mayo 2016

28 mayo 2016

Libertad de Amarnos ღ Capítulo Único


Han pasado un par de meses y nuestra relación ha ido... bien. Lo hemos ocultado bastante y todo parece normal entre la gente que nos rodea: nuestra madre y el instituto.

Cuando mi madre vio que nuestra relación de hermanos había mejorado después de esos grandes impaces, era la más feliz del mundo. Pero el hecho de mantener en secreto lo que había pasado, y sigue pasando, me deja un poco intranquilo. No así para mi hermano que se lo toma de lo más natural y eso me frustra un poco porque sigue pensando como un pequeño niño... como en éste momento en específico.

Ahora caminamos por lo pasillos del instituto y mientras él me abraza de los hombros, muy meloso me susurra al oído que quiere tener sexo en los baños: su fantasía después de algunos días.

No encuentro nada de meloso esto pero para él, lo es.

—AJ, ¿puedes dejar de decir estupideces? —le murmuro.

—Bueno, ¿es que no puedo tener fantasías contigo en cualquier lugar donde mi imaginación vuela?

Paré en seco y dije entre dientes —. Hermanito —recalqué serio —, estamos en el instituto.

Él observó a su alrededor como todos los chicos y chicas nos miraban espectantes. Seguíamos siendo populares, aunque más AJ por su "proeza" de acostarse con dos en casa —lo cual me sigue molestando—. Sin embargo, no le parecía importar lo que dijeran. Eso me fastidiaba y se lo hice saber un millón de veces.

AJ alzó ambos hombros —. Ellos piensan que es una conversación cariñosa entre hermanos.

—Es que no lo entiendes. Antes caminábamos uno al lado del otro, sin abrazos ni nada. Estás siendo, además de cariñoso, muy evidente.

—Entonces qué quieres, ¿que vuelva a las andanzas? —dejó de abrazarme y su mirada caló en los míos mostrándome furia en ellos.

—Eso benificiaría a tu estatus de popular —dije en medio broma pero él no parecía tomárselo del mismo modo.

—Estás bromeando.

—Piénsalo. Tú eres el que más cuida su imagen aquí porque yo ya pasé a ser el romántico y pendejo de los dos.

—No puedes estar hablando en serio —replicó atónito.

—Así no pensarán que eres homosexual.

—Kiseop, ¿crees que eso me importa?

—Debería.

—Contigo no se puede hablar. Me voy —enrrumbó hacia su clase con las manos en los bolsillos.

—Adiós, hermanito —grité por lo alto.

Evidentemente, las personas cercanas que intentaron escuchar nuestra conversación, afirmaban un posible quiebre en la relación de populares. Quizá no están tan equivocados. Y es que con esa broma, también quería tomar distancia entre los dos.

Me alegro de no tener la misma edad y topar en las mismas clases. Me adentré a la mía y me senté bruscamente en el asiento.

—Hey, cuidado —cauteló mi amigo.

Y aunque nadie lo podría creer, tengo un amigo real dentro de todo este show.

—¿Qué pasa ahora?

Nuestro ojos toparon y se comunicaron sin interrupciones. Él era bastante perceptivo y sabía lo que podría o no pasarme.

—Tu hermano, ¿verdad?

—Debo confesar que a pesar de que nos conocemos poco, me conoces mucho.

Rió —. Piensas que eres un enigma pero, en realidad, eres tan fácil de leer. ¿Por qué fue?

—Por una cosa estúpida —hice una mueca.

—¿Acaso te quiere en la cama?

Esa pregunta muy inocente de su parte, punzó mi estómago brotando unos nervios que ni mi cara podía controlar porque se me notaba el impacto de la misma. Mi corazón latió desesperado, me sudaban las manos y sentí la gota correr por mi frente.

—¿Kiseop? —me tocó el hombro —. Oye, que estoy bromeando.

—Por supuesto —y a pesar de ser una, no podía estar ahí.

Soohyun era perceptivo y creo que lo era demasiado.

—Profesora, ¿puedo salir? Me siento mal.

—Pero si acabamos de empezar.

—Por favor —supliqué y dio resultado.

—Está bien. Asegúrate de ir a la enfermería.

—Lo haré —me fui sin darle explicaciones a mi amigo pero ya hablaríamos.

Me decidí por ir al baño para refrescar mi rostro. De seguro con eso me relajaría.

Me impresiona lo que Soohyun dice porque puede no saber lo que pasa y con cada cosa que habla, acertando inconscientemente, me pone aún más nervioso.

—Maldición... —golpeé el lavamanos.

—¿Por qué maldices?

Escuché esa voz conocida a mi espalda. ¿Cómo puede haber tanta coincidencia ahora, cuando antes nunca lo hubo? Pues él parecía adivinarlo todo también.

—Ah, tú.

—¿Ah, tú? Que manera de recibir a tu hermano.

—No estoy para escuchar tus chistes, AJ.

—¿Qué pasa? —calmó su voz.

—Me siento mal... Creo que volveré temprano a casa.

—Quieres que te lleve —preguntó asustado y me agarró de la cintura.

—Me sé el camino de vuelta —alejé sus manos —. No debería tener estos acercamientos aquí.

—Estamos solos.

—Pero aún estamos en el instituto.

—Siempre andas preocupado de que nos vean —refunfuñó.

Lo miré furioso desde el espejo —. Es obvio. Nos pueden descubrir.

—A mí no me...

—A tí no te importa pero al que juzgarán es a mí.

Seguíamos observándonos a través del espejo y en su rostro se notaba la furia contenida.

—Tienes razón —afirmó descontento —. ¿Tu ingeniosa idea sigue en pie?

Abrí mis ojos enormemente. No pensé que lo que dije se lo tomaría tan mal y... quería detenerlo pero la tortura de seguir con esto no me dejaría tranquilo, y prefería dejarlo ir para estar bien conmigo... aunque me doliera.

—Si es lo que quieres —bajé la mirada y abrí el grifo para mojar más mi rostro.

—Lo haré —dijo sin titubear —. Y lo haré porque tú me lo pides —escuché sus pasos hasta cerrar la puerta.

¿Qué tipo de infierno era éste? El sentimiento del dolor a no ser correspondido era muchísimo menor al de sentir que te dejan y me destrozó. No creo ser exagerado pero me dolía horrores y esto, aunque no lo quería, lo veía venir.

Es así como durante unas semanas no llegamos juntos al colegio y, en vez de estar con él en los pasillos, me reunía con Soohyun en la entrada, trayecto del día y salida, y sabía que era por la supuesta discusión de hermanos.

Soohyun estaba equivocado y lo agradecía.

Reconocía el hecho de que somos hermanos, que somos de sangre y que lo pasado era más que un capricho de ambos.

Jaeseop salía temprano de casa y las veces que nos encontrábamos, era con una chica en sus brazos. Lo miraba de reojo y simulaba no sentir nada, lo que era todo lo contrario. En casa volvimos a lo de antes: él durmiendo en la cama matrimonial y yo en el sofá.

Era viernes y finalmente un relajo después de tanto ajetreo, y lo será en las próximas semanas ya que me graduaré.

—¡Mamá!

—¡Aquí, hijo! —como siempre, ella se encontraba en la cocina.

—Mamá, he sacado nota máxima en tres pruebas —sonreí como Huasón.

—¡Eso es excelente!

—Felicitaciones —escuché el sarcasmo de AJ mientras aplaudía.

No hablamos por semanas y ahora quiere fastidiarme. De seguro.

