Amándonos en Secreto ღ Capítulo Único

28 mayo 2016

Amándonos en Secreto ღ Capítulo Único


Este era uno de esos días en el que me ponía a pensar el por qué llegó en mí la decisión a quererlo... No, a amarlo tanto cuando somos hermanos de sangre. Yo mayor que él por un año. Enamorado de mi hermano pequeño, el pequeño AJ.

Me parece un castigo. Así siempre lo he creído hasta ahora. Lo he vivido tantas veces y con él. De hecho, todas las veces que invitaba a chicas, para poder acostarse con ellas, hacía prevalecer la pregunta en mi cabeza:  ¿Por qué lo quería? Porque es mi hermano pequeño. Pero... ¿por qué lo amaba? No lo entendía. ¿Y por qué me involucré en esto? Se preguntarán. Sólo para no sentirlo lejos de mí.

Nosotros somos muy famosos en el instituto. Mi atractivo, al igual que el de mi hermano, volvían locas a las chicas. Como los chicos populares que éramos, teníamos fans por montones. Siempre las saludábamos y estas enloquecían como si fueramos artistas conocidos mundialmente. Entre él y yo, AJ era el más mujeriego y casanova. Él las conquistaba con su actitud altanera y de sabelotodo. Mientras que yo, era más romántico y me gustaba todo a la antigüa, aunque eso mi hermano lo encontraba totalmente cursi y más para un chico que era admirado por muchos, o sea, como yo.

Como todo hermano que se le dispara las hormonas, AJ terminaba acostándose con cualquier chica que se le insinuaba en alguna fiesta hecha por Eli. Los dos eran iguales: fiesteros, egocéntricos, hormonales... putos, diría yo. Pero me guardo ese último pensamiento sólo para mi hermano. En cambio, sí creía que Eli era el puto más grande del mundo: el máximo.

Para mi mala suerte, siempre acompañé a AJ en cada una de sus travesías sexuales. Las chicas se nos acercaban como moscas por el dulce más apetecible del lugar, nosotros. Y cuando mi hermano me miraba, lo sabía, había capturado a sus presas. Yo sólo podía sonreírle, él era feliz así. Yo... también... si es que me sonreía.

Pero todo cambió cuando comencé a pensar en él más que a un hermano, como un hombre. Un hombre atractivo, tierno cuando estamos juntos, gracioso que me hace reír de sus bobadas. Dormíamos en una misma cama... matrimonial. ¿Curioso? Para nosotros no, era de lo más común y no es que nos molestara. Era cómodo y siempre nos acurrucábamos para abrigarnos del frío. Lo hacíamos desde pequeños y no era mal visto por nuestra madre, por lo cual no nos preocupábamos. Me gustaba tomarle las manos y entrelazar nuestros dedos como si fueramos novios. Y eso era lo único que deseaba, sólo que... es mi hermano.

Un día fueron dos chicas a la casa. Supuestamente para una encuesta escolar y claro, mi madre las dejó pasar. Ellas no sabían nuestra dirección, si es que AJ no lo encontraba conveniente o no le interesaba la chica en particular. Esta vez era diferente. Le interesaba las chicas y era la primera vez que llegaban aquí.

En ese entonces ellas me miraron con ojos de lujuria y ya sabía a que venían: a tener sexo. Yo sólo tenía que seguir el juego y les sonreí. Me dirigí al dormitorio para encontrar a AJ jugando a la PlayStation.

—Hermano...

—¿Dime? —paró el juego y me miró. Es tan hermoso.

—Llegaron.

—¿Quiénes llegaron? —se hacía el tonto. Era un maldito a veces.

—Llegaron las chicas —le sonreí. No quería que viera mi debilidad, nunca se lo demostraba.

—Bien —saltó de la cama, apagó el juego y comenzó a arreglarse —. ¿Cómo me veo? —me preguntó. Yo quería decirle tantas cosas pero solo me quedó decir:

—Te ves bien —y sonreí nuevamente, no muy feliz por lo que se venía. Él sentía que algo no andaba bien y se acercó, me acarició la mejilla y me miró.

