El Favorito del Jefe ღ Capítulo II

15 mayo 2016

El Favorito del Jefe ღ Capítulo II


Otro día más de entrevistas.

Sé que soy el nuevo Jefe de la empresa, ya que mi padre decidió que ya era tiempo de retirarse. No es que me gustara del todo trabajar aquí, pero la rutina se hace realmente aburrida. Tuve la suerte de que mi amigo Onew aceptara el trabajo cuando mi padre se lo pidió y que él aceptara, me alegró mucho. Su padre no se opuso y por supuesto que no lo haría, ya que era socio de mi padre.

Estaba cansado y aunque fuera temprano, quería irme a casa. Descansar por lo menos una semana, pero con tantas entrevistas y siendo último día, no iba a dejar todo el trabajo a Onew. Decidimos asignarnos la mitad para cada uno.

Y lo maldigo.

Me dejó con la mayoria de las mujeres y claro, todo era broma de ese conejo. Maldito Jinki. ¿Cree que me iré a ligar con algunas de ellas? Ni en broma. Menos con alguien del trabajo.

Entrevisté a cada una de ellas. Todas temerosas por las preguntas bien formuladas y más que nada, para alguien que debía contestar extensamente. Ninguna de ellas pudo, así que la única opción era decirles: la estaremos llamando. Y por supuesto que nunca llegaría esa llamada. Por último me tocó entrevistar a señores. Ellos tenían más confianza, pero ni así les ayudó a contestar como quería. Si les preguntaba algo era porque en realidad necesitabamos personas con esa capacidad. Por lo menos tenían suerte de que yo tomara la entrevista con seriedad. No como mi amigo, que lo hacía más irónico y a la broma.

Yo me tomaba el trabajo en serio, tanto que llegaba a darme un dolor de cabeza. Onew lo encontraba aburrido o divertido, dependiendo del día, y quizás se lo tomaba para el chiste, pero hacía bien su trabajo. Sin decepcionar a mi padre, ni al suyo.

Me faltaba sólo uno por recibir. Realmente no quería más batalla.

—¿Al último? —me lo pensé un momento. Vi su curriculum y tenía un buen historial de trabajos. Sin embargo, no quería hablar con el Sr. Kim. Así que tomé el teléfono y llamé a la recepcionista —. Srta. Lee.

—Dígame, Sr. Choi.

—¿Está el Sr. Kim esperando para la entrevista?

—Sí, está en la sala de espera —demonios.

—¿Le ha dicho que yo lo haría? —espero que no, espero que no...

—No, aún no se lo he mencionado —¡Bien!

—Entonces dígale que... —y justo en ese momento, entró mi amigo a la oficina —. Dígale que el Sr. Jinki lo entrevistará —yo sonreí con maldad. Ahí estaría el castigo, pobre pero castigo al fin, de lo que me hizo. 

Él me miró impresionado de lo que había escuchado porque, al parecer, ya había terminado con todas las entrevistas y me miró con unas ganas de matarme... a medias. Por lo bajo me dijo: eres un maldito cabronazo y yo le mostré mi dedo más bello.

Me encantaba molestarlo, pero en ese momento, la voz de la recepcionista me hizo reaccionar de mi momento de maldad.

—Sí, señor. ¿Desea algo más?

—Ajá, que nadie me interrumpa hasta la hora de salida —Onew me miró extrañado.

—Claro, señor.

—Adiós —y colgué. No estaba de ánimos ni para contestar educadamente.

Me levanté de la silla y me recosté en el sofá más largo que había. Onew me siguió con la mirada. Se dirigió al teléfono y llamó a la recepcionista, diciéndole que en 15 minutos más entrevistaría al Sr. Kim, colgó y se sentó en el sofá al lado mío.

—¿Y a tí que te pasa?

—Estoy cansado —me llevé la mano a la frente. Me dolía la cabeza.

—¿Cansado? —asentí —. Y eso que estás hace dos semanas aquí y eres más joven que yo.