—Gracias —y, por supuesto, yo no iba a ser irrespetuoso —. Bueno, iré a ducharme y ver si puedo tomar una pequeña siesta.

—¿Estás enfermo, hijo? —mi madre se acercó y me inspeccionó.

—No, sólo me duele un poco la cabeza. Ya sabe, lo exprimí mucho por hoy.

Ella rió —. Así es. Mereces un descanso —y me dejó ir no sin antes darme un beso en la frente.

Pasé por el lado de AJ sin siquiera mirarle, ni decir una palabra, porque no se lo merecía. Desde el momento en que me enteré de sus nuevas andanzas, me decepcionó. Pero es lo que me busqué.

Recogí un poco de mis cosas, incluyendo mi Ipod, para relajarme en la bañera. Ese era mi momento especial y único. También recurrí a mirar al horizonte como lo hacía antes: son mis métodos de meditación.

Y uno de ellos fue interrumpido por AJ al golpear la puerta.

—Qué quieres.

—¿Podemos hablar?

Rodé los ojos. ¿Acaso me estaba tomando el pelo? ¿Acaso no puedo tomar mis momentos con tranquilidad?

—¿Tiene que ser ahora?

—Es aquí o lo es en la habitación. Tú decides.

Ay, no. La habitación era lo bastante grande como para querer perseguirme y hacerme suyo en... ¡Idiota! Que cosas pienso.

—Está bien —me levanto y seco parte de mi cuerpo. Fui a abrir la puerta y ahí se encontraba viéndome con unos enormes ojos —. Pasa —dije y le di la espalda para reincorporarme a la bañera nuevamente.

Tiene que haber sido una gran impresión el hecho de que lo haya recibido completamente desnudo, olvidándome de que estaba nuestra madre. Más tarde me regaño por eso.

AJ seguía parado ahí y con los ojos posando sobre mí.

—Entra y cierra la puerta —él asintió —. No pretendas timidez cuando me has visto desnudo muchas veces.

—¿Y qué pasa con el hecho de que han pasado semanas sin... tocarte?

—Eso no es tema —corté —. ¿De qué quieres hablar?

—Es sobre lo que has visto y oído en el instituto.

—Soy ciego y sordo ante eso. No me interesa.

—¿Debo recordarte que tú lo sugeriste?

—Sí y me alegro tanto de que me hicieras caso —dije irónico —. Que obediente de tu parte: hacerle caso al hermano mayor, fíjate.

Soltó un aire pesado —. No te entiendo, Kiseop.

—Por supuesto que no. Lo bueno de todo esto es que me hizo comprender y replantearme de que esto era simplemente un capricho y, por qué no decirlo, un experimento para tí —quiso hablar pero lo detuve —. Si lo fue, debo decirte que eres una excelente persona de sentimientos. Tienes unos labios y lengua enloquecedores y tus caricias me hicieron estremecer y querer más, sabes explorar cada rincón del cuerpo y eres un semental de primera —lo miré de reojo —. Lo tienes todo, Jaeseop. No tendrás problemas futuros.

—No sé que pensar al respecto —dijo anonadado.

—Agradécemelo. Fui el primer hombre en tu vida sexual y de confianza, por lo que puedes confiar en mi opinión.

—Piensas mucho en tí, pero no en mí.

—Claramente. ¿Sabes por qué? Porque al momento de estar contigo traicioné la razón: esa que me decía que tuviera decencia, respeto por la sangre, y dejé guiarme por el corazón: débil, inocente e ingenuo. Y fue una decisión que me tortura cada día aunque haya disfrutado contigo cada noche y sólo por nuestra madre, AJ.

Lástima es lo que sentía por mi hermano porque no sufrió tanto como yo y menos tomaba conciencia del asunto.

—Pero no te preocupes, me queda poco para salir del instituto. Lo que resultará un alivio para tí porque pienso mudarme.

Después de tomar un gran respiro, de haberme desahogado de estas palabras, volví a mirar a Jaeseop con los ojos aguados y tragándose sus sollozos por el... ¿dolor? Pero era la verdad y la verdad realmente duele.

—Ahora vete —dije por último.

Él salió del baño sin rechistar y muy demacrado... aunque no tanto como yo.

Me tomé unos minutos más en el baño y en vez de relajarme, me dejó gusto a poco por la interrupción.

Cuando regresé a la habitación, él estaba acostado bocabajo en su cama. Yo fui directo al sofá y escuché un sollozo medio fuerte. No podía creer que esto pasaría en serio: verlo llorar más que cuando se disculpó por ultrajar nuestra cama matrimonial, eso me destrozaba a pesar de ser el malo de la película. Así que me dirigí hasta la orilla de la cama y posé mi mano en su espalda.

—No llores, por favor.

—¿Acaso el hombre no puede llorar?

—No seas tonto, yo también lo hice y no es malo.

—Esa vez te dolía porque pensaste que no eras correspondido y fue todo lo contrario. Sin embargo, ahora te quieres ir y dejarme solo —volvió a sollozar.

—No lo veas de ese modo —froté su espalda —. Míralo por el lado positivo de que encontraré un trabajo bueno y podré ayudar a ambos. Sobre todo para tu último año y por si quieres ir a la universidad, también te ayudaré.

—Te irás —recalcó.

—El rubro no está por estos lares y tendré que mudarme para estar cerca el trabajo. Viajar desde aquí es mucho ajetreo y sería más cansador para mí.

No escuché palabras de él y pensé que estaba durmiendo, así que esperé unos minutos más y me levanté despacio para no despertarlo.

—No te vayas —me agarró de la muñeca.

—Es mejor dormir para calmar las emociones, hermano.

—No me gusta que me digas hermano.

—Eso es lo que somos.

—Me importa un carajo.

Tiró de mi y me acercó a él. Me abrazó tan fuerte como si con esto me convencería de quedarme y no dejarme ir. Yo pienso que es ahora cuando comprende cuanto me destrozaba sus arrebatos bruscos y que dolía por dentro.

Me recordaba el momento en el que al abrazarlo le decía que todo estaba bien y que no me importaba que haya tenido sexo en nuestra cama matrimonial. Pero esto no estaba así de bien... También lo abracé y entregué de mi, todo mi amor por él aunque somos correspondidos de mala manera.

—Te quiero, Jaeseop.

—Eso me duele.

—¿Por qué?

—Porque antes me amabas.

Suspiré —. Ahora es distinto.

Con mi cabeza apoyada en su pecho, escuchaba los frenéticos latidos de su corazón: en él oía el miedo... ¿Que si traiciono la razón una vez más para hacer una última vez lo que ambos queremos? Su cuerpo y el mío se llamaban entre sí y era tan notorio en este momento.

—Mírame, AJ —y tan obediente como siempre, lo hizo.

Lo besé levemente pero él me agarró y era tan intenso, desesperado, necesitado como la primera vez. Me tragué las ganas de decirle: Era besarme, no comerme, idiota. Qué más daba. Lo abracé del cuello y me aferré tanto a él como para fundirnos y volver a ser uno.

*     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *      *     *     *

Han pasado las últimas dos semanas desde ese encuentro. Un encuentro que no tuvo sólo una vez, sino muchas más y sin descanso. Donde Jaeseop idolatraba mi cuerpo como si fuera una escultura perfecta entre sus manos, donde fue explorando cada parte de mi cuerpo y consiguió que cada una mis sensaciones estuvieran al máximo.

Dios, como iba a extrañar ese momento donde nos olvidamos del mundo, sobre todo de nuestra madre. Ni siquiera quise pensar en si nos habrá escuchado, porque además de hacer el amor, fue sexo duro e intenso.

