El Favorito del Jefe ღ Capítulo IV

15 mayo 2016

El Favorito del Jefe ღ Capítulo IV


Nunca había conocido a una persona tan mentirosa y manipuladora como lo era ese señorito. Además de no querer decirme sus datos faltantes, ahora discutía con mi mejor amigo Onew.

—¿Cómo qué no lo vas a contratar? Está aprobado por mí —me dijo molesto.

—Espera, espera. Yo soy el jefe aquí. Ya lo conversamos antes. Siquiera me hubiera dicho lo que le estaba pidiendo, tendría el trabajo ahora mismo.

—¿Y qué le falta?

—Mira —le mostré el curriculum —, los antecedentes estudiantiles, nada. ¿Quieres que contrate a alguien que ni sé en donde formó su educación?

—Bueno, tal vez no quiere demostrar su pobreza o algo así.

—¿Pobreza? Por favor —bufé y me tiré de lleno en mi asiento —. Hemos recibido a peores personas aquí, todas cumplieron con esta sección —me miró aún enojado —. Lo lamento, pero no puedo contratarlo.

—Lo siento. Si me disculpan, debo irme —oímos y vimos al chico entrar al ascensor.

—¡No, espera! —gritó Onew para mi desconcierto. O no tanto. Estaba interesado en él. Las puertas se cerraron y el traga pollo me miró furioso —. ¿Viste lo que hiciste? Dejaste ir una oportunidad para esta empresa.

—Tú oportunidad —recalqué —. Personas con talento sobran en el país.

—Te estás equivocando, rana.

—No le tomes tanta importacia, Onew —me irrité. Estaba fastidiado por la atención a ese chico —. Déjalo ir. No lo necesitamos —fui así de tajante. El conejo me miró y negó con la cabeza para después irse al ascensor que ya había llegado y entró levantándome su dedo grosero. Maldición.. Pelear por una estupidez.

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Pasaron tres días y me encontraba en mi entera tranquilidad hasta que fue interrumpida por Onew, otra vez. 

Durante estos tres jodidos días, el conejo venía a mi oficina para repetirme una y otra vez lo cuán equivocado estoy y que perdíamos una oportunidad de oro. Yo sólo pensé que ese señorito tenía oro en el trasero que tanto insistía el conejo. Y eso que no se han acostado aún y quizá ni lo hagan.

—Vamos, llámalo.

—Te dije que no.

—Hazlo, hazlo.

—Que no, conejo. ¿Acaso no entiendes? —dejé de revisar mis papeles para verlo a los ojos de cachorro que me ponía en estos momentos. Maldición —. Si lo llamo, ¿te harás responsable de sus actos? 

—Claro que sí. De los suyos, de los míos y de los nuestros.

—No estoy hablando de tu vida sexual, estúpido —espeté molesto.

—Lo sé y me lo estoy tomando seriamente.

—¿En serio? —aún no me lo podía creer, pero le daría una oportunidad a ese Kibum.

—Por supuesto que sí —fue la respuesta más sincera que había escuchado de él. Sí, como no.

No sé por qué tenía que ser influenciado por mi amigo, cuando yo era el jefe y debía dar la orden final. Pero no, aquí me hayo tomando el teléfono para llamar a Kibum y contratarlo para el beneficio de esta empresa. 

En cuanto a los datos, quizás podía influenciar un poco esta vez.

—Buenos días —contestó al primer tono. Al parecer estaba esperando la llamada desde antes —. Soy...

—Sí, Señor Choi. ¿Desea algo? —o quizá no.

—Señor Kim.

—Sólo Kibum —claro, se me había olvidado.

—Sólo Kibum, espero que no haya aceptado ningún trabajo porque lo quiero trabajando en esta empresa.

—¿Me quiere? —¿qué pregunta era esa? Me atraganté con mi propia saliva de la sorpresa y tosí sin parar. Onew me miró divertido. La conversación estaba al altavoz.

—Lo queremos, sólo Kibum —burlé.

—Que bueno que se haya decidido. La calidad es importante.

—Claro, la calidad —bufé y rodé los ojos —. Es mejor que esté en treinta minutos aquí o será despedido de nuevo.

Cuando el niñato me dijo "Yes, sir", me resigné a que lo tendría fastidiándome todo el santo día. Le corté al instante para no tener que escuchar esa locución chillona.

Ahora, la pregunta del año: ¿en qué puesto lo pondré?. Lo mismo le pregunté a Onew y se quedó pensativo.

—¿Y ahora qué?

—Bueno, ¿y si lo pones en el departamento de Finanzas?