—¿Alardeas de que estás espectacular a tu edad?

—Claro. En realidad, estoy fantástico. Guapo, exquisito, apetecible y aún con energías para hacer todo tipo de cosas.

—Exageras, Playboy.

—Sí y también juego a la GameBoy —no sé si hizo caso omiso a lo que dije o me tomaba el pelo.

—Playboy, idiota, Playboy —me entró la risa junto a mi amigo, porque sabía que lo dijo en broma y que con sus estupideces me alegraban el día.

—Y bueno... ¿No harás la entrevista?

—Ya te dije que estoy cansado.

—Seguramente habrás tenido sexo con las chicas entrevistadas —lo miré de reojo y movía sus cejas graciosamente —. ¿O me equivoco?

—Muy equivocado. De hecho, se asustaron. Al parecer, no pensaban que les haría preguntas de respuestas extensas.

—Así que las intimidaste —suspiró resignado —. Bravo.

—Debían tener confianza y si no la tienen, no eran necesarias aquí.

—Wow, igual que tu padre. Bien hecho, hijo de papi.

—Cállate —ni siquiera quería gritar —. Es mejor que te vayas. Entre más rápido terminas la entrevista, mejor para tí.

—Claro, Jefe, como usted mande —será maldito.

Lo ví salir de la oficina, no sin antes tomar lo que eran los papeles de la última persona que entrevistaría y poner el seguro a la puerta para que nadie entrara después. Apoyé mi cabeza en el lateral del sofá, me acomodé lo más que pude y caí en un sueño profundo.

Sueño profundo que no duró más de tres horas porque el maldito conejo me fue a despertar a las dos horas y fracción. Golpeaba la puerta sin cansancio, parecía entusiasmado.

—¡Deja de golpear la puerta!

Como pude, me levanté y me desesperecé los ojos, y el otro maldito seguía golpeando mi puerta.

—¡Que ya voy!

Pero siguía golpeando a pesar de mi advertencia. Me levanté furioso y abrí la puerta de golpe.

—¡Te dije que ya...! —entró sin hacerme caso alguno. Su cara era de total emoción y el saber por qué —. ¿Y a tí que te pasa? —formulando la misma pregunta que me hizo hace dos horas.

—¿Que qué me pasa? De lo que te perdiste, ranita —odiaba que me dijera así, pero era mejor que avestruz, ¿no?

—¿De qué me perdí? —se dirigió al par de sillas que estaban frente a mi escritorio y tiró una carpeta con papeles.

—El último —se quedó pensando en quién sabe que cosas —. Si lo hubieras visto. ¡Es más atractivo que Taemin! ¡Un bombazo! Y tiene un cuerpazo... —enfatizó la palabra cuerpazo — y una cara que... ¡WOW!

Ahí iba con sus cosas de gay... de nuevo.

Todos sabían. Bueno, no todos, pero la gran mayoría (excepto sus padres, los míos; los tíos y los primos y... toda la familia. Sólo los amigos cercanos) sabían que mi queridísimo amigo es... bisexual. Y siendo bisexual, nunca le descubrirían su secreto de que ha salido tanto con chicos como con chicas.

Claro, que para eventos especiales en su casa o la mía, llevaba a una amiguita, aparentando salir desde hace semanas y cosas así. Y para con los chicos, tenía un trato bastante especial, los hoteles. Lujosos hoteles de cinco estrellas, en los que podía follar a gusto y gritar sin ser escuchados.

En pocas palabras, el trato con las chicas era una cita con besos e incluido el motel (sí, motel el muy desgraciado) y no nos vemos nunca más en la vida.

Mientras que con los chicos era todo lo contrario. Una cita con besos e incluido el hotel (sí, hotel el muy desgraciado, de nuevo). Dos o tres semanas de salir y no nos vemos nunca más en la vida o si algún día te pillo desprevenido, te vuelvo a follar.