—¿Estás bien? ¿Pasa algo? —preguntó preocupado y yo me sentía morir con esa simple caricia.

Antes nos tocábamos mucho, en juegos bruscos y cosas así. Pero hace más de un mes que no había contacto directo, desde que pensé en él como un hombre, y dormía en el sofá, dejándolo solo en la enorme cama. AJ se extrañó por mi actitud pero me sentía incómodo a su lado. Mi corazón latía frenéticamente cuando me tocaba o besaba la frente poniendo mis mejillas en un color carmesí muy notorio. Él lo notaba, lo sé.

—Estoy bien —aparté la mano de mi mejilla y salí del cuarto con AJ siguiéndome por detrás.

Llegamos a la entrada, todavía estaban sentadas en el sofá de la sala. Sólo me quedó suspirar y sonreírles para seguirle el juego a mi hermanito. Él era el semental aquí. 

Las invitamos a la habitación y cuando entramos, miré nuestra cama en como sería ultrajada por primera vez... y quizás cuántas más, dependiendo de AJ.

Todos los encuentros que él tenía eran en fiestas, casas de amigos, y siempre con dos. Supuestamente una para él y otra para mí. Pero no terminaba por acostarme con ninguna y él hacía el resto del trabajo, sin molestarse porque era lo que quería. Sexo.

—Pasen —AJ habló primero, sacándome de la ensoñación y volvíendo al mundo real.

—Muy bella la habitación —dijo una de las chicas. Ella tenía el pelo negro corto y usaba una minifalda de color rosado que casí se le veía el trasero y una blusa un poco escotada. ¿Un poco? Diría que mucho y definitivamente a esa es a la que atacaría primero mi hermano. La otra era rubia, el pelo más largo y usaba jeans y una blusa que no dejaba mucho que ver. Inocente suponía yo, pero quién sabe cuando mi hermano le pusiera las manos encima.

—Gracias, chicas —agradecí a las dos, aunque la rubia no habló. Ni siquiera sabía sus nombres, suponía que AJ sí. 

Ellas se ruborizaron cuando les dirigí la palabra y las miré. Si supieran que conmigo no iban a tener oportunidad para nada. Ah... Con sólo pensar en mi cama, esas chicas, mi hermano encima de ellas, ya me devastaba con ello. El famoso siempre era AJ, yo siempre que podía quedaba al margen lo que más pudiera.

Nos hayábamos sentados en la cama. Después de una que otra conversa y de jugar un poco alguno que otro juego, mi hermanito había entrado en acción con la de la minifalda. Ya sabía. Mientras que yo seguía jugando en la PlayStation a uno de pelea y eso me distraía para no verlo. De reojo lo hice y vi como besaba a la chica. Me gustaría estar en ese lugar ahora. Como la tocaba, como se miraban a los ojos y expulsaban esa lujuría casi contenida, me hubiera gustado sentir eso. No quería ver más, así que tristemente miré a lo que estaba jugando nuevamente sin tomar en cuenta a la rubia.

La rubia se veía asustada. Ni que la fueran a comer los lobos. ¿Debería temer? Claro, por AJ, no por mí.

De repente, sentí una mano recorrer mi pierna y me puse tenso. No me lo esperaba, la chica rubia estaba tomando la iniciativa y eso me dio un poco de susto. La miré y sus ojos estaban sedientos de sexo. Maldición. ¿Qué hacer en un caso como éste? ¡No lo sabía! Nunca me había pasado que junto a mi hermano tendría que hacer lo mismo... y nunca me esperé que pasaría. 

Ella se acercaba lentamente a mi rostro y yo temiendo lo que venía, me levanté ofuscado mirando a la rubia y luego a mi hermano que me decía con la mirada: ¿Qué estás haciendo? Mientras la chica que tenía en sus brazos gemía de placer por unos cuantos besos y fricciones.

Lo miré enojado, simplemente me disculpé con la chica y me retiré del lugar.

Lo odiaba en ese momento. Tenía unas tremendas ganas de gritar, desahogarme. Todos sus benditos juegos cumplidos gracias a mí. Siempre teniendo a dos de un tirón en las fiestas, en el piso o en la mesa o lo que sea que encontrara porque ni yo veía sus actos. ¿Acaso quería que ahora fuera la excepción? Maldito idiota.

