El Favorito del Jefe ღ Capítulo III

15 mayo 2016

El Favorito del Jefe ღ Capítulo III


Si preguntan si no había esperado esa llamada, les mentiría. Lo había esperado con ansias. No es que me gustara del todo los trabajos de oficina pero era lo que había estudiado a regañadientes y bueno... era lo único que sabía hacer. Aunque había empezado desde abajo, prácticamente empaquetando revistas.

Ahora me importaba poco en donde me dejaran, necesitaba el trabajo. A penas duraba el mes con lo último ganado y me quedaba para, quizás, una semana con suerte.

Ya estaba listo y preparado después de mi ducha mañanera y debía llegar a la empresa a tiempo. No quería dar malas impresiones desde un principio.

Así es como salí de mi apartamento, saludando a los que estaban a mi paso. Yo vivía en el centro de Seúl y no es porque quisiera, sino por motivos de fuerza mayor. No me gustaba viajar desde Daegu para llegar al trabajo todo cansado. Este era el centro de todo. Por lo tanto, opté por alquilar un departamento con todo amoblado. Me podía dar el lujo de hacerlo ya que los últimos trabajos en el que estuve, no me iba mal.

Por una parte, me sentí libre de las garras de mi madre, pero con el tiempo te das cuenta que necesitas que alguien te mande para todo. La extrañaba y tengo que ir a visitarla. Desde que salí de casa, no he ido a verla.

Llegué a la empresa y eran las nueve y treinta de la mañana. ¡Maldición! ¿En dónde me habré demorado tanto? Ah, ya sé, la ducha.

No es por ser egocéntrico, pero me encanta tomar una larga ducha con todos los jabones que más me gustaban.

Cambiando de tema, debía llegar a las ocho y treinta más o menos y me quedé estático frente a la puerta corrediza del edificio. Corrí hacia el interior y ahí estaba la misma recepcionista del día anterior. Bufé y rodé los ojos, después de todo el Sr. Jinki no hizo nada con ella. Aunque tampoco lo esperaba.

—Buenos días. He venido por...

—Sí, Sr. Kim. El jefe lo espera en su oficina —me recordó. Debe tener buena memoria como para saber apellidos. Yo soy malísimo para eso. Suspiré.

—Gracias. ¿Dónde debo ir?

—Al piso 100. Ya sabe donde queda el ascensor —dijo eso y me sonrió como si no se acordara de ayer y que por culpa mía podían haberla despedido. Parecía hasta más deslumbrante. Raro.

Me dirigí hacia el ascensor. Esperé a que bajara y abriera sus puertas. No esperaba encontrarme con el mismo chico de ayer. Sólo que esta vez me dirigió la palabra.

—Buenos días —me saludó bien sonriente.

—Buenos días, señor —no se me ocurrió que más decir. Ni siquiera lo conocía.

—¿Señor? —preguntó sorprendido —. Soy joven aún, sólo trátame de tú.

—Claro... —claro que lo haría, si supiera su nombre —. No sé su nombre.

—Ups, lo siento —llevó su mano a su cabeza —. Me llamo Lee Taemin, tú debes ser el nuevo, ¿verdad? —me tendió la mano.

Al parecer las noticias corren rápido por aquí. Eso da un poco de miedo.

—Bueno... eso creo —tomé su mano para no parecer descortés —. Aunque no lo sé aún. Tengo que dar una segunda entrevista.

—¿Tu nombre?

—Kim Kibum. Pero puede decirme Key.

—Oh, interesante. ¿Llave? —cuestionó curioso —. ¿Acaso sabes abrir cerrojos y cosas así? —reí.

—No, no. Sólo... me llaman así desde pequeño y quedó. Tampoco yo sé el motivo —le sonreí falsamente. Claro, todos lo eran aquí. ¿Por qué no uno más?

—Ya entiendo —se quedó pensando un momento y yo me sentía incómodo por ese momento silencioso. Yo quería subir, dar la entrevista, saber si era aceptado o no definitivamente e irme a comprar algunas cosas que me faltaron el día de ayer —. ¡Oh! —al parecer había recordado algo —. Verdad que tengo que ir a otro lugar y yo aún metido aquí —y salió por fin del ascensor —. Nos vemos por ahí, novato.

—Por supuesto —siseé pero ya se había ido. Ahora soy el novato, nuevamente. Suspiré frustrado.

No me gustaba ese título del nuevo, porque siempre hacían una que otras maldades y que con el primer sueldo, les compraras o invitaras a un restaurant carísimo. Aish, lo odiaba.