Bueno... las cosas estaban hechas y de seguro me iré al infierno con esto.

Me encuentro en el baño, arreglándome para mi graduación. Estoy nervioso y el estómago se me encoge de la ansiedad. Tengo que respirar, me repito varias veces, porque tengo que preocuparme de la graduación y del discurso. Sí, un discurso que por unánime, se decidió que representara a la generación de éste año.

—Mamá, ya me voy —ella se encontraba haciendo el desayuno.

—Espera, hijo.

—Tengo que llegar temprano.

—Sólo será un momento, lo prometo.

—Está bien.

Los dos nos sentamos en la mesa del comedor, suspiré y me preparé para el típico discurso de madre/padre a hijo/a egresado.

—Kiseop, hoy serás el estudiante de tu generación con mejores calificaciones de la clase. Me alegra muchísimo que hayas terminado con grandes honores y espero, y así pienso que será, que lo sigas haciendo para con tus trabajos.

—Mamá...

—Déjame terminar. Esto es importante —impresionado por su actitud, me quedé callado nuevamente —. Así como tu futuro trabajo, también espero que tu vida sentimental no tenga problemas.

—Simplemente no he encontrado la persona ideal...

—A eso es lo que voy —carraspeó un poco —. He descubierto que... mis dos hijos son homosexuales.

Se me heló la sangre en el instante que escuché eso. ¿Cómo podría saber eso? ¿En qué momento? El mundo de los hijos perfectos de la madre, debe estar derrumbándose a sus pies y nos está arrastrando con culpa y aún más de mi.

—¿Qué? Mamá, está pensando cosas que no...

—Aún no termino.

—Pero mamá...

—Que me dejes hablar —alzó la voz.

La miré asustado —. Okey —nunca la había visto en ese estado. Tenía lágrimas desbordando de sus ojos y eso me apenaba y destrozaba.

—En un principio me desconcertó. No lo fue tanto cuando los acostumbré a dormir juntos desde pequeños y eso conllevó a que vivieran más unidos, que se quisieran y... demasiado —nos miramos directamente a los ojos —. Lo sé, hijo.

Reí sarcástico —. Mamá, ¿se le safó el tornillo?

—Por supuesto que no —tomó mi mano —. No me preocupa, ¿sabes por qué? —negué con la cabeza —. Porque Jaeseop y tú, no son hermanos, querido.

Ahora, más que helarme la sangre, me congelé. ¿Por qué decirme esto? ¿Por qué?

—Ésta es una culpa que llevo por años. Yo encontraba que no era momento de decirles y te lo digo a tí porque eres mayor y más comprensivo que Jaeseop, que es impulsivo y niñato de mente.

—¿Y qué quiere que le diga?

—No me digas nada. Lo importante es que lo sé todo y más que enojada, estoy tranquila de que hayas quedado en buenas manos. Ahora ven aquí —me levantó de la silla y me abrazó fuertemente. Era uno del que me daba consuelo y me libraba del que creía era un pecado —. Aunque Jae tenga las características que nombré y otras malas, él es un buen chico y se nota el cariño que tiene por tí.

—Gracias, mamá —pero aún me quedaba una duda —. ¿Quién es hijo tuyo?

—Jaeseop —por dentro me apenaba el hecho no ser sangre de ésta mujer hermosa y de buenos ánimos, pero quedaba más que claro que yo comprendería mejor la situación que AJ —. Yo soy tu madre porque soy la que te crié y te vi crecer, ¿entiendes?

—Por supuesto, mamá. Te quiero tanto —ahí la abracé más que nunca y lloré. Ella me decía que llorara todo lo que tenía que llorar porque después de eso venía la sanación y lo nuevo en mi vida. 

—Ya, hijo, que no es la despedida.

Reí —. Sí, lo sé. Lo siento —secó mis lágrimas con su típico pañuelo —. ¿Quién le contará de esto?

—No sé... La verdad que no quiero decirle nada hasta que salga del instituto.

—¿Me dejarías explicárselo?

—¿Podrás?

—Confie en mí —le sonreí —. Entonces, ¿puedo irme?

—Ahora sí, nosotros iremos después. Al mediodía, ¿verdad? —afirmé.

Una parte de mi alma estaba dolida por la noticia pero sin duda estaba más tranquila y en paz. Sólo me quedaba conversar con AJ y creo que será difícil porque no hemos vuelto a hablar desde entonces.

La mañana transcurrió normal. Las clases se organizaban para una entrada y salida limpia, mientras que yo, por el título de popular, memorizaba partes de mi discurso.

En fin, ya era hora y todos nos ubicamos: los egresados adelante, los profesores y demás personas que conformaban la institución en el medio y en la parte trasera, los familiares.

Después de unas presentaciones y discurso del director, venía mi turno. Respiré profundamente y, frente al podio, comencé con el discurso. Hablé de cosas concisas de algunos profesores y rector; de mi amigo Soohyun y de los que conocí a lo largo de mi aventura hasta la graduación.

—Para finalizar, me gustaría agradecer a mi madre por su comprensión, su confianza, su apoyo y decirle que... con sus palabras me ha aclarado una cosa importante y me ha aliviado los pesares que traigo conmigo desde hace meses —la busco a la distancia y nos sonreímos —. También agradecer a la persona que me ha acompañado hasta el día de hoy y que le falta un año para conseguir su cometido. Ese es Jaeseop. Te quiero mucho, hermano. Gracias a todos.

Con aplausos volví a mi asiento y me alegré de haberlo hecho bien. Ahora se venía lo último y me sentiría libre.

—¡Aleluya, hermanos! —gritó feliz Soohyun cuando terminó el evento.

—Me avergüenzas —bromeé.

—Hay que disfrutar de nuestra libertad.

—La que se termina en dos meses porque toca trabajar.

—Ay, no me lo recuerdes. Será peor, lo sé, pero quiero descansar y viajar por lo menos.

Rodé los ojos —. Bueno, como ya tienes tus panoramas, yo tengo las mías y las comenzaré desde ahora. Nos vemos después.

—Así será —nos dimos el tipíco saludo de manos y se fue junto a su familia.

A mí me costó encontrarlos unos diez minutos.

—¡Hijo, felicitaciones! —ella me apretujó que casi sentí ahogarme.

—Mamá, gracias —le dije al oído —. Si hago algo, ¿no te va a incomodar? —me alejó de ella para darme un beso en la frente y negó con la cabeza.

—Los dejo, voy a saludar a unos conocidos.

Cuando la vi perderse entre la gente, tomé valor y como AJ no quería iniciar conversación, comenzaría yo.

—Entonces...

—Felicidades —dijo y sonrió.

Hice lo mismo pero estaba inquieto —. Gracias —solté un aire pesado y volví a respirar —. ¿Sabes? Agradezco los momentos y creo que a tu lado fueron los mejores.

—Pienso lo mismo, sólo que se interpuso el hecho de que somos hermanos —hizo una mueca.

—¿Qué pasaría si... eso no fuera cierto? —observé detenidamente su reacción y cuando me miró... Dios mío, es como si con sólo su mirada me desnudara y volvía a sentir el cosquilleo de poder hacer algo.

—Te agarraría y te besaría sin importar nuestro alrededor.

—Hazlo.

—¿Qué? —lo dejé boquiabierta.

—Hazlo —dije nuevamente.

—Está mamá aquí, todas estas personas y...

—A mí no me importa —lo agarré de la nuca y le planté un beso con el cual no podía dudar. Se aferró a mi cuerpo y yo al de él.