Mi madre me vio salir pero no dijo nada. Me quedé afuera, solo, en un banquito personal que habíamos puesto cuando nos mudamos a esta casa y que tenía vista al mar. Era hermoso, era relajante y me angustiaba a la vez. Me preguntaba el por qué mi hermano, el por qué no conocí a una chica o... un chico, me daba igual. Odiaba aparentar que nada pasaba cuando pasaba de todo. Lo amaba, maldición. ¿Por qué AJ? ¿Por qué tú? Te amo tanto y no puedo evitarlo, demonios.

Las lágrimas corrían por mis mejillas y con ellas el poco maquillaje que me había aplicado. Sollozaba y de momentos gritaba de la rabia. Me dolía todo lo que pasaba durante el último mes y no es hasta ahora cuando exploté. Si mi hermano se enojaba, no me importaba. Ahora lo quería lejos de mí. No quería que me tocara, no quería que se preocupara por mí. No quería nada...

En eso escucho que la puerta se abre y agaché la mirada. El cabello me cubría el rostro. Las chicas salían muy  contentas. Desgraciadas. Les hizo el favor a las dos, bien por él. 

Después que se fueron, AJ intentó acercarse pero justo lo detuvo su amigo puto, Eli. Ni siquiera me saludó, lo cual no me pareció extraño porque nos llevamos como la mierda misma. Le encantaba molestarme y yo siempre le daba mil patadas en respuestas.

Miré la hora en mi celular, eran casi las ocho de la noche y el último rayo de sol se escondió en el horizonte. 

—Nos vemos mañana —le dije como si fuera mi único amigo y entré a la casa.

Mamá ya no estaba, al parecer se había ido a su habitación y yo me quedaba solo de nuevo. No quería ir al cuarto. No quería preguntas ni más pendejadas de Eli. Pero aún así fui y entré sin saludar. Y como era de esperarse, pendejadas de Eli.

—Oye, Kiseop, ¿por qué no vienes aquí y me chupas la polla? —lo ignoré. AJ me miraba al parecer. En otra ocasión le hubiera respondido pero no hoy cuando ya estoy al límite. Ni siquiera me defendió. Tomé mi reproductor de música y me fuí al baño. 

Llené la bañera de agua tibia y eché un poco de burbujas. Me encantaban y eso me hacía volver a los tiempos de pequeños, cuando AJ y yo hacíamos lo mismo y jugabamos a tirarnos agua hasta cuando mamá entraba y nos regañaba a los dos. Nosotros nos reíamos para burlarnos. Éramos felices...

Me sumergí un poco en el agua hasta un poco abajo de las narices, mientras escuchaba música con los audífonos. Estuve un tiempo así y no lo soporté más. Me sumergí por completo y con ello, mis recuerdos. Recuerdos bellos y hermosos junto a mi AJ, cuando todo era normal y nos queríamos por lo que somos: hermanos. Él lo sigue haciendo pero yo... parecía el malo y enfermo mental de la película.

Cuando se me acabó el aire de los pulmones, emergí. Desearía estar siempre así pero los dedos se me volverían de abuelitos, me reí por mi ocurrencia. Dejé que el agua se fuera por el drenaje, mientras terminaba de ducharme. Quitándome todo: recuerdos, dolor, frustración, todo... En cuanto me sequé, me vestí, pensando en que los chicos estarían en el cuarto, pero no. Seguramente habían salido, como siempre.

Aprovechando el momento, me puse mi pijama, estaba cansado e inconscientemente me fui acostar a la cama matrimonial como si lo hubiera extrañado y así era. Acaricié el lado de AJ, deseando que estuviera ahí  y no de fiestas y tragos, de nuevo. 

En mi soledad, me quedé dormido en un profundo sueño en el cual dejé escapar una lágrima por no ser correspondido por mi amado hermano Jaeseop.


En la madrugada, escuché que alguien me llamaba. Suponía que era el sueño que me traicionaba porque era la voz de AJ.

—Seoppie...