Igual me había tomado por sorpresa tanta familiaridad de ese chico. Taemin. Por lo menos ya sabía su nombre. Siempre alegre y todo, pero aún me quedaba la duda del por qué ayer estaba triste. ¿Debería preguntarle para saciar mi curiosidad o simplemente dejar que pase como si nada?

Mejor lo dejo pasar. Ni que me importara.

Ya estaba en el ascensor y había marcado el número 100. Tarareé una que otra canción de las chicas popdance que no me acordaba el nombre, pero deberían estar orgullosas de que me sé las canciones y algún que otro baile. Soy una diva total en fiesta si de esta música se trata.

Para mi buena suerte, ningún individuo subió al ascensor, por lo que llegué más antes de lo esperado. Pero...

—Ingrese la clave para acceder —dijo el altavoz del ascensor. ¿Cómo que clave? 

Había un teclado numérico, por lo cual supuse que eran sólo números. Intenté ingresar un número conocido, el del edificio.

—Ehmm... A ver.

—Clave incorrecta. Inténtelo de nuevo —tsk. Introduje otro número. El piso en el que estaba —. Clave incorrecta. Inténtelo de nuevo. Última oportunidad.

Maldita máquina. ¿Cómo que última oportunidad? ¿Acaso se creía celular el maldito?

Estaba tan decidido a irme. Cuando de milagro se abren las puertas y me quedé observando al señor frente a mí.

Era alto, quizás un metro y ochenta si no me equivocaba. De tez un poco morena, pelo largo y ondulado hasta los hombros. Bastante atractivo. Y eso que me costaba mucho admitir que alguien era más atractivo que yo. Aunque bien orgulloso de mí, no me superaba. Estaba vestido con un traje completamente gris, ni siquiera tenía un diseño determinado. Corbata color rojo chillón y camisa blanca. Le quedaba perfectamente.

—Bienvenido —saludó amable. Seguramente es el asistente del jefe porque era joven.

—Buenos días. Vengo a ver al Sr. Choi.

—Por supuesto, pase —me indicó hacia unos asientos frente al escritorio pero no había nadie más que nosotros dos. Me pareció extraño.

No podía ser que... Bufé. ¿Cómo no lo había notado antes? ¿Joven asistente? Claro, como no. Él era el jefe. Mi futuro jefe. Aunque todavía lo ponía en duda. De seguro no tenía tanta determinación como el Sr. Choi que yo recordaba. Un caballero apuesto y alto y de seguridad que transmitía a leguas. 

A este no se le veían los pelos de seguro. Ni siquiera al metro, sentado frente al escritorio.

Podría arrepentirme si es que así lo decidía, ¿no?

*     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *      *     *     *

Me encontraba en la oficina del que sería mi futuro jefe, haciéndome preguntas que a veces no le encontraba sentido y que simplemente contesté con gran maestría. Eso era lo mío. De vez en vez, preguntaba de casi el mismo tema que conversamos minutos atrás y que era para ver si caía en su trampa. Distintas palabras, mismos conceptos, eso era todo. Las respondí todas y eso quería decir que obtenía el trabajo sin tanto esfuerzo.

Parecía el término de la entrevista y tenía mis ligeras sospechas de que andaba buscando algo en esos papeles. Específicamente, mi curriculum y con ella, los datos que no adjunté. Lo sabía.

—Señor Kim.

—Sólo Kibum —le hice saber. Era la décima vez que se lo decía que no me gustaba lo de señor y parecía no entender. Él quería fastidiarme.

—Entonces, Sólo Kibum —me tomó el pelo más encima —, aquí hace falta algunos datos y hay otros que no son relevantes. Sí es interesante que sepa cuatro idiomas, lo cual puede ser de provecho en la empresa. Sólo espero que me diga en dónde estudió para poder verificar si es cierto que estuvo ahí y así —lo miré consternado. ¿Qué debía decir? Simplemente fallé gran parte de la secundaria y preparatoria. Todo lo que aprendí fue en pequeños cursos para no tener que empezar a estudiar niveles bajo y salir viejo del lugar —. Ya sabe, cosas de rutina —éste me estaba tomando a prueba. Bien. Antes pude mentir en esta sección. ¿Por qué no ahora?

—Se quemó. La escuela entera se quemó. Por eso no le hayo el sentido de que pusiera ese dato en mi curriculum. No habría persona con quién hablar —mentí. Sólo esperaba que me creyera.