No me imagino la cara de poema que tenían todos los que nos conocían. No eran mi problema, yo me fijaba solamente en AJ.

—Qué es esto. ¿Una clase de rebeldía? —me susurró sobre los labios.

—Llévame a casa —exigí y él sonrió.

Camino a casa, le conté el error que cometí al haberle pedido tal estupidez y como me sentía en ese proceso. Él, de igual manera, se sinceró conmigo y admitió no haberse acostado con ninguna chica y le creí totalmente. También hablamos de lo que me había contado mi madre y quedó tan atónito como yo. A pesar de eso, él estaba feliz.

—Así que podemos hacer todas las cosas que queramos —decía mientras me lamía el cuello y nos quitábamos la ropa encaminándonos a la habitación.

—No todas, porque mamá puede escuchar —desabroché la camisa perfecta que amoldeaba su cuerpo.

—Ahora estamos solos. Todo lo que yo quiera.

—Está bien —como quería complacer cada una de sus fantasías, lo llevé directo al baño, cerrando la puerta tras nosotros —. Sé que no es el instituto pero por aquí podemos empezar —reí juguetón y nos adentramos en la bañera. Dejé correr el agua de la ducha y mi vista se deleitó con su cuerpo mojado.

—Creo que estabas esperando esto —me acercó a él —, ¿pero no crees que es muy peligroso?

—Podemos hacerlo —lo besé —. Podemos arrodillarnos.

—Claro. Por supuesto —rodó los ojos.

Unos cuantos besos, unas cuantas caricias y ya tomamos nuestros ritmos. Él deseaba agarrarme, sostenerme entero, y yo quería que así fuera. Entregándome por completo a su lengua que recorría mi cuello y mi torso electrificándome el cuerpo, me dejé llevar por esa sensación de calor agradable que me incitaba a pedir más de él.

Nos arrodillamos y Jaeseop me preparaba para el siguiente paso que me desesperaba. No demores tanto, le dije y él sonreía malvadamente porque sabía de mi impaciencia. Sentí sus dedos revolotear en mi interior y yo mismo movía las caderas ante el deseo de estar completo.

—Apúrate.

—Tranquilo, mi ángel.

Desesperado por tanta tardanza, por fin pude sentir su miembro tocar mi entrada y en mi interior. ¿Qué más podía pedir? Esto es lo que el destino quiso para mí: tener a mi lado a alguien que complementara conmigo. Una pieza justa de mi puzzle de vida.

Dejé de pensar, olvidé lo que es el cansancio, mi cuerpo se volvió sensitivo y activo: quería sentir más a AJ. Más rápido, más profundo, errático pero que cuando pasaron los minutos, se volvió lento, tranquilo, relajado e intentando disfrutarlo por más tiempo en vez de acortarlo. De algo bruto a algo más cariñoso, a algo más conocido... algo más de pareja y eso me encanta.

—Jae... —supliqué.

—Sí, estoy listo.

Nuevamente volvió a sus estocadas enterrándose tan dentro de mí que con unas más, mi cuerpo y yo gritamos del éxtasis en ese instante; sintiendo como AJ lograba lo mismo, sintiendo el calor de su esencia.

Pienso que con él, todos estos momentos serán parecidas a la primera vez. A distinto modo a pesar de que nuestros cuerpos se conocen.

No me aburriría de esto.

Agitados y bañados en sudor y agua, nos sentamos frente a frente en la bañera.

—Te amo —habló él primero.

—Yo te amo más —y era la verdad y estaba permitido.

De repente, alguien golpeó la puerta bruscamente. Esa persona debe ser...

—¿Mamá? —ambos gritamos espantados.

Decir que nuestras caras era del todo chistosa cuando salimos del baño mientras mamá nos regañaba, tironeó nuestras orejas como cuando éramos pequeños. Eso, en vez de asustarme, me hizo sonreír al recordar aquellas palabras de que seguía siendo su hijo a pesar de todo.

Y Jaeseop... Bueno, Jaeseop se fue castigado a la habitación, pero en la noche tendríamos nuestro momento para estar juntos y más que nada, nuestra libertad de amarnos.

Libertad de Amarnos [U-KISS][2Seop]


Título: Libertad de Amarnos. ║ Autora: MKiSS.
Extensión: One-shot. ║ Categoría: Slash. ║ Clasificación: NC-17
Género: Romance, Angustia.
Advertencias: Lemon.
Grupo: U-KISS. ║ Pareja principal: 2Seop (Kiseop y Jaeseop [AJ]).
Diseño de Portada: MKiSS.
Total de palabras: 4,273.

Secuela de Amándonos en Secreto.


Disclaimer: Las personas nombradas se pertenecen a sí mismo, como a la agencia. Historia ficticia, no tiene nada que ver con la realidad. Si se parece en algo en la vida real o algún otro fic, es mera coincidencia. Sin ánimos de lucro.

Nota de la Autora: Creo que muchas hubieran querido leer una conclusión sobre ésta historia (estoy siendo muy "experta" en el tema de los finales que dejan con gusto a continuación xD). Por eso les he escrito esto para ustedes y que gusten de un nuevo shot 2Seop. Y, para las que no me entiendan el proceso del shot, tendrán que leer el primero que es "Amándonos en Secreto".

Sin decir más que lo disfruten y todas los comentarios serán bien recibido ^^.


Amándonos en Secreto ღ Capítulo Único


Este era uno de esos días en el que me ponía a pensar el por qué llegó en mí la decisión a quererlo... No, a amarlo tanto cuando somos hermanos de sangre. Yo mayor que él por un año. Enamorado de mi hermano pequeño, el pequeño AJ.

Me parece un castigo. Así siempre lo he creído hasta ahora. Lo he vivido tantas veces y con él. De hecho, todas las veces que invitaba a chicas, para poder acostarse con ellas, hacía prevalecer la pregunta en mi cabeza:  ¿Por qué lo quería? Porque es mi hermano pequeño. Pero... ¿por qué lo amaba? No lo entendía. ¿Y por qué me involucré en esto? Se preguntarán. Sólo para no sentirlo lejos de mí.

Nosotros somos muy famosos en el instituto. Mi atractivo, al igual que el de mi hermano, volvían locas a las chicas. Como los chicos populares que éramos, teníamos fans por montones. Siempre las saludábamos y estas enloquecían como si fueramos artistas conocidos mundialmente. Entre él y yo, AJ era el más mujeriego y casanova. Él las conquistaba con su actitud altanera y de sabelotodo. Mientras que yo, era más romántico y me gustaba todo a la antigüa, aunque eso mi hermano lo encontraba totalmente cursi y más para un chico que era admirado por muchos, o sea, como yo.

Como todo hermano que se le dispara las hormonas, AJ terminaba acostándose con cualquier chica que se le insinuaba en alguna fiesta hecha por Eli. Los dos eran iguales: fiesteros, egocéntricos, hormonales... putos, diría yo. Pero me guardo ese último pensamiento sólo para mi hermano. En cambio, sí creía que Eli era el puto más grande del mundo: el máximo.

Para mi mala suerte, siempre acompañé a AJ en cada una de sus travesías sexuales. Las chicas se nos acercaban como moscas por el dulce más apetecible del lugar, nosotros. Y cuando mi hermano me miraba, lo sabía, había capturado a sus presas. Yo sólo podía sonreírle, él era feliz así. Yo... también... si es que me sonreía.