—¿Mmhh?

—¿Estás enojado conmigo? —preguntó el AJ de mis sueños.

—Claro que no. Yo te quiero —obviamente en mis sueños, podía quererlo y amarlo. Mi hermano era correspondido. Me amaba, me quería, yo era el único para él.

—¿En serio? —esa voz la escuché muy cerca, demasiado cerca y el AJ de mis sueños, no estaba cerca. Me pareció extraño.

Como en reacción ante el hecho raro para mí, desperté. Me olvidé que me había quedado dormido en la cama de nosotros y AJ estaba acostado a mi lado. Me iba acariciar el rostro y retrocedí asustado.

—¡Lo siento! —salí de la cama y corrí al sofá.

—Seoppie, ¿qué pasa? —me escondí en mis frías sábanas improvisadas. No le respondí pero él siguó hablando —. Vamos Kiseop, esta es nuestra cama, no tenías porque salir de aquí —él tenía razón, era nuestra cama, pero desde que se acostó con esa dos chicas, no quería dormir ahí. Y si lo hice esta vez, fue porque extrañaba a mi AJ.

—Lo siento... —fue lo único que dije.

—Ven aquí —me lo dijo casi autoritario pero no lo era —. ¿Qué te parece si conversamos?

—Hoy no, lo siento.

—¿Puedes dejar de decir lo siento? ¿Por qué te disculpas?

—Sólo... —no quería conversar, hasta su voz lastimosa llegaba a una parte de mi corazón y con eso, las ganas de llorar —. Hablemos otro día, ¿sí? —pero me puse a sollozar, la segunda vez del día.

—¿Estás llorando? —¿era muy notorio? —. Kiseop —sentí su mano apoyarse en mi hombro por encima de las sábanas. Sollocé más con su toque —, ¿estás llorando por mi culpa? —había acertado, pero no me atrevía a culparlo de nada.

—Nada es tu culpa. Es simplemente mía —agarré mi almohada y la abracé como si ella fuera mi consuelo.

—Maldición, es mi culpa —dijo afirmándose a sí mismo.

—Sólo ve a dormir. Hablamos mañana —quería finalizar con la tortura por esta noche.

—Ven a dormir conmigo.

—No.

—¿Por favor? —¿me estaba pidiendo por favor que durmiera con él? Eso me descolocó. La única vez que me había pedido por favor tan suplicante fue cuando le siguiera su jueguito de niño lujuria.

—No, menos en esa cama.

—Entonces si fue mi culpa —suspiró resignado —. Lo siento, no te quería ofender, no en nuestra cama... —y empezó a llorar. Él también lloraba. Yo me sentía mal, él se sentía mal y lo sentíamos en el corazón.

—Por favor, no llores —hablé y casi sentía que se me iba la voz —. Por favor...

—Perdóname.

—¿Qué no entiendes? —me levanté un poco furioso. ¿Por qué no entendía que no era su culpa? Me hubiera importado poco si se hubiera acostado con cuantas chicas quisiera en nuestra cama, pero es mi culpa porque amándolo como lo hacía ahora, apenas trayendo a dos, me dolía —. ¡No es tu culpa, joder! —nos miramos a los ojos.

Nuestros ojos casi parecidos, nuestros labios casi parecidos sólo que los suyos eran más atractivos y deseables. Tomé su rostro y tenía unos deseos de besarlo pero no me lo podía permitir, me acerqué a sus ojos y besé sus párpados y el comienzo de una de sus lágrimas.

—Deberías perdonarme a mí, por sentir lo que estoy sintiendo ahora —le sonreí para que se tranquilizara al menos. Besé su frente y por último dije —. Ve a dormir. Mañana hay clases y muchas pruebas que dar. Después hablamos —y me dí la vuelta, con la agonía en el corazón de ver de nuevo a mi hermano dormir solo, otra vez.

Pasó una semana y nos veíamos todos los días pero no pasaba del "buenos días" y "buenas noches". Mamá nos notaba extraños, ni siquiera conversábamos a la hora de cenar y a la hora de dormir. Yo me iba al sofá como siempre y él seguía durmiendo en nuestra cama matrimonial.