—¿Cómo se llamaba su escuela? —¿y porqué insiste? Ya le dije que se quemó. ¿Acasó llamará a los muertos?

—No me acuerdo.

—Es un mentiroso —lo miré de mala gana. Claro, soy un mentiroso. Pero no con respecto a mi vida entera. Sólo esa parte —. No me gustan las personas con falta de confianza, aquí no se admite de eso.

—Bueno, como quiera. Pero sepa que está perdiendo un gran empleado. Me sé cuatro idiomas a parte del coreano. Eso no lo conseguirá en todas partes —me ofusqué y me levanté del asiento para ir al ascensor. Trabajos me sobraban y todavía esperaba llamadas. Para mi suerte, justo entró una a mi celular. Contesté de inmediato —. ¿Aló? —me quedé esperando mientras subía el ascensor. Escuchaba la conversación del hombre detrás de la línea. Trabajo de empaquetador. Bufé. Sé que dije que quería cualquier cosa, pero no era para rebajarme a tanto. 

Miré a mi espaldas y el jefe llamó a alguien por teléfono. Me miró de reojo y volteé el rostro. Demonios. Por un momento estoy en problemas. Ésta era la décima llamada que recibía y todas para ser empaquetador. Dios, Dios, Dios.

Corté la llamada. Sinceramente no quería tomar aquel trabajo y todavía faltaban días para que se me acabara el dinero por lo cual podía permitirme algunos días de relajo. El ascensor abrió sus puertas y me encuentro con nada más ni nada menos que con el Señor Jinki. Él parecía muy feliz de verme y yo a él como si fuera mi ángel de la guarda.

—Kibum, que gusto verte —en vez de saludarme con la mano, me abrazó como si fueramos conocidos de toda la vida. En esta ocasión me dejé, puesto que quiero el trabajo.

—Señor Jinki, el gusto es mío —mi muy servicial saludo para conseguir el empleo.

—¿Cómo estás? —dejó de abrazarme y nos sonreímos, pero mi sonrisa decayó a una tristemente fingida.

—Pues más o menos. No he conseguido trabajo, al menos no de la que quiero.

—¿Cómo? ¿Y aquí?

—Bueno —suspiré levemente. Quería jugar un momento y así molestar al otro. Miré de reojo hacia su escritorio —, el Señor Choi no cree que sea adecuado para esta empresa. No puedo ir en contra de sus principios. Él sabe lo que hace.

—No, no, no. Tú estás totalmente apto para este trabajo. Espérame aquí.

Fue directamente donde el señor frente al escritorio. Con suerte, podía tener el trabajo hoy mismo. Sonreí malicioso.

Por lo que ví, mi causa agrabó la amistad de ellos dos. Oía la discusión a lo lejos, no tan audible pero algo escuché de los antecedentes estudiantiles y algo referente a la pobreza. Entonces me creía pobre. Oportunidad para hacerme la víctima.

Era mejor irme y así serlo aún más.

—Lo siento. Si me disculpan, debo irme —giré sobre mis talones y el ascensor ya había abierto sus puertas. Entré y los miré por última vez. Escuché al Señor Jinki que no me fuera, pero ya era tarde, las puertas se cerraron.

Dentro del ascensor suspiré agotado por tanta habla. Me gusta hablar, sí; pero si no llegaba a ninguna conclusión que me gustaba e importaba, era para nada.

Llegando al primer piso, me topo con Taemin. A penas salí del interior y comenzó a hablar conmigo.

—¿Y cómo te ha ido? —preguntó entusiasmado.

—Al parecer mis servicios no son de ayuda para esta empresa —dije desanimado, no lo estaba realmente.

—¡Oh! Es una pena —expresó su lástima —. Nos hubieramos llevado realmente bien.

—Sí, creo sí.

En eso, justo sale el Señor Jinki del ascensor. ¿Por qué para mí siempre se hacía eterno dentro del cuadrado este? ¿Acaso ponían su típica clave para que subiera y bajara más rápido?

—¡Kibum! —Taemin y yo volteamos a ver al señor de sonrisa Colgate. Se acercó a nosotros corriendo —. Kibum —dijo agitado —, sé que Minho puede ser un tonto, pero realmente eres necesario en esta empresa —Jinki miró a la persona al lado mío y le sonrió. Sin embargo, Taemin no hizo lo mismo y luego de mirarlo, lo hace conmigo preguntándose cómo es que soy importante en un día. 

Tiempo que no sentía incomodidad por esta situación. Rodé los ojos. La verdad es que no quería estar aquí. Ya no sería contratado, estaba más que claro.