Al final, sus relaciones no pasaban de las tres semanas. Lo curioso es que no buscaba a alguien del ámbito trabajólico como el de nosotros, sino de lugares como restaurantes, cafeterías y heladerías donde sabía que no volvería más. Y, había alguien en la empresa, la excepción, Lee Taemin. Él siempre debía tener una excepción y yo no me opongo hasta cuando llegue el momento en que mi padre llegue a saber por otros medios ese hecho. Ahí sí que no sé como respondería. Supongo que debía prepararme mentalmente.

Y bueno, seguimos en la conversación.

—¿El último entrevistado?

—¡Sí! —parecía un niño que encontró un gran tesoro —. Lo invitaré a cenar.

—Oye, oye, te estás precipitando...

—De eso, nada. Debes contratarlo, estoy seguro.

—¿Contratarlo? Ni siquiera lo he visto, sopenco —fui a sentarme al asiento de mi escritorio.

—No hay necesidad, está aprobado por mí.

—Por tí, pero falta mi opinión. Soy el Jefe, ¿recuerdas? —me apunté a mí mismo.

—Le dije que no necesitaría ir a otra entrevista.

—¿Estás loco? Le creaste falsas ilusiones al pobre señor.

—¿Ilusiones? Dijo que quería el trabajo y se lo voy a dar. ¿Señor? Ningún señor, es más joven que tú.

—¿Acaso debería importarme?

—No y menos porque eres heterosexual.

—Sí y me alegro de serlo, fíjate.

—Créeme, los chicos también tienen lo suyo —esto último me dio un escalofrío nada agradable. Después de todo, yo también era un chico ante sus ojos.

—Espero, no te estés refiriendo a mí. Soy un chico también.

—Pero eres mi amigo. Si no te conociera desde la niñez, pues tal vez...

—¡¿Qué?! —grité espantado desde mi asiento y él se echó a reír a carcajadas. Maldito conejo.

—Sólo bromeo, rana.

—Uff... Me has dado el susto de mi vida —dije sarcástico, pero a él le pareció que dije la verdad.

—¿El susto de tu vida? Más susto te dará cuando veas a ese chico y te lo quieras follar. Ahí debería darte miedo.

—¿Tan grandioso es?

—Demasiado diría yo. Pensé que no habría alguien que superara a Taemin, pero veo que me equivoqué. Él supera mis espectativas... y eso que yo tengo grandes espectativas —sonrió.

—Claro, lo que tú digas —cerré mis ojos.

Estaba cansado aún y con mucho sueño. Faltaban cinco horas para salir de este mini infierno. Onew pareció entender mi indirecta porque se levantó del asiento y se dirigió a la salida, poniendo el seguro a la puerta al igual que antes.

No supe si habían golpeado a la puerta o si habían llamado al teléfono. Desperté y ya era de noche. Esperé un momento y comencé a arreglar mis cosas y con ellas, para la curiosidad mía, la carpeta del Sr. Kim. Quería saber que tan extraordinario podría ser ese señor... o joven, o como sea.

*     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *      *     *     *

Estudié todos sus expedientes y antecedentes. Muy buenos a decir verdad.

—Entonces... su nombre es Kim Kibum. Nació en Daegu, Corea del Sur, el 23 de Septiembre de 1992 —si era menor después de todo —. Idiomas que maneja: Coreano —obvio —, Inglés —normal para mí —, Japonés —no me impresiona, también sé japonés —, Chino Mandarín —sé lo básico —y Español Básico —¿también español? Un chico impresionante.

Onew que es más viejo que nosotros, sabe Coreano (obvio), Japonés (más o menos) e Inglés (muy malo y gracioso).

—Grupo sanguíneo... A ver. ¿Qué? —caí en la cuenta de que era lo más raro que había visto en un curriculum hasta ahora y más para una empresa. Además, ¿por qué pondría que tipo de sangre es para trabajar en una? ¿En serio que quiere trabajar en una almenos? Comencé a revisar todos los documentos y me imaginé que si puso eso, es porque faltaba algo. Y así fue.