*     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *      *     *     *

—Maldito viejo —refunfuñé al llegar a casa.

Era el primero en llegar. Mamá todavía estaría en el trabajo y mi hermano, bueno, él estaría en alguna organización para una fiesta y así poder follar a cuanta chica se le cruzara en el camino, por lo cual me di la total libertad en casa y me duché para que se me calmara el dolor del cuerpo.

El viejo de mierda, entrenador de taekwondo, nos exigió demás. Ya se las vería conmigo en una futura broma.

Las seis de la tarde. Mamá no llegaría hasta después de las nueve y AJ, en la madrugada quizás. Así que decidí acostarme primero y lo hice en mi antigua cama. No era porque lo extrañara, simplemente tenía ganas de estirarme, expandir mi cuerpo sobre esta. 

Después de unos minutos, me puse a componer una canción, o lo que parecía ser una canción. Lo había llamado "Obsession". Era algo que describía gran parte de lo que sentía y quizás, de lo que AJ podría sentir. Almenos así me hacia creer en los sueños.

Cuando supe que estaría bien la letra. Fui al piano que había en la habitación y comencé a producir alguna melodía en la misma, un ritmo que llevaba metida en la cabeza y que nunca me atreví a tocar. Y a cada oración de la canción fue tomando forma, me gustó el ritmo. Sería un lento. Un hermoso y bello lento.

De pronto, me asustó cuando alguien abrió la puerta. Esperaba que fuera mi madre, pero no, era AJ. Dejé de tocar el piano y guardé las partituras y letras en mi cuaderno. Luego me levanté, como pude, y me dirigí al estante.

—¿Qué te pasa? —preguntó un poco preocupado por mi raro caminar.

—Nada, sólo que el maldito entrenador nos exprimió hasta la última gota de sudor. Me duele el cuerpo pero ya se me quitará.

—¿Tomaste una ducha fría?

—Claro, ya lo sé, genio —me reí ante lo que ya sabía. Me estiré para dejar mi cuaderno en el estante pero AJ me detuvo.

—Espera, yo lo hago.

—No, yo puedo...

—Que yo lo hago —dijo un poco enfadado.

—Pero...

—Nada de peros, déjame a mí.

—Pero si yo...

—Déjalo ya, ¿quieres? Es mejor que te acuestes.

—Está bien —era raro que fuera tan autoritario. Si antes lo hacía, era en tono tierno, pero ahora era totalmente diferente. 

Y como mandó, me acosté en el sofá, emitiendo quejas por el dolor de cuerpo.

—Es raro que llegaras temprano. ¿No fuiste con Eli a una fiesta?

—No tenía ganas.

—Ya sé, te hacía falta tu hermano para ir, ¿cierto? —y aunque me dolía admitirlo, era verdad.

—No, no hacías falta —eso me dolió más. Yo trataba de alivianar el ambiente pero él se empeñaba en arruinarlo.

—Ok, ok. Dejo el tema —dije por último y me acosté boca abajo.

Escuché a AJ salir y entrar por la puerta y luego a la cama. Ya ha pasado un mes y medio que no me acostaba en ella. Me sentía mal de nuevo. AJ comenzó a hablar, interrumpiendo mis pensamientos.

—¿Te puedo contar algo? —quebró el silencio.

—Claro, para eso son los hermanos —claro, era una maldición para mí.

—Es que... me gusta alguien —el segundo puñal en un día. ¿Cuándo llegaría el último y final?

—¿En serio? Que bien por tí, hermanito —tenía que sonar animado.

—Pero no sé si yo le gusto y... quizás esa persona no sea correspondida. ¿Sí entiendes?

—Claro que entiendo —claro que te entiendo, así es como me siento por tí —. ¿Y qué harás?

—Conversar hoy mismo.

—¿Se juntarán esta noche?

—Sí, algo así.

—Me alegro por tí entonces —traté de sonar lo más positivo para que se sintiera apoyado. Como hermano mayor, siempre tenía que escuchar lo que mi pequeño hermano tenía que contar y eso costó que mi corazón se rompiera en pedazos —. Felicitaciones, por adelantado. Te irá bien.