—¡¿Qué?! No, no, no. Es nuevo y ni modo, tiene que venir de abajo para ganarse mi confianza —apoyé mis codos en el escritorio y puse mi cara entre las manos —. ¿Qué tal recepcionista?

—No, te niego ese derecho —¿qué chingadas hablaba éste? —. Eso es para chicas.

—Pero si ha trabajado antes en ese puesto.

—También en Finanzas —aseguró —. Debe ser bueno en su trabajo.

—Será muy bueno, pero como castigo, lo haré empezar desde abajo —dije decidido.

—Espera. Debes pensar en que sabe cuatro idiomas —me mostró los cinco dedos de su mano derecha —, incluyendo el coreano. Lo cual no es malo en que lo uses de mejor manera.

—Por supuesto, de recepcionista —rectifiqué.

—Si serás... Piénsalo mejor —se levantó del sofá y se dirigió a la salida —. Tengo que ir a consolar a Taemin. Ha estado muy extraño.

—Quizá te olvidaste de su trasero y te fijaste tanto en el del niñato, que no te diste cuenta del pobre Tae —le aseguré irónico.

—Nah, mi pequeño no es celoso. Lo conozco bien.

—Lo conoces bien —canturreé sarcástico —. Cuando se conoce a una persona, hay facetas que son impredecibles.

—¿Lo dices por experiencia? 

—Lo digo por que el mundo da vueltas y vueltas —dije rodando mi dedo índice en el aire.

Él solo agitó su cabeza en desaprobación y yo reí por lo imbécil que podía llegar a ser mi amigo por un trasero.

—Dios, dame paciencia y tranquilidad para con el novato —me burlé, pero no con el de arriba, claramente.

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Treinta minutos es todo lo que pedía para saber si era puntual o no. El señorito se estaba tomando su tiempo más de la cuenta y eso me estaba fastidiando. ¿Acaso haría lo mismo todos los santos días? Llamé a Onew diciéndole de su resposabilidad con el niñato y que no volviera a suceder. Lo contrataré pero no me haré cargo de él ni mierda.

¿Qué se creía? ¿Qué iba a manipular a todos aquí? Al carajo. Le iba a decir sus cuantas cosas para que no se le subieran los humos a la cabeza.

Sí, era lindo, hermoso, bellísimo, como describía el conejo pero no por eso podía hacer y deshacer a su merced.

Escuché que en el ascensor alguien quería ingresar. Ese debía de ser él, puesto que no sabe la clave aún. Me levanté del asiento y me dirigí para abrirla con la clave correspondiente. Al abrirse las puertas me encontré con alguien diferente. Fruncí el ceño desconcertado.

—¿Quién eres tú?

—Soy yo, por supuesto —dijo altanera la persona. Me fijé bien en sus facciones y lo reconocí. Kibum. Había cambiado su look y delineado sus ojos cual chica para resaltar su mirada. Lo había logrado —. Buenos días, Choi —y qué se creía éste, ¿que era su amigo para estar insultándome de esa manera?

—Yo diría: buenas noches —espeté molesto mientras cerraba la puerta de la oficina y me sentaba frente al escritorio —. ¿Qué le pasó a su cabello? 

—Me lo tinturé para mi primer día de trabajo —dijo sonriente. Fingidamente sonriente, diría yo.

—Pues tendrá que cambiárselo —le miré de reojo mientras buscaba los papeles para el contrato y no estaban. Maldita sea. Tomé el teléfono y llamé al Departamento de Recursos Humanos para que trajeran la copia igual del contrato.

—¿Cambiarlo? Imposible. No voy pagar de nuevo por un cambio.

—Ese tipo de cabello no se permite aquí —le señalé los reflejos —. ¿Distinto colores? Por dios, que esto no es una contratación para un desfile de modas, señor.

—Sólo Kibum —dijo molesto —. Y ya sé que he venido a una empresa que es de importaciones y exportaciones. El cabello me queda lindo así.

—Por muy lindo que sea, no está permitido. Color castaño claro está bien, pero no esos reflejos que lo hacen ver como una niñita en concursos de princesa.

—¡Ja! ¿Ahora me dará curso de moda? ¿Quiso que viniera sólo para degradarme como persona?

—No. Lo llamé porque es un beneficio para nuestra empresa —aclaré.

—La primera vez dijo que no sería necesario.

—Bueno, cambié de opinión —¿y por qué tenía que darle tantas explicaciones al canijo? —. Además, ¿quién no se enojaría si alguien estuviera ocultando información en su curriculum?

—Y otra vez con eso —suspiró frustrado.

—Esta es la excepción que estoy haciendo y sólo por mi amigo. Créame que si fuera el único jefe, no estaría aquí.