Pero todo cambió cuando comencé a pensar en él más que a un hermano, como un hombre. Un hombre atractivo, tierno cuando estamos juntos, gracioso que me hace reír de sus bobadas. Dormíamos en una misma cama... matrimonial. ¿Curioso? Para nosotros no, era de lo más común y no es que nos molestara. Era cómodo y siempre nos acurrucábamos para abrigarnos del frío. Lo hacíamos desde pequeños y no era mal visto por nuestra madre, por lo cual no nos preocupábamos. Me gustaba tomarle las manos y entrelazar nuestros dedos como si fueramos novios. Y eso era lo único que deseaba, sólo que... es mi hermano.

Un día fueron dos chicas a la casa. Supuestamente para una encuesta escolar y claro, mi madre las dejó pasar. Ellas no sabían nuestra dirección, si es que AJ no lo encontraba conveniente o no le interesaba la chica en particular. Esta vez era diferente. Le interesaba las chicas y era la primera vez que llegaban aquí.

En ese entonces ellas me miraron con ojos de lujuria y ya sabía a que venían: a tener sexo. Yo sólo tenía que seguir el juego y les sonreí. Me dirigí al dormitorio para encontrar a AJ jugando a la PlayStation.

—Hermano...

—¿Dime? —paró el juego y me miró. Es tan hermoso.

—Llegaron.

—¿Quiénes llegaron? —se hacía el tonto. Era un maldito a veces.

—Llegaron las chicas —le sonreí. No quería que viera mi debilidad, nunca se lo demostraba.

—Bien —saltó de la cama, apagó el juego y comenzó a arreglarse —. ¿Cómo me veo? —me preguntó. Yo quería decirle tantas cosas pero solo me quedó decir:

—Te ves bien —y sonreí nuevamente, no muy feliz por lo que se venía. Él sentía que algo no andaba bien y se acercó, me acarició la mejilla y me miró.

—¿Estás bien? ¿Pasa algo? —preguntó preocupado y yo me sentía morir con esa simple caricia.

Antes nos tocábamos mucho, en juegos bruscos y cosas así. Pero hace más de un mes que no había contacto directo, desde que pensé en él como un hombre, y dormía en el sofá, dejándolo solo en la enorme cama. AJ se extrañó por mi actitud pero me sentía incómodo a su lado. Mi corazón latía frenéticamente cuando me tocaba o besaba la frente poniendo mis mejillas en un color carmesí muy notorio. Él lo notaba, lo sé.

—Estoy bien —aparté la mano de mi mejilla y salí del cuarto con AJ siguiéndome por detrás.

Llegamos a la entrada, todavía estaban sentadas en el sofá de la sala. Sólo me quedó suspirar y sonreírles para seguirle el juego a mi hermanito. Él era el semental aquí. 

Las invitamos a la habitación y cuando entramos, miré nuestra cama en como sería ultrajada por primera vez... y quizás cuántas más, dependiendo de AJ.

Todos los encuentros que él tenía eran en fiestas, casas de amigos, y siempre con dos. Supuestamente una para él y otra para mí. Pero no terminaba por acostarme con ninguna y él hacía el resto del trabajo, sin molestarse porque era lo que quería. Sexo.

—Pasen —AJ habló primero, sacándome de la ensoñación y volvíendo al mundo real.

—Muy bella la habitación —dijo una de las chicas. Ella tenía el pelo negro corto y usaba una minifalda de color rosado que casí se le veía el trasero y una blusa un poco escotada. ¿Un poco? Diría que mucho y definitivamente a esa es a la que atacaría primero mi hermano. La otra era rubia, el pelo más largo y usaba jeans y una blusa que no dejaba mucho que ver. Inocente suponía yo, pero quién sabe cuando mi hermano le pusiera las manos encima.

—Gracias, chicas —agradecí a las dos, aunque la rubia no habló. Ni siquiera sabía sus nombres, suponía que AJ sí. 

Ellas se ruborizaron cuando les dirigí la palabra y las miré. Si supieran que conmigo no iban a tener oportunidad para nada. Ah... Con sólo pensar en mi cama, esas chicas, mi hermano encima de ellas, ya me devastaba con ello. El famoso siempre era AJ, yo siempre que podía quedaba al margen lo que más pudiera.

Nos hayábamos sentados en la cama. Después de una que otra conversa y de jugar un poco alguno que otro juego, mi hermanito había entrado en acción con la de la minifalda. Ya sabía. Mientras que yo seguía jugando en la PlayStation a uno de pelea y eso me distraía para no verlo. De reojo lo hice y vi como besaba a la chica. Me gustaría estar en ese lugar ahora. Como la tocaba, como se miraban a los ojos y expulsaban esa lujuría casi contenida, me hubiera gustado sentir eso. No quería ver más, así que tristemente miré a lo que estaba jugando nuevamente sin tomar en cuenta a la rubia.

La rubia se veía asustada. Ni que la fueran a comer los lobos. ¿Debería temer? Claro, por AJ, no por mí.

De repente, sentí una mano recorrer mi pierna y me puse tenso. No me lo esperaba, la chica rubia estaba tomando la iniciativa y eso me dio un poco de susto. La miré y sus ojos estaban sedientos de sexo. Maldición. ¿Qué hacer en un caso como éste? ¡No lo sabía! Nunca me había pasado que junto a mi hermano tendría que hacer lo mismo... y nunca me esperé que pasaría. 

Ella se acercaba lentamente a mi rostro y yo temiendo lo que venía, me levanté ofuscado mirando a la rubia y luego a mi hermano que me decía con la mirada: ¿Qué estás haciendo? Mientras la chica que tenía en sus brazos gemía de placer por unos cuantos besos y fricciones.

Lo miré enojado, simplemente me disculpé con la chica y me retiré del lugar.

Lo odiaba en ese momento. Tenía unas tremendas ganas de gritar, desahogarme. Todos sus benditos juegos cumplidos gracias a mí. Siempre teniendo a dos de un tirón en las fiestas, en el piso o en la mesa o lo que sea que encontrara porque ni yo veía sus actos. ¿Acaso quería que ahora fuera la excepción? Maldito idiota.

Mi madre me vio salir pero no dijo nada. Me quedé afuera, solo, en un banquito personal que habíamos puesto cuando nos mudamos a esta casa y que tenía vista al mar. Era hermoso, era relajante y me angustiaba a la vez. Me preguntaba el por qué mi hermano, el por qué no conocí a una chica o... un chico, me daba igual. Odiaba aparentar que nada pasaba cuando pasaba de todo. Lo amaba, maldición. ¿Por qué AJ? ¿Por qué tú? Te amo tanto y no puedo evitarlo, demonios.

Las lágrimas corrían por mis mejillas y con ellas el poco maquillaje que me había aplicado. Sollozaba y de momentos gritaba de la rabia. Me dolía todo lo que pasaba durante el último mes y no es hasta ahora cuando exploté. Si mi hermano se enojaba, no me importaba. Ahora lo quería lejos de mí. No quería que me tocara, no quería que se preocupara por mí. No quería nada...

En eso escucho que la puerta se abre y agaché la mirada. El cabello me cubría el rostro. Las chicas salían muy  contentas. Desgraciadas. Les hizo el favor a las dos, bien por él. 

Después que se fueron, AJ intentó acercarse pero justo lo detuvo su amigo puto, Eli. Ni siquiera me saludó, lo cual no me pareció extraño porque nos llevamos como la mierda misma. Le encantaba molestarme y yo siempre le daba mil patadas en respuestas.

Miré la hora en mi celular, eran casi las ocho de la noche y el último rayo de sol se escondió en el horizonte. 

—Nos vemos mañana —le dije como si fuera mi único amigo y entré a la casa.