Antecedentes escolares, nada. ¿Acaso no quiere que averigüemos dónde y qué es lo que estudió? Era extraño. ¿Y así el conejo quiere que lo contrate, con faltas de información y con desconfianza desde un principio? Que chingada.

Revisé los antecedentes laborales y empezó siendo empaquetador de una reconocida revista hasta ser el personal en el departamento de finanzas en una empresa vecina. Estuvo cerca de aquí, pero seguramente mi padre no necesitaba personal en ese momento. Lo más impresionante es el tiempo que duró en cada empresa. Sólo ponía los años pero no especificaba el mes y cuánto duró, y en todos los años era distintas las empresas. Excepto una en el que pasó de Junior a Recepcionista. Entonces se me pasó por la cabeza que... ¿Recepcionista? Eso se oye femenino, algo como para Taemin o no sé, lo cual me pareció un poco gracioso. 

En todo caso, le preguntaría sobre los meses. Si el conejo pervertido quiere que lo contrate, entonces le haré un buen de preguntas y si no contesta como debe y no es lo que necesitamos, afuera empresa y bienvenido conejo llorón. 

Por la mañana ya iba llegando a la empresa y pensando en mil cosas. Veo a mi amigo tremendamente feliz y saltando como niño de tres años (y menos, diría yo).

—¡Hola, buenos días! —o en verdad debería decir, exageradamente feliz.

—Buenos días, conejo —contesté desanimado. Habían terminado las entrevistas, pero aún así me sentía cansado. Quedaba entrevistar al último, por segunda vez, y finalizaría mi calbario.

Lo más curioso es que en el curriculum no había foto de él. Como si no quisieran que lo conocieran por otra parte que no sea en persona. Me gusta ese tipo de personas, que siempre se muestren para la entrevista y no sólo envíen correos con sus curriculum y sin saber si son confiables a simple vista ni nada. Pero cuando escuchaba a Onew hablando tan entusiasmado sobre ese chico, me intrigaba más. Hubiera creído que era feo, masiso y quizás... ¡No sé! Feo al fin y al cabo. Onew me hacía creer lo contrario.

—Wow, que animado estás —dijo sarcástico.

—No molestes.

—Parece que no dormiste bien anoche.

—Acertaste.

—¿Por qué? —me preguntó tan tranquilo. Maldito idiota. Mientras yo revisaba cada dato y la curiosidad me mataba en todo momento, él dormía como bebé. Me paré frente a él y lo miré furioso.

—Por tu culpa, imbécil. Tu culpa y la de ese tal Kim Kibum —me miró con extrañeza. Nunca me había visto así, creo yo. Pero me entró la furia loca cuando ya sabía lo que venía. Algún día descuartizaré al pobre conejo. 

Se puso a reír frente a mi cara el muy canijo

—Entonces, no es mi culpa, sino la de Kibum.

—Aish... Será mejor que te calles y te lo digo en serio —lo miré amenazante y seguí mi rumbo por el pasillo, saludando a la señorita Lee. No tenía ganas de hacerlo, pero soy el hijo del gran empresario y debo mostrar una buena imagen, pensé irónico.

—Ya, ya. Tranquilizate, rana —paulatinamente dejó de reír y yo seguí caminando hasta llegar al ascensor, esperando que se abriera la puerta y así entrar junto con Onew —. Uff... Bueno, tienes curiosidad de cómo es, ¿verdad? —había acertado a lo que pensé.

—Algo... Ya sabes, todos traían fotos en sus curriculums y justo el suyo no lo tiene. ¿Debo confiar en eso?

—Sólo te digo que es una persona excelente para trabajar aquí, lo aseguro.

—Tengo que entrevistarlo de todas formas.

—¿En serio? ¿Otra entrevista? Pero si yo lo hice ayer.

—Yo tenía que entrevistarlo y si no lo hice fue porque me dolía la cabeza y no podía con otra más. Ahora estoy bien y lo podré hacer —le aseguré.