—¿Cómo lo sabes?

—Eres todo lo que una persona querría tener, lo has demostrado con creces —y no mentía.

—Uhmm... Gracias.

—De nada. Buenas noches, hermanito —no quería hablar más. Sabía que en cualquier momento comenzaría a llorar.

—Buenas noches, Kiseop... —y es entonces cuando sentí que nuestra relación de hermanos, amigos de la vida, había llegado a su fin. Ahora él no prestaría atención a su hermano, a mí, sino a su pareja.

Ese era el tercer puñal que llegó a mi corazón, pero que ya estaba roto con el segundo...

*     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *      *     *     *

Estaba soñando, pues veía a mi AJ corriendo feliz y yo sonreía y reía por lo bobo y gracioso que podía ser. Me encantaba su carita de gato y lo mejor, es que yo le encantaba a él. Somos felices aquí. Nos queríamos y nadie nos separaría, yo lo sabía. 

De pronto, él se acercó a mí y...

—¿De verdad me quieres? —preguntó, mientras me abrazaba de la cintura.

—Ajá.

—¿Te puedo dar un beso? —siempre me daba besos aquí, sin pedírmelo. ¿Por qué preguntaba ahora?

—Ya te dije que podías besarme lo que quisieras, AJ —y se acercó. Sentí sus gustosos y casi gruesos labios, los que tanto había deseado, los que tanto me robaban las chicas del instituto. Me encantaban y movía su lengua de una forma que me hacía estremecer y sobre todo, hacerlo parecer real. Se separó un instante y me miró a los ojos, yo sólo podía sonreírle.

—¿Me amas?

—Desde que tengo memoria, siempre te he amado, gatito.

—¿Gatito?

—Siempre te lo digo. ¿Has perdido la memoria o algo parecido?

—No, sólo bromeaba contigo —y me acarició el rostro. También lo sentí tan real, que quería que nunca acabara.

—¿Y tú me amas? —esta vez quería saberlo antes de que se acabara el sueño. Siempre que llegaba a esa parte, se cortaba. Esperé la respuesta ansioso.

—Claro, desde que tengo memoria, siempre te he amado, Seoppie —eso me sacó más de una sonrisa.

—2Seop, que lindo suena —me ruboricé por lo cursi que podía ser en ese momento.

—Es hermoso —y me besó de nuevo. Un beso tan carnal, tan húmedo, tan fogoso que quedé encantado pero se me hacía raro que lo sentiera demasiado real. Todo era tan real.

Tuve un mal presentimiento, otra vez, y desperté de golpe. Ahí estaba AJ, nuestros labios unidos y de reacción salté de tal impresión que del sofá caí de espaldas directo al suelo.

—¡Auch! Eso duele, eso duele —y como pude, me levanté nuevamente.

—Eres un tontito —se reía el muy desgraciado.

—¿Tontito? No deberías hablar tan relajado. ¿Qué haces tú acá? —le reclamé.

—Es que quería dormir contigo.

—Es una tonta excusa.

—Una excusa que resultó ser lo que esperaba —me sonrió ladino.

—¿A... qué te refieres? —sentí calor en mis mejillas. No podía ser que escuchara lo que estaba hablando en sueños.

—Te gusto, Seoppie.

—Eso es mentira.

—Me nombraste.

—Pues será otro AJ.

—Sabes que hay muy pocos AJ en el país, yo pienso que nulos, y no creo que tengas amigos llamados AJ porque los conozco a todos.

—¿Puedes dejar de jugar a estas horas de la noche?

—No estoy jugando.

—Aish... Está bien —milagrosamente me dolía muy poco el cuerpo y no me di cuenta por el golpe en la espalda. Gracias a la ducha fría. ¡Bien!

Cuando estaba por salir de la habitación, AJ me abrazó por la cintura e intenté soltarme sin mucho éxito. Me tiró, mas bien me lanzó, sobre la cama matrimonial.

—¡¿Qué haces?! —estaba enojado y más por su actitud.

—Shh... Baja la voz. Vamos a conversar... ahora.