Mamá ya no estaba, al parecer se había ido a su habitación y yo me quedaba solo de nuevo. No quería ir al cuarto. No quería preguntas ni más pendejadas de Eli. Pero aún así fui y entré sin saludar. Y como era de esperarse, pendejadas de Eli.

—Oye, Kiseop, ¿por qué no vienes aquí y me chupas la polla? —lo ignoré. AJ me miraba al parecer. En otra ocasión le hubiera respondido pero no hoy cuando ya estoy al límite. Ni siquiera me defendió. Tomé mi reproductor de música y me fuí al baño. 

Llené la bañera de agua tibia y eché un poco de burbujas. Me encantaban y eso me hacía volver a los tiempos de pequeños, cuando AJ y yo hacíamos lo mismo y jugabamos a tirarnos agua hasta cuando mamá entraba y nos regañaba a los dos. Nosotros nos reíamos para burlarnos. Éramos felices...

Me sumergí un poco en el agua hasta un poco abajo de las narices, mientras escuchaba música con los audífonos. Estuve un tiempo así y no lo soporté más. Me sumergí por completo y con ello, mis recuerdos. Recuerdos bellos y hermosos junto a mi AJ, cuando todo era normal y nos queríamos por lo que somos: hermanos. Él lo sigue haciendo pero yo... parecía el malo y enfermo mental de la película.

Cuando se me acabó el aire de los pulmones, emergí. Desearía estar siempre así pero los dedos se me volverían de abuelitos, me reí por mi ocurrencia. Dejé que el agua se fuera por el drenaje, mientras terminaba de ducharme. Quitándome todo: recuerdos, dolor, frustración, todo... En cuanto me sequé, me vestí, pensando en que los chicos estarían en el cuarto, pero no. Seguramente habían salido, como siempre.

Aprovechando el momento, me puse mi pijama, estaba cansado e inconscientemente me fui acostar a la cama matrimonial como si lo hubiera extrañado y así era. Acaricié el lado de AJ, deseando que estuviera ahí  y no de fiestas y tragos, de nuevo. 

En mi soledad, me quedé dormido en un profundo sueño en el cual dejé escapar una lágrima por no ser correspondido por mi amado hermano Jaeseop.


En la madrugada, escuché que alguien me llamaba. Suponía que era el sueño que me traicionaba porque era la voz de AJ.

—Seoppie...

—¿Mmhh?

—¿Estás enojado conmigo? —preguntó el AJ de mis sueños.

—Claro que no. Yo te quiero —obviamente en mis sueños, podía quererlo y amarlo. Mi hermano era correspondido. Me amaba, me quería, yo era el único para él.

—¿En serio? —esa voz la escuché muy cerca, demasiado cerca y el AJ de mis sueños, no estaba cerca. Me pareció extraño.

Como en reacción ante el hecho raro para mí, desperté. Me olvidé que me había quedado dormido en la cama de nosotros y AJ estaba acostado a mi lado. Me iba acariciar el rostro y retrocedí asustado.

—¡Lo siento! —salí de la cama y corrí al sofá.

—Seoppie, ¿qué pasa? —me escondí en mis frías sábanas improvisadas. No le respondí pero él siguó hablando —. Vamos Kiseop, esta es nuestra cama, no tenías porque salir de aquí —él tenía razón, era nuestra cama, pero desde que se acostó con esa dos chicas, no quería dormir ahí. Y si lo hice esta vez, fue porque extrañaba a mi AJ.

—Lo siento... —fue lo único que dije.

—Ven aquí —me lo dijo casi autoritario pero no lo era —. ¿Qué te parece si conversamos?

—Hoy no, lo siento.

—¿Puedes dejar de decir lo siento? ¿Por qué te disculpas?

—Sólo... —no quería conversar, hasta su voz lastimosa llegaba a una parte de mi corazón y con eso, las ganas de llorar —. Hablemos otro día, ¿sí? —pero me puse a sollozar, la segunda vez del día.

—¿Estás llorando? —¿era muy notorio? —. Kiseop —sentí su mano apoyarse en mi hombro por encima de las sábanas. Sollocé más con su toque —, ¿estás llorando por mi culpa? —había acertado, pero no me atrevía a culparlo de nada.

—Nada es tu culpa. Es simplemente mía —agarré mi almohada y la abracé como si ella fuera mi consuelo.

—Maldición, es mi culpa —dijo afirmándose a sí mismo.

—Sólo ve a dormir. Hablamos mañana —quería finalizar con la tortura por esta noche.

—Ven a dormir conmigo.

—No.

—¿Por favor? —¿me estaba pidiendo por favor que durmiera con él? Eso me descolocó. La única vez que me había pedido por favor tan suplicante fue cuando le siguiera su jueguito de niño lujuria.

—No, menos en esa cama.

—Entonces si fue mi culpa —suspiró resignado —. Lo siento, no te quería ofender, no en nuestra cama... —y empezó a llorar. Él también lloraba. Yo me sentía mal, él se sentía mal y lo sentíamos en el corazón.

—Por favor, no llores —hablé y casi sentía que se me iba la voz —. Por favor...

—Perdóname.

—¿Qué no entiendes? —me levanté un poco furioso. ¿Por qué no entendía que no era su culpa? Me hubiera importado poco si se hubiera acostado con cuantas chicas quisiera en nuestra cama, pero es mi culpa porque amándolo como lo hacía ahora, apenas trayendo a dos, me dolía —. ¡No es tu culpa, joder! —nos miramos a los ojos.

Nuestros ojos casi parecidos, nuestros labios casi parecidos sólo que los suyos eran más atractivos y deseables. Tomé su rostro y tenía unos deseos de besarlo pero no me lo podía permitir, me acerqué a sus ojos y besé sus párpados y el comienzo de una de sus lágrimas.

—Deberías perdonarme a mí, por sentir lo que estoy sintiendo ahora —le sonreí para que se tranquilizara al menos. Besé su frente y por último dije —. Ve a dormir. Mañana hay clases y muchas pruebas que dar. Después hablamos —y me dí la vuelta, con la agonía en el corazón de ver de nuevo a mi hermano dormir solo, otra vez.

Pasó una semana y nos veíamos todos los días pero no pasaba del "buenos días" y "buenas noches". Mamá nos notaba extraños, ni siquiera conversábamos a la hora de cenar y a la hora de dormir. Yo me iba al sofá como siempre y él seguía durmiendo en nuestra cama matrimonial.

*     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *      *     *     *

—Maldito viejo —refunfuñé al llegar a casa.

Era el primero en llegar. Mamá todavía estaría en el trabajo y mi hermano, bueno, él estaría en alguna organización para una fiesta y así poder follar a cuanta chica se le cruzara en el camino, por lo cual me di la total libertad en casa y me duché para que se me calmara el dolor del cuerpo.

El viejo de mierda, entrenador de taekwondo, nos exigió demás. Ya se las vería conmigo en una futura broma.

Las seis de la tarde. Mamá no llegaría hasta después de las nueve y AJ, en la madrugada quizás. Así que decidí acostarme primero y lo hice en mi antigua cama. No era porque lo extrañara, simplemente tenía ganas de estirarme, expandir mi cuerpo sobre esta. 

Después de unos minutos, me puse a componer una canción, o lo que parecía ser una canción. Lo había llamado "Obsession". Era algo que describía gran parte de lo que sentía y quizás, de lo que AJ podría sentir. Almenos así me hacia creer en los sueños.