—Imbécil —lo escuché decir. Había ganado un punto a mi favor y aunque ayer se ganó el punto con entrevistarlo, ahora estábamos uno a uno —. Bueno, no importa —habló —. Mientras tú estabas con la curiosidad de cómo era, yo me follaba a Kibum en sueños... —otra vez contando sus sueños y maldije por dentro — y me masturbé de lo bueno, pensando sólo en él —me aseguraba triunfante. ¿Dos a uno a favor de Onew? De ninguna manera.

—Debes dar gracias a que estamos en el ascensor y no está Taemin cerca, porque te hubiera degollado.

—No me preocupo, yo sé jugar mis piezas.

—Y deberías tener cuidado con eso, el juego te puede fallar en algún punto de tu vida, conejo.

Onew era muy jugado en la vida y nada le salía mal. Pero me preocupaba que en cualquier momento, alguna de esas piezas de las que tanto habla, le pueda traer consecuencias. Y eso atraería problemas para él, para mí o también a la empresa. Lo presentía.

—Bueno, aquí es donde me bajo —ya habíamos llegado al piso 99 —. Nos vemos en el break, camarada —a pesar de lo que le dije, se fue igual de sonriente que siempre. Pobre hombre.

Unos segundos más y llegué a mi oficina. Era la número 100. No sé por qué simplemente la 100 y no más pisos, si somos una gran empresa... Seguramente, mi padre se quiere limitar de momento. Espero y conmigo a cargo, pueda surgir más.

Entré y dejé todos los papeles en el escritorio. El último, el del señor Kim. Bueno, señorito Kim, ya que era menor que yo. Ya sabía lo que tenía que hacer. Lo había pensado mucho por la noche, así que busqué entre los datos, el número de contacto. 

De todas formas quería terminar rápido con esto, para que no quedara la última espinita en el asunto. Siendo las siete y treinta de la mañana, lo llamé sin tapujos. Lo hice dos veces y no contestó. Eso me hizo suponer que estaba durmiendo aún, pero quise intentar una vez más y contestó finalmente.

—¿Aló? —para ser señor, tenía una voz suave y muy poco masculino. Nunca había escuchado uno igual.

—¿Señor Kim Kibum?

—Sí, con él. ¿En qué le puedo ayudar? —habló como si estuviera preparado para recibir una oferta de trabajo. Se oía esperanzado. No quería intimidarlo diciéndole que es el Jefe quien lo llama. Lo más lógico, y que no debería estar haciendo porque me tomo las cosas en serio, es hacerme pasar por un asistente cualquiera.

—Lo llamo de la empresa Choi International y... —iba a continuar actuando, pero la emoción de él me detuvo.

—¡Ah! ¿Señor Jinki? —emoción que casi mando a la mierda por haber nombrado a mi amigo. Además, mi voz no se parece en nada al conejo pero que iba a saber él, ni me conoce. Apreté el teléfono un poco furioso, no podía romperla en medio de una llamada, ¿o sí?

—No —dije finalmente serio —. Soy el Jefe —se acabó el teatrito. Duró menos que un maní.

—Ah... —su voz bajó con todo el entusiasmo que tenía anteriormente —. Usted —¿cómo que usted? Maldito, hasta parecía que estaba esperando la llamada del maldito conejo. ¡Ah! ¿Señor Jinki?, ya verás cuando te diga que no serás contratado —. ¿Qué desea? —¿Cómo que qué deseo? ¡Conocerte estúpido!

Esperen... 

Había algo malo en mi cabeza y es que conocerlo no es lo que deseo. Que quede clarísimo. Era sólo la frustración de que no pusiera su foto en el jodido curriculum. Eso era todo o sino ya me hubiera librado de esta.

—¿Señor?

—Sí, aquí estoy —me quedé volando mucho tiempo parece.

—Entonces, ¿para qué ha llamado?

—¿Cómo que pa...? —me callé al instante. Se me había olvidado que no estaba en mis pensamientos —. Digo —tosí un poco —, ayer fue entrevistado por el Señor Jinki, ¿cierto? 