—No, ahora no. Si quieres después —y traté de levantarme, pero puso su mano izquierda en mi pecho, eso me estremeció el cuerpo e intentaba no ruborizarme por tal roce superficial.

—Lo mismo me dijiste hace una semana. Siempre estás evitándome y eso no me gusta.

—¿Y crees que a mí me gusta? ¡Eres un imbécil! —levanté una mano y de una bofetada volteé su rostro, recordando que me había besado —. Y más encima, me besaste. ¡Soy tu hermano, joder! —le grité y yo tenía que ser el fuerte y la razón por los dos. 

Me gustó su beso, no puedo mentir, lo había deseado tanto y lo conseguí pero no quería que las cosas se salieran de control de un momento a otro y que por mi culpa, salgamos perdiendo él y yo.

—Tú me amas —dirigió su mirada hacia mí y sonrió triste.

—Te amo como hermano, no te confundas.

—No, tú me amas de otra forma, más que hermanos, como un chico cualquiera y eso... —se detuvo un momento —... me gusta —aseguró muy confiado en sus palabras.

—Eres retorcido —pero si supiera que yo estaba tan retorcido como él, retorcidamente enamorado de él.

—Yo también te amo, Seoppie. No como hermano, sino como el chico que he estado esperando que fuera para mí.

¿Cómo?

—AJ —no me lo podía creer —, tú... no estás pensando bien las cosas —y eso me quedó por decir. El corazón palpitaba de manera desconocida para mí con sólo saber que también me amaba, pero... aunque no lo crean, me sentía inseguro. AJ intentó acercar su mano derecha a mi rostro —. No lo hagas —no se detuvo y yo tampoco quería alejarme, malditos deseos de sentir su tan añorado toque —. Por favor... —lo sentí, no hizo caso a mi petición. 

Acarició mi mejilla izquierda y yo me apoyé en su mano, cerrando los ojos, sintiendo lo suave y casi áspero de su tacto. Lo extrañaba y eso me hizo a llorar. Cuando decidí abrir mis ojos, él también lo estaba, quizás tan emocionado como yo, tan adolorido como yo. Extrañaba nuestros tactos, sentía lo mismo por mí. Esto parecía un maldito castigo del infierno.

—¿Puedo besarte? —pidió.

—No, AJ —negué con la cabeza.

—¿Por favor? —pero ahi estaba ese por favor y su acercamiento sin consentir primero —. Sólo uno.

¿Que debía responder? Yo también lo quería y deseaba. Mi razón decía que no. Mi corazón decía que lo hiciera y cayera en descontrol tanto como él en estos momentos.

—Está bien —esta vez, elegí al corazón.

La razón me haría lamentar después.

Retiró su mano de mi pecho y sentí un calor más grande, el de su cuerpo. Inconscientemente, le di más espacio abriendo mis piernas, sin importarme el roce revestido de nuestros miembros. Tomó mi rostro con ambas manos y se acercó a mis labios. Su hálito llegó como un suspiro y a mi sistema de lo ansiadamente esperado. Miró mis ojos y los cerró al unir nuestros labios y pensé que ahí iba a quedar todo, un simple roce. Pero no. Después quería otro beso y más demandante. No me pude negar, se sentía demasiado bien. ¿Cómo sentiría él mis labios? Nos separamos un momento por aire.

—Era besarme, no comerme, idiota —pero me encantó, para qué negarlo.

—Lo siento —por un momento parecía tímido o quizás inexperto ante su hermano. Ahora no era su hermano, era un simple chico.

—Tranquilo —suspiré.

Conectamos nuestras miradas nuevamente. Nos estábamos hablando a través de los ojos. Yo pensé muchas cosas en ese momento. Pero, ¿qué pensaría él de mí? ¿Qué haríamos después de esto? Era la pregunta que venía a mi cabeza. Y no me refería a lo sexual, más bien con lo que sentíamos.

—Me pregunto qué piensas, AJ —hablé primero.

—En muchas cosas pero no te diré lo principal —sonrió ladino.

¿Qué era lo principal? Me quedé con la duda.