—Lo siento, pero ha dado su veredicto y si cree que no soy necesario, es mejor que quede así —hablé sincero.

—Es una lástima —sonrió sin ánimos.

—Lo sé, pero ya habrá otro trabajo en el cual podré desempeñarme y del cual sea necesario —le sonreí para no mostrar debilidad ante lo de hoy.

—¿Se conocen? —fue la pregunta repentina de Taemin.

—No, no, no. Sólo que el Señor Jinki fue el primero en entrevistarme —le aclaré.

—Ahh...

—Bueno, debo irme. Haré unas tantas compras y luego a esperar más llamadas —comencé a alejarme y despidiéndome con la mano —. Adiós y un gusto haberlos conocido.

Estaba llegando a la entrada y escucho algunos murmullos raros en la sala de espera. Era Jinki con Taemin, prácticamente discutiendo. Se asesinaban con los ojos y entonces supe que ahí había algo; por algo la extraña pregunta y actitud de Taemin.

¿Qué no se podían tener parejas en las empresas? Que yo sepa, estaba prohibido por lo mismo, compatibilizar y relacionar trabajo con relación en lugares así, podrían traer consecuencias.

Bueno, que más daba. Ya no los vería, no debería de importarme.

*     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *      *     *     *

—Vamos... Llama, llama.

Estoy en mi habitación todo impaciente. Aunque no me crean, estaba esperando la llamada del maldito ojos de búho. Yo creía que el Señor Jinki lo convencería o no sé. Llevo tres días esperando una llamada y nada. ¡NADA! 

—¡Que llames, maldita sea! —y como si el cielo hubiera escuchado mi súplica, entró una llamada a mi celular. Abrí mis ojos como platos al saber que ese era de la oficina del búho. Por supuesto que había guardado el número, por si las moscas. Me tranquilicé, respiré profundamente y aclaré mi garganta —. ¿Alo? —contesté como siempre.

—Buenos días —sí era él. Me reí por dentro, debe ser mucho trabajo suplicar porque volviera —. Soy...

—Sí, Señor Choi. ¿Desea algo? —fui tajante.

—Señor Kim.

—Sólo Kibum —le aclaré serio. De todas formas me gustaba molestarlo.

—Sólo Kibum —gruñó —, espero que no haya aceptado ningún trabajo porque lo quiero trabajando en esta empresa.

—¿Me quiere? —no podía evitar fastidiarlo. Al parecer se había atragantado con su saliva, porque no paraba de toser. ¿Acaso estaba enfermo?

—Lo queremos, sólo Kibum —también le gustaba molestar. Esto iba a ser divertido.

—Es bueno que se haya decidido. La calidad es importante.

—Claro, la calidad —burló —. Es mejor que esté en treinta minutos aquí o será despedido de nuevo.

—¡Yes, sir! —suspiró resignado y terminó la llamada antes que yo.

No quedaba más que arreglarme bien para mi primer día de trabajo. Estaba emocionado y la verdad es que tenía todas las esperanzas puestas hoy. Para que mentir, esa empresa es una de las mejores en paga a los empleados y, por un niñato de Jefe, no me iba a impedir entrar.

Cuando llegara a la oficina, tendría que darle gracias a quien sea que lo haya convencido.

*     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *      *     *     *

¿Treinta minutos dijo? Ni de broma. Ni que fuera la cosa simple de la vida caminando por las calles de Seúl. Yo era tipo diva y tenía que verme bien para mi primer día. Pelo castaño claro bien liso y con mis reflejos de colores. No me lo han prohibido aún, ¿verdad? Mis ojos ligeramente delineados para resaltar mi mirada. Mis labios con brillo para que no pasen desapercibidos lo voluptuosos que son. Mi traje bien puesto. No por ser diva debo ir vestido como se me dé la gana, en esto tenía lógica. Unos pantalones casi apitillados color gris, una camisa blanca y una corbata color lila, sin llegar a ahorcarme.

Salí de mi casa con todos los ánimos del mundo y de saber que de ese trabajo nadie, pero nadie me sacaría. ¿Por qué? Porque con el Señor Jinki comiendo de mi mano, nada podría detenerme.

¿Mis intensiones? Bueno, no eran malas. Sólo quería ganar lo de antes, un dineral, y sabía que en esa empresa lo lograría. ¿Soy malvado? ¿Acaso los Jefes no lo son? El Señor Ojos de Búho, tendrá que admitir el favor que le estoy haciendo a su empresa.
Reacciones:

0 comentarios :