señor que vino.

—Dos puestos en el mismo lugar. Debe sentirse afortunado —halagué.

—No es de mi gran interés.

—Sin embargo, siempre estabas menos de un año en cada empresa. En Stark U.S., un mes de gerente general de Finanzas —los ojos de Kibum perdieron brillo y supuse que algo malo tiene que haber pasado ahí.

—No lo obtuve con orgullo —admitió — y sólo puedo decir que fue un mes espectacular. Hubiera sido más de no ser por algo en concreto que pasó.

—¿Y qué es lo que pasó?

—Lo que haya pasado, es algo de lo que no quisiera hablar —cerró los ojos —. Lo disfruté, sí, y fue una experiencia que me hizo crecer como persona.

—Estuviste un mes en ese puesto e hiciste crecer económicamente a la empresa.

—Sí, soy bueno en matemáticas y soy fríamente calculador, si es eso lo que quieres saber.

—Soy buen observador, por lo que ya me había dado cuenta —me levanté del sofá y me dirigí frente al escritorio —. Volviendo al tema principal —aclaré mi garganta —. ¿La Sra. Byun no contestó? —él negó —. ¿La encontró en el escritorio ahora?

—Tampoco.

—Algo tiene que haberle pasado —marqué el número de ella y no contestaba —. Es raro. Bueno, no debería de extrañarme, está pasadita de edad.

—Es lo mismo que pensé cuando la vi, por eso creía que era el Sr. Choi Padre con el que me iba a reunir.

—Ya ves, tenía que contratar más personal pero contigo hubo un atraso de casi dos días y fue pérdida de tiempo.

—No creo ser una pérdida de tiempo si es que me tiene de recepcionista.

—Sólo fue un pedido de mi amigo. Digamos que el más interesado es él.

—Lo sé —dijo orgulloso —, soy demasiado para algunos que casi creen imposible de conseguir esto —se señaló.

Solté un quejido. ¿En serio que este chico no iba a cambiar nunca? Seguía con su ego muy alto.

—No me gusta hablar temas de homosexualidad.

—Pero tu amigo lo es, se le nota a leguas.

—Eso es algo que no le incumbe, Sr. Kim. Lo conocí de pequeño y sé todos sus problemas. Claramente sé que es gay, en parte, y no me importa lo que haga con eso, sólo las consecuencias que eso podría traer.

—Entonces haces el papel de padre para él.

—Algo así y puedes irte —me acomodé en el asiento y dediqué mi atención a los correos que llegaron a la bandeja de entrada. Sin embargo, él no se quejó y ni siquiera se movió de su asiento —. Qué, ¿acaso no escuchas?

—No soy sordo, pero tampoco soy basura para que me trates como lo estás haciendo.

—Deja de tutearme porque no somos nada y sólo eres un empleado más de aquí. Soy tu jefe y me debes respeto, así que guárdate esa boca viperina para otro que sepa caer ante esa saliva venenosa.

Abrió su boca asombrado, quizás pensaba que era muy pasivo, pero es todo lo contrario. El señorito suspiró pesado y de mala gana se levantó del asiento para irse casi con humo saliendo de sus oídos.

Cuando estuvo en el interior, levantó su dedo medio y me gritó: idiota. Eso sí que no me lo esperaba en absoluto. Con tal agresión hacia mi persona y el querer hacer todo lo que a él le plazca, yo lo hubiera echado de la empresa. Sin embargo, el puesto de recepción quedaría vacante y además, el de mi asistente. Le diré a papá si es que le puedo dar la jubilación por adelantado.

—Debo reconocer algo —me quedé pensativo —, también se ve hermoso cuando se enoja —abrí los ojos ante otra de mis declaraciones hacia ese chico —. ¡Aish, qué estoy diciendo! —azoté la cabeza en el escritorio.

Esto tendría que conversarlo seríamente con Onew. Ese chico tendrá que salir de la empresa de alguna manera, sí o sí.
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