—¿Entonces debería agradecerle a su amigo? —asentí —. Lo haré con creces —dejó salir por esa boca víbora. Me traería dolores de cabeza, ya lo sabía. ¿Y qué pasaba con el maldito contrato que no llegaba?

—Me importa un pepino como lo agradezca —y justo a tiempo llegó la secretaria con una carpeta y los papeles. Me las pasó y revisé si todo estaba bien. Asentí con la cabeza que podía irse y así lo hizo. Observé aún más los papeles ante mí y luego se los pasé al señorito —. Ahí tiene. Firme abajo y estará contratado.

Tomó los papeles y los leyó detenidamente como esos cuando te dan créditos bancarios y te pasas las letras pequeñas. Éstas no la tenían pero era meticuloso y eso podría servir para futuras contrataciones a la empresa.

—¿Qué es esto?

—Qué cosa.

—Esto —me mostró la sección en donde decía su cargo —. Está de broma, ¿verdad? —tiró los papeles sobre el escritorio.

—No, claro que no —me estiré en el asiento —. Tenía un puesto más decente para usted, pero como se tomó el tiempo necesario para ese cabello que deberá cambiárselo, debo recalcar, como castigo... —enfaticé con mis dedos — tendrá que empezar desde ese puesto.

Me amenazó con su mirada parecida a la de una chica. Debo darle toda la razón a Onew en pensar que el chico era realmente hermoso. Cutis perfecto, labios carnosos con brillo labial, nariz perfilada y esos ojos que lograron captarme con ese toque de maquillaje. Podría decir que es perfecto, pero con ese carácter altanera, lo jodió todo.

Sin embargo, siendo tan bello, no me atrae para nada como lo ha hecho con el come pollos de mi amigo. Supongo que es cosas de gays.

—Debe empezar desde abajo. Lo hubiera dejado de recepcionista por lo menos, pero...

—Por favor —escuché de sus labios. En gran parte eso me sorprendió, porque su carácter no parecía ser de una persona que se disculpara —. Por favor, no en este puesto —pidió de nuevo —. Déjeme de recepcionista si quiere, pero no de eso.

Un ser tan delicado como él no quisiera empezar de un puesto de auxiliar de aseo. Ese puesto era para personas que han sacado sus estudios y sin diplomas. El señorito los tenía y los adjuntó todos en su carpeta. Si lo pensaba mejor, parecía injusto pero es que con su altanería, no llegaría a ninguna parte. ¿Es qué acaso no podía entender eso? ¿Acaso los trabajos anteriores los logró mintiendo? Y aún me pregunto, ¿cómo es que llegó a obtener el puesto en el departamente de finanzas? ¿Mintiendo también?

Él relajó sus ojos y su pose disminuyó de imponente a uno resignado. Dios, verlo así me mataba. Soy mayor por un año y sé que no todos nacen con una suerte como la mía y de otros tantos. Personas que se esfuerzan día a día para poder conseguir algo en la vida y la mía sólo fue con un rechistar de dedos y ya era jefe de la empresa.

Por esta vez... Sólo por esta vez, me rebajaré a darle el puesto que quiere.

No será auxiliar, será recepcionista; no es un mal puesto, además de que lo conoce muy bien.

Levanté el teléfono y llamé a la secretaria.

—Modifique el contrato del Señor Kim Kibum, de auxiliar a recepcionista. Cambio de sueldo, horas de entrada y salida —él me miró impresionado. Tal vez pensaba que yo también era alguien como él, pero se equivocó —. Lo quiero en dos minutos máximo —colgué —. ¿Contento? —me dirigí a él. Asintió.

No quiso hablar; no dijo nada mientras llegaba el nuevo contrato a mis manos y revisarlo nuevamente para ver si lo habían modificado bien y lo estaba. Se lo pasé y lo miró, estuvo conforme y le señalé que firmara en todos los lados sugeridos.

De pronto me parecía la persona más frágil que habían visto mis ojos. Es un chico y lo veo frágil, que tarado.

—Listo —dijo cuando finalizó y me pasó los papeles. Estaba todo correctamente.

—Le diría que empezara desde hoy, pero viendo que sería muy repentino para la señorita Lee, le recomiendo que empiece mañana a la hora establecida en el contrato.

—Por supuesto. Cumpliré, se lo prometo.

—Eso espero. Ahora puede retirarse y descansar para el día de mañana.

—Así será —me sonrió y se levantó del asiento para tomar el ascensor.

No sé por qué, pero ese repentino desplante de no importarle nada a importarle todo, me parecía extraño. Cosa que no quería analizar porque no quería tener más dolores de cabeza.

Finalmente, terminó la última entrevista de la lista.
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