—Sí.

—¿Le dijo que su entrevista fue aprobada?

—No.

—¿Pero usted le dejó saber que quería el trabajo?

—Sí —que monótono.

—¿Podría dejar de responder con sólo "sí" y "no"?

—Por supuesto. Cuando no haga preguntas sin sentido, responderé como usted desea —que altanero —. ¿Puede ir al grano? —¿Y qué se cree éste? ¿Mi Jefe? —. Tengo que ir a otras entrevistas por la mañana y...

—Está contratado.

—¿Qué?

¿Qué? Es lo mismo que me pregunté yo. Ciego del momento por querer conocer a tal personaje, terminé por aceptar al señorito Kim. Ni siquiera le dije que nos reuniéramos y así hacerle las últimas preguntas para ver si podía o no quedarse en la empresa. ¡Qué imbécil soy!

—¿Qué dije? —todavía seguía sin creer lo que había dicho.

—Que estaba... contratado —habló medio dudoso. Podría estar anonadado, como feliz de tener por fin el trabajo... ¿deseado? No sé.

—¡Ah, sí! Está contratado, totalmente contratado —no puedo creer en mis palabras.

—Entonces, ¿empiezo mañana?

—¡No, hoy! —ahora sí que se me había safado un tornillo. Más encima, soné un poco desesperado —. Digo, mañana comenzará a trabajar, pero hoy tendrá que venir a mi oficina para hacerle unas preguntas finales.

—¿Más preguntas? ¿Que no estaba aprobada la entrevista? —bufó.

—Sí, lo está, pero éstas serán preguntas... más serias. Supongo que el señor Jinki, lo hizo a su forma —con desdén lo dije para saber que podría contarme sobre la entrevista que tuvieron ayer.

—Más o menos serias —esperó un momento y habló —. Está bien —se oyó resignado —. Bueno, primero terminaré de ducharme y estaré alrededor de una hora por ahí. ¿No le importa? —no, claro que no. Total, ya me dijiste lo primordial, tomando una ducha. Blanqueé los ojos.

—Ningún problema. Nos vemos, Señor Kim.

—Sólo... Kibum. Soy muy joven aún —¿y yo qué? Soy joven igual. Alardea igual que el conejo come pollo, por eso se caen como el bendito cielo.

—Claro... Kibum —y yo como sumiso, respondí. Que idiota.

—Hasta luego, Choi —¡¿Cómo que Choi?!

—¡Que soy tu nuevo Jefe, carajo! —le grité cuando ya había cortado la llamada. Hasta se me hinchó la vena del cuello por tal atrevimiento y para colmo justo entra Onew a mi oficina, tan feliz, que quería quitarle tal felicidad de un sólo puñetazo en la cara.

—Una consulta, ¿llamaste a Kibum? ¿Te dijo que sí? —estaba más emocionado que el propio entrevistado.

—Sí, Playboy, sí —tenía que calmarme. Estos dos traerían mi alma del infierno si seguían como estaban. No quedaba de otra que seguir respirando profundamente y calmarme —. Lo llamé, aceptó, lo cité para hoy en la mañana. Claro, después de terminar de ducharse —blanqueé los ojos nuevamente.

Me arrepentí de lo último que dije. Yo sabía como era mi amigo y con sólo un dato que le da imaginaciones varias para poder masturbarse, los agradecía enormemente y se iba al baño completamente excitado y salía feliz de ella.

—¿Duchándose? —¿qué les dije? —. Ay, hombre, me alegraste la mañana. ¡Gracias! —y como suponía, salió hecho un correcaminos.

Sólo quedaba esperar. Ya eran las siete cincuenta de la mañana. A las nueve, debería estar aquí a más tardar. Según su curriculum, el lugar en que nació era en Daegu. ¿Seguirá viviendo ahí o tal vez se cambió? Ahora tengo otra pregunta que hacerle. Que larga lista.
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