Cuando supe que estaría bien la letra. Fui al piano que había en la habitación y comencé a producir alguna melodía en la misma, un ritmo que llevaba metida en la cabeza y que nunca me atreví a tocar. Y a cada oración de la canción fue tomando forma, me gustó el ritmo. Sería un lento. Un hermoso y bello lento.

De pronto, me asustó cuando alguien abrió la puerta. Esperaba que fuera mi madre, pero no, era AJ. Dejé de tocar el piano y guardé las partituras y letras en mi cuaderno. Luego me levanté, como pude, y me dirigí al estante.

—¿Qué te pasa? —preguntó un poco preocupado por mi raro caminar.

—Nada, sólo que el maldito entrenador nos exprimió hasta la última gota de sudor. Me duele el cuerpo pero ya se me quitará.

—¿Tomaste una ducha fría?

—Claro, ya lo sé, genio —me reí ante lo que ya sabía. Me estiré para dejar mi cuaderno en el estante pero AJ me detuvo.

—Espera, yo lo hago.

—No, yo puedo...

—Que yo lo hago —dijo un poco enfadado.

—Pero...

—Nada de peros, déjame a mí.

—Pero si yo...

—Déjalo ya, ¿quieres? Es mejor que te acuestes.

—Está bien —era raro que fuera tan autoritario. Si antes lo hacía, era en tono tierno, pero ahora era totalmente diferente. 

Y como mandó, me acosté en el sofá, emitiendo quejas por el dolor de cuerpo.

—Es raro que llegaras temprano. ¿No fuiste con Eli a una fiesta?

—No tenía ganas.

—Ya sé, te hacía falta tu hermano para ir, ¿cierto? —y aunque me dolía admitirlo, era verdad.

—No, no hacías falta —eso me dolió más. Yo trataba de alivianar el ambiente pero él se empeñaba en arruinarlo.

—Ok, ok. Dejo el tema —dije por último y me acosté boca abajo.

Escuché a AJ salir y entrar por la puerta y luego a la cama. Ya ha pasado un mes y medio que no me acostaba en ella. Me sentía mal de nuevo. AJ comenzó a hablar, interrumpiendo mis pensamientos.

—¿Te puedo contar algo? —quebró el silencio.

—Claro, para eso son los hermanos —claro, era una maldición para mí.

—Es que... me gusta alguien —el segundo puñal en un día. ¿Cuándo llegaría el último y final?

—¿En serio? Que bien por tí, hermanito —tenía que sonar animado.

—Pero no sé si yo le gusto y... quizás esa persona no sea correspondida. ¿Sí entiendes?

—Claro que entiendo —claro que te entiendo, así es como me siento por tí —. ¿Y qué harás?

—Conversar hoy mismo.

—¿Se juntarán esta noche?

—Sí, algo así.

—Me alegro por tí entonces —traté de sonar lo más positivo para que se sintiera apoyado. Como hermano mayor, siempre tenía que escuchar lo que mi pequeño hermano tenía que contar y eso costó que mi corazón se rompiera en pedazos —. Felicitaciones, por adelantado. Te irá bien.

—¿Cómo lo sabes?

—Eres todo lo que una persona querría tener, lo has demostrado con creces —y no mentía.

—Uhmm... Gracias.

—De nada. Buenas noches, hermanito —no quería hablar más. Sabía que en cualquier momento comenzaría a llorar.

—Buenas noches, Kiseop... —y es entonces cuando sentí que nuestra relación de hermanos, amigos de la vida, había llegado a su fin. Ahora él no prestaría atención a su hermano, a mí, sino a su pareja.

Ese era el tercer puñal que llegó a mi corazón, pero que ya estaba roto con el segundo...

*     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *     *      *     *     *

Estaba soñando, pues veía a mi AJ corriendo feliz y yo sonreía y reía por lo bobo y gracioso que podía ser. Me encantaba su carita de gato y lo mejor, es que yo le encantaba a él. Somos felices aquí. Nos queríamos y nadie nos separaría, yo lo sabía. 

De pronto, él se acercó a mí y...

—¿De verdad me quieres? —preguntó, mientras me abrazaba de la cintura.

—Ajá.

—¿Te puedo dar un beso? —siempre me daba besos aquí, sin pedírmelo. ¿Por qué preguntaba ahora?

—Ya te dije que podías besarme lo que quisieras, AJ —y se acercó. Sentí sus gustosos y casi gruesos labios, los que tanto había deseado, los que tanto me robaban las chicas del instituto. Me encantaban y movía su lengua de una forma que me hacía estremecer y sobre todo, hacerlo parecer real. Se separó un instante y me miró a los ojos, yo sólo podía sonreírle.

—¿Me amas?

—Desde que tengo memoria, siempre te he amado, gatito.

—¿Gatito?

—Siempre te lo digo. ¿Has perdido la memoria o algo parecido?

—No, sólo bromeaba contigo —y me acarició el rostro. También lo sentí tan real, que quería que nunca acabara.

—¿Y tú me amas? —esta vez quería saberlo antes de que se acabara el sueño. Siempre que llegaba a esa parte, se cortaba. Esperé la respuesta ansioso.

—Claro, desde que tengo memoria, siempre te he amado, Seoppie —eso me sacó más de una sonrisa.

—2Seop, que lindo suena —me ruboricé por lo cursi que podía ser en ese momento.

—Es hermoso —y me besó de nuevo. Un beso tan carnal, tan húmedo, tan fogoso que quedé encantado pero se me hacía raro que lo sentiera demasiado real. Todo era tan real.

Tuve un mal presentimiento, otra vez, y desperté de golpe. Ahí estaba AJ, nuestros labios unidos y de reacción salté de tal impresión que del sofá caí de espaldas directo al suelo.

—¡Auch! Eso duele, eso duele —y como pude, me levanté nuevamente.

—Eres un tontito —se reía el muy desgraciado.

—¿Tontito? No deberías hablar tan relajado. ¿Qué haces tú acá? —le reclamé.

—Es que quería dormir contigo.

—Es una tonta excusa.

—Una excusa que resultó ser lo que esperaba —me sonrió ladino.

—¿A... qué te refieres? —sentí calor en mis mejillas. No podía ser que escuchara lo que estaba hablando en sueños.

—Te gusto, Seoppie.

—Eso es mentira.

—Me nombraste.

—Pues será otro AJ.

—Sabes que hay muy pocos AJ en el país, yo pienso que nulos, y no creo que tengas amigos llamados AJ porque los conozco a todos.

—¿Puedes dejar de jugar a estas horas de la noche?

—No estoy jugando.

—Aish... Está bien —milagrosamente me dolía muy poco el cuerpo y no me di cuenta por el golpe en la espalda. Gracias a la ducha fría. ¡Bien!

Cuando estaba por salir de la habitación, AJ me abrazó por la cintura e intenté soltarme sin mucho éxito. Me tiró, mas bien me lanzó, sobre la cama matrimonial.

—¡¿Qué haces?! —estaba enojado y más por su actitud.

—Shh... Baja la voz. Vamos a conversar... ahora.

—No, ahora no. Si quieres después —y traté de levantarme, pero puso su mano izquierda en mi pecho, eso me estremeció el cuerpo e intentaba no ruborizarme por tal roce superficial.

—Lo mismo me dijiste hace una semana. Siempre estás evitándome y eso no me gusta.

—¿Y crees que a mí me gusta? ¡Eres un imbécil! —levanté una mano y de una bofetada volteé su rostro, recordando que me había besado —. Y más encima, me besaste. ¡Soy tu hermano, joder! —le grité y yo tenía que ser el fuerte y la razón por los dos. 