Ante su nuevo acercamiento a mis labios, se me estremeció el cuerpo y se aceleró mi corazón. No era por el posible beso que me daría, era porque al mover sus caderas, sentí demasiado su peso sobre mi miembro, tanto como para sentir la de él. Gemí y me miró asombrado, simplemente no pude evitarlo. Y le gustó al desgraciado porque lo volvía a hacer y yo intentaba no gemir en cada movimiento, pero me era imposible. Sentía su miembro crecer al igual que el mío.

—Ahhh... Maldición. AJ...

Él siguió con sus movimientos y no quise detenerlo, me volvía loco ese roce. Pero quería más y lo supo. Llevó sus manos a mis caderas y mi cuerpo reaccionó con otro gemido. Su tacto me estremeció todas las puntas que pudiera tener mi cuerpo. Subió y subió hasta quitarme la camiseta que usaba como pijama. Quedó expuesto mi torso desnudo y parecía admirarlo más. Yo estaba inconforme, quería que estuvieramos en iguales condiciones y también tomé la suya y se lo saqué, admirando sus abdominales trabajados mientras el proceso se acababa, tirando nuestras camisas al suelo.

—Eres perfecto —escuché su murmullo y sentí mis mejillas explotar. Ser perfecto para él era lo que quería. AJ estaba cumpliendo todos mis deseos y sólo en un día. Me sentía feliz.

Al pasar de los minutos, nos encontrábamos totalmente desnudos. No es que no nos hubieramos visto antes pero ahora era totalmente diferente, en otras condiciones, más especial y deseables. Vi como chupó sus dedos, mojándolos, y los dirigió a mi estrecha entrada. Ya sabía lo que venía y me dejé llevar por el contacto de sus largos dígitos entrar y salir, una y otra vez. Supo que estaba listo cuando ya no presionaba alrededor de sus dedos en mi interior. Yo estaba totalmente relajado y esperando mi otro momento deseado, el sexo. ¿Pero esta vez será sólo sexo o será como hacer el amor? No lo conocía y me dejé llevar por el sentimiento que esto me provocaría. Introdujo su miembro lentamente en mi interior y yo emitía uno que otro quejido.

—¿Estás bien? —me preguntó. Claro que lo estaba, pero no finalizaba su intrusión.

—Sí. Sigue... —Sigue y hazme tuyo.

Con obediencia siguió hasta que estuvo totalmente dentro. Era embriagadora esa sensación que me completaba con sólo tenerlo para mí. No para esas chicas. Este era mi momento especial.

Movió lentamente sus caderas y en cada embestida parecía ir al cielo. Se recostó encima mío y con ello, presionando mi miembro con sus duros abdominales. Me estaba llevando a la luna. Con tanto movimiento y tanta excitación en nuestros cuerpos, sabíamos que llegaríamos al clímax, más antes de lo pensado.

¿Frustración? Ninguna. Estábamos disfrutando del momento que era corto pero intenso. Me besó, ahogando los gemidos que iban subiendo de tono con cada embestida, con cada roce. Llevé mis manos a su nuca, tenía que apoyarme en él. Nos miramos a los ojos, perdiéndonos en los mismos y yo pedía que fuera más rápido. Me había leído la mente y aumentó, sintiendo como su pelvis golpeaba contra mis muslos, aumentando la adrenalina en nuestros cuerpos. Ya estábamos cerca. Demasiado cerca...

Tan cerca que sentí su semilla en mi interior y la mía por nuestros torsos, y es ahí cuando me hizo ver las estrellas.

Fue intenso, fue perfecto, fue completo, fue especial, fue nuestra primera vez, mi primera vez con mi hermano Jaeseop.

—Te amo, ángel —dijo agitado con su cabeza reposada en mi pecho, escuchando el desenfrenado latido de mi corazón. ¿Ahora sería su ángel? El AJ de mi sueños nunca me lo dijo. Éste AJ sí y fue real. Me emocioné.

—Yo también te amo, gatito.

Nuestra primera vez, no siendo la última. Sólo debíamos de admitir que no podía ser algo público. Sería... la ruina para los dos. Críticas de alto calibre por doquier y si seguíamos, la única manera en que lo veía, era... amándonos en secreto.

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