Me gustó su beso, no puedo mentir, lo había deseado tanto y lo conseguí pero no quería que las cosas se salieran de control de un momento a otro y que por mi culpa, salgamos perdiendo él y yo.

—Tú me amas —dirigió su mirada hacia mí y sonrió triste.

—Te amo como hermano, no te confundas.

—No, tú me amas de otra forma, más que hermanos, como un chico cualquiera y eso... —se detuvo un momento —... me gusta —aseguró muy confiado en sus palabras.

—Eres retorcido —pero si supiera que yo estaba tan retorcido como él, retorcidamente enamorado de él.

—Yo también te amo, Seoppie. No como hermano, sino como el chico que he estado esperando que fuera para mí.

¿Cómo?

—AJ —no me lo podía creer —, tú... no estás pensando bien las cosas —y eso me quedó por decir. El corazón palpitaba de manera desconocida para mí con sólo saber que también me amaba, pero... aunque no lo crean, me sentía inseguro. AJ intentó acercar su mano derecha a mi rostro —. No lo hagas —no se detuvo y yo tampoco quería alejarme, malditos deseos de sentir su tan añorado toque —. Por favor... —lo sentí, no hizo caso a mi petición. 

Acarició mi mejilla izquierda y yo me apoyé en su mano, cerrando los ojos, sintiendo lo suave y casi áspero de su tacto. Lo extrañaba y eso me hizo a llorar. Cuando decidí abrir mis ojos, él también lo estaba, quizás tan emocionado como yo, tan adolorido como yo. Extrañaba nuestros tactos, sentía lo mismo por mí. Esto parecía un maldito castigo del infierno.

—¿Puedo besarte? —pidió.

—No, AJ —negué con la cabeza.

—¿Por favor? —pero ahi estaba ese por favor y su acercamiento sin consentir primero —. Sólo uno.

¿Que debía responder? Yo también lo quería y deseaba. Mi razón decía que no. Mi corazón decía que lo hiciera y cayera en descontrol tanto como él en estos momentos.

—Está bien —esta vez, elegí al corazón.

La razón me haría lamentar después.

Retiró su mano de mi pecho y sentí un calor más grande, el de su cuerpo. Inconscientemente, le di más espacio abriendo mis piernas, sin importarme el roce revestido de nuestros miembros. Tomó mi rostro con ambas manos y se acercó a mis labios. Su hálito llegó como un suspiro y a mi sistema de lo ansiadamente esperado. Miró mis ojos y los cerró al unir nuestros labios y pensé que ahí iba a quedar todo, un simple roce. Pero no. Después quería otro beso y más demandante. No me pude negar, se sentía demasiado bien. ¿Cómo sentiría él mis labios? Nos separamos un momento por aire.

—Era besarme, no comerme, idiota —pero me encantó, para qué negarlo.

—Lo siento —por un momento parecía tímido o quizás inexperto ante su hermano. Ahora no era su hermano, era un simple chico.

—Tranquilo —suspiré.

Conectamos nuestras miradas nuevamente. Nos estábamos hablando a través de los ojos. Yo pensé muchas cosas en ese momento. Pero, ¿qué pensaría él de mí? ¿Qué haríamos después de esto? Era la pregunta que venía a mi cabeza. Y no me refería a lo sexual, más bien con lo que sentíamos.

—Me pregunto qué piensas, AJ —hablé primero.

—En muchas cosas pero no te diré lo principal —sonrió ladino.

¿Qué era lo principal? Me quedé con la duda.

Ante su nuevo acercamiento a mis labios, se me estremeció el cuerpo y se aceleró mi corazón. No era por el posible beso que me daría, era porque al mover sus caderas, sentí demasiado su peso sobre mi miembro, tanto como para sentir la de él. Gemí y me miró asombrado, simplemente no pude evitarlo. Y le gustó al desgraciado porque lo volvía a hacer y yo intentaba no gemir en cada movimiento, pero me era imposible. Sentía su miembro crecer al igual que el mío.

—Ahhh... Maldición. AJ...

Él siguió con sus movimientos y no quise detenerlo, me volvía loco ese roce. Pero quería más y lo supo. Llevó sus manos a mis caderas y mi cuerpo reaccionó con otro gemido. Su tacto me estremeció todas las puntas que pudiera tener mi cuerpo. Subió y subió hasta quitarme la camiseta que usaba como pijama. Quedó expuesto mi torso desnudo y parecía admirarlo más. Yo estaba inconforme, quería que estuvieramos en iguales condiciones y también tomé la suya y se lo saqué, admirando sus abdominales trabajados mientras el proceso se acababa, tirando nuestras camisas al suelo.

—Eres perfecto —escuché su murmullo y sentí mis mejillas explotar. Ser perfecto para él era lo que quería. AJ estaba cumpliendo todos mis deseos y sólo en un día. Me sentía feliz.

Al pasar de los minutos, nos encontrábamos totalmente desnudos. No es que no nos hubieramos visto antes pero ahora era totalmente diferente, en otras condiciones, más especial y deseables. Vi como chupó sus dedos, mojándolos, y los dirigió a mi estrecha entrada. Ya sabía lo que venía y me dejé llevar por el contacto de sus largos dígitos entrar y salir, una y otra vez. Supo que estaba listo cuando ya no presionaba alrededor de sus dedos en mi interior. Yo estaba totalmente relajado y esperando mi otro momento deseado, el sexo. ¿Pero esta vez será sólo sexo o será como hacer el amor? No lo conocía y me dejé llevar por el sentimiento que esto me provocaría. Introdujo su miembro lentamente en mi interior y yo emitía uno que otro quejido.

—¿Estás bien? —me preguntó. Claro que lo estaba, pero no finalizaba su intrusión.

—Sí. Sigue... —Sigue y hazme tuyo.

Con obediencia siguió hasta que estuvo totalmente dentro. Era embriagadora esa sensación que me completaba con sólo tenerlo para mí. No para esas chicas. Este era mi momento especial.

Movió lentamente sus caderas y en cada embestida parecía ir al cielo. Se recostó encima mío y con ello, presionando mi miembro con sus duros abdominales. Me estaba llevando a la luna. Con tanto movimiento y tanta excitación en nuestros cuerpos, sabíamos que llegaríamos al clímax, más antes de lo pensado.

¿Frustración? Ninguna. Estábamos disfrutando del momento que era corto pero intenso. Me besó, ahogando los gemidos que iban subiendo de tono con cada embestida, con cada roce. Llevé mis manos a su nuca, tenía que apoyarme en él. Nos miramos a los ojos, perdiéndonos en los mismos y yo pedía que fuera más rápido. Me había leído la mente y aumentó, sintiendo como su pelvis golpeaba contra mis muslos, aumentando la adrenalina en nuestros cuerpos. Ya estábamos cerca. Demasiado cerca...

Tan cerca que sentí su semilla en mi interior y la mía por nuestros torsos, y es ahí cuando me hizo ver las estrellas.

Fue intenso, fue perfecto, fue completo, fue especial, fue nuestra primera vez, mi primera vez con mi hermano Jaeseop.

—Te amo, ángel —dijo agitado con su cabeza reposada en mi pecho, escuchando el desenfrenado latido de mi corazón. ¿Ahora sería su ángel? El AJ de mi sueños nunca me lo dijo. Éste AJ sí y fue real. Me emocioné.

—Yo también te amo, gatito.

Nuestra primera vez, no siendo la última. Sólo debíamos de admitir que no podía ser algo público. Sería... la ruina para los dos. Críticas de alto calibre por doquier y si seguíamos, la única manera en que lo veía, era... amándonos en